Las tres palabras con las que Bolivia ordenó matar al Che Guevara: "Saludos a Papá"

La orden que selló el destino del Che Guevara en Bolivia se transmitió en clave y con apenas tres palabras. La decisión se tomó en La Paz, pero el desenlace se ejecutó en una escuelita de adobe. Lo que nadie esperaba era quién apretaría el gatillo.

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Las tres palabras con las que Bolivia ordenó matar al Che Guevara: "Saludos a Papá"
Las tres palabras con las que Bolivia ordenó matar al Che Guevara: "Saludos a Papá"

El 8 de octubre de 1967, el presidente boliviano René Barrientos Ortuño envió un mensaje cifrado de apenas tres palabras a los militares que custodiaban al guerrillero herido en La Higuera. Al día siguiente, Ernesto Che Guevara fue fusilado en la escuelita del pueblo. La orden había sido clara: no debía quedar con vida.

La frase "Saludos a Papá" no era un saludo familiar. Era una clave militar que significaba una sola cosa: ejecutar al prisionero. Así lo relata la investigación periodística sobre los últimos días del Che, que reconstruye cómo se tomó la decisión en La Paz y cómo se transmitió hasta el rincón más remoto de los valles bolivianos.

Un sueño que terminó en una escuela de adobe

Guevara había llegado a Bolivia en noviembre de 1966 con una identidad falsa: Adolfo Mena González, un economista uruguayo. Su objetivo era instalar un foco guerrillero que sirviera de base para extender la revolución cubana por Sudamérica. Primero se lo había confiado a Fidel Castro en 1959 y después al presidente argentino Arturo Frondizi, a quien visitó en secreto en la residencia de Olivos en agosto de 1961.

El campamento base se instaló junto al río Ñancahuazú, a unos 250 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. Allí, unos sesenta guerrilleros cubanos, bolivianos y argentinos formaron el Ejército Nacional de Liberación (ENL). Pero el proyecto nunca despegó: los campesinos locales, dueños de sus tierras, colaboraron con el ejército boliviano en lugar de sumarse a la guerrilla, y el Partido Comunista de Bolivia le retiró su apoyo formal por una disputa de poder.

Estados Unidos había desplegado en el país a sus comandos "boinas verdes" para entrenar a los Rangers bolivianos en contrainsurgencia. Cuando la inteligencia boliviana detectó la presencia del Che, la CIA envió a Félix Rodríguez, un cubano exiliado que había participado en la invasión de Bahía de Cochinos y que se consideraba enemigo personal de Castro y de Guevara.

La captura en la Quebrada del Churo

El 8 de octubre de 1967, cerca de la una y media de la tarde, el ejército boliviano cercó a un grupo de guerrilleros en la Quebrada del Churo, delatados por un campesino. En el combate murieron al menos tres irregulares. Dos hombres quedaron aislados detrás de una roca, en medio de un sembradío de papas: uno estaba herido en la pantorrilla izquierda; el otro era Simeón Willy Cuba Sanabria, "Willy", que intentó ayudarlo a escapar pero ambos fueron rodeados.

El herido se presentó a los gritos ante el sargento Bernardino Huanca: "No dispare. Soy el Che Guevara. Valgo más vivo que muerto". Se equivocaba. Minutos después, Guevara y Willy eran trasladados al destacamento del capitán Gary Prado Salmón, que avisó a sus superiores. La noticia llegó al mayor Miguel Ayoroa y de allí a Vallegrande, al coronel Joaquín Zenteno Anaya, comandante de la Octava División.

Zenteno Anaya, que usaba el nombre clave "Saturno" en sus transmisiones radiales, ordenó a Prado llevar a los muertos, los heridos y los prisioneros a La Higuera, a poco más de dos kilómetros del combate. En la escuela del pueblo, una construcción precaria de adobe con techo de paja y tejas derruidas, quedaron encerrados los guerrilleros capturados.

El interrogatorio y la orden final

Esa noche, el teniente coronel Andrés Selich interrogó al Che, que estaba tendido en el suelo de tierra, atado de pies y manos, junto a los cadáveres de dos de sus hombres. Según los apuntes de Selich citados por el biógrafo Jon Lee Anderson, Guevara le dijo: "Fracasé. Se acabó. Esa es la razón por la que me encuentro en este estado". Cuando le preguntó si era cubano o argentino, respondió: "Soy cubano, argentino, boliviano, peruano, ecuatoriano… Usted me entiende…".

A la mañana siguiente, 9 de octubre, un helicóptero aterrizó en La Higuera con Zenteno Anaya y Félix Rodríguez, que usaba el nombre de "Capitán Ramos" y vestía uniforme boliviano. La decisión de matar a Guevara ya estaba tomada en La Paz. El presidente René Barrientos Ortuño envió la orden en clave: "Saludos a Papá".

Según el relato de Rodríguez, Zenteno Anaya le sugirió que él mismo ejecutara al prisionero: "La forma en que trates a Che depende de ti. Puedes hacerlo tú mismo si quieres: sé cuánto daño hizo a tu país". Rodríguez respondió: "Coronel, haz que intenten cambiar de opinión. Si no puedes conseguir la contraorden, te doy mi palabra de que a las dos de la tarde te traeré el cadáver del Che Guevara".

Los últimos momentos

Mientras Rodríguez esperaba, oyó disparos desde la escuela. Corrió y encontró a Guevara vivo, que lo miraba desde el suelo. En la habitación contigua, un soldado boliviano con el arma humeante le dijo: "Mi capitán, quiso escapar". Sobre una pequeña mesa yacía el cuerpo de Willy. Rodríguez escribió después: "El escape era imposible: el soldado estaba cumpliendo órdenes. Los bolivianos no querían prisioneros".

Rodríguez y Guevara hablaron durante una hora y media. El Che, sorprendido por los conocimientos del agente sobre su vida, le dijo: "Tú no eres boliviano". Rodríguez respondió: "No. ¿De dónde crees que soy?". Y Guevara: "Podrías ser puertorriqueño o cubano. Y por el tipo de preguntas que hiciste, creo que trabajas para el servicio de inteligencia de Estados Unidos. ¿Cómo es tu nombre?". La respuesta fue: "Félix. Comandante. Sólo Félix".

Con una cámara Pentax, Rodríguez se hizo tomar la última foto con vida del Che. "Comandante, mire el pajarito", dijo, pero la ocurrencia no hizo sonreír a nadie.

Poco después, el maestro de la escuela le preguntó a Rodríguez cuándo le iba a disparar a Guevara. El agente se extrañó y el maestro reveló: "La radio ya dice que murió por las heridas recibidas en combate". Rodríguez volvió a enfrentar al prisionero: "Comandante, hice todo lo que estaba a mi alcance, pero las órdenes han venido del Comando Supremo Boliviano". Guevara palideció y dijo: "Es mejor así, Félix, nunca debí haber sido capturado vivo".

Antes del final, el Che pidió que le dijera a su mujer que volviera a casarse. Rodríguez recordó: "Luego nos abrazamos. Fue un momento tremendamente emotivo para mí. Ya no lo odiaba. Su momento de la verdad había llegado y se comportaba como un hombre. Enfrentaba a la muerte con coraje y gracia".

A la una de la tarde, Rodríguez salió al sol y encontró al sargento Mario Terán, el verdugo elegido por Zenteno Anaya. "Le dije que no le disparara a Che en la cara, sino desde el cuello hacia abajo. Luego subí la colina. Cuando escuché los disparos, miré mi reloj. Era la 1:10 p. m. Che estaba muerto".

Años después, Terán evocó aquel instante: "Fue el peor momento de mi vida. Vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se me echaba encima y, cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. '¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!' Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé".

El cuerpo exhibido y el misterio de las manos

Las pertenencias del Che se repartieron entre los soldados. Félix Rodríguez se quedó con su Rolex GMT Master y le entregó a Terán la pipa de madera. El cadáver fue trasladado en helicóptero a Vallegrande y exhibido en el lavadero del hospital Nuestro Señor de Malta. Allí se tomaron las célebres fotos que lo muestran con los ojos abiertos. Un médico le inyectó formaldehído para retrasar la descomposición.

La noche del 10 de octubre se hicieron dos máscaras mortuorias, se tomaron sus huellas y se amputaron sus manos. En las primeras horas del 11 de octubre, el Che fue enterrado en un lugar secreto por Selich, el mayor Mario Vargas Salinas y otro oficial. El secreto se mantuvo durante casi tres décadas.

En noviembre de 1995, el ya general Vargas Salinas admitió que los restos estaban en una fosa común. El presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada ordenó la búsqueda. En junio de 1997, un equipo de forenses argentinos y cubanos excavó en la vieja pista del aeródromo de Vallegrande. El 5 de julio se exhumaron siete cadáveres. El del Che fue identificado porque conservaba restos de su ropa verde de combate y porque era el único al que le faltaban las manos.

El 12 de julio, los restos llegaron a Cuba. Guevara fue sepultado el 17 de octubre de 1997 en Santa Clara, junto a otros veintinueve guerrilleros, en una ceremonia íntima presidida por Fidel Castro. Allí, un museo evoca su vida.

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