Las masas que prepara Doña Gladis tienen un código oculto: qué significa cada figura
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Las masas que prepara Doña Gladis tienen un código oculto: qué significa cada figura

Cada figura de las masas que amasa Doña Gladis en Cerrillos tiene un significado preciso: las letras, las escaleras y hasta los colores de las coronas responden a un código que aprendió de niña y que hoy sus hijos replican. ¿Qué representa cada una?

En Villa los Álamos, Cerrillos, hay una casa que empieza a moverse antes de que llegue noviembre. Doña Gladis, de 65 años, lleva días amasando, horneando y armando coronas para recibir a sus difuntos, una costumbre que aprendió de niña y que hoy comparte con sus hijos.

La escena no es exclusiva de ese hogar: se repite en decenas de casas salteñas donde la tradición de las ofrendas pasa de generación en generación. Pero en la casa de Gladis tiene un ritual propio, con reglas que se respetan al pie de la letra.

Una enseñanza que viene de San Antonio

Gladis creció en San Antonio, donde miraba a sus abuelos, tíos y tías armar la mesa para los difuntos. Recuerda las jornadas de horneado y la confección de coronas como parte de un aprendizaje cotidiano, sin manual ni receta escrita.

En 1978 se mudó a Cerrillos junto a su entonces esposo. Dejó atrás su pueblo, pero no las enseñanzas: con los años se las transmitió a sus hijos y nietos. Hoy sus hijas la acompañan en los preparativos y sus hijos se ocupan de las compras y de todo lo que hace falta para que la celebración se concrete cada año.

La mesa de las almas

El centro de la tradición es la mesa de ofrendas. Allí van las fotografías de los familiares fallecidos y los alimentos y productos que disfrutaban en vida: comidas, bebidas, golosinas, cigarros, coca, chicha y vino. Cada objeto tiene un sentido y forma parte de la manera en que la familia recuerda a sus seres queridos.

El idioma de las masas

Las masas de ofrenda se elaboran el 31 de octubre y cada figura comunica algo. Las letras llevan la inicial del difunto; las escaleras representan el camino por el que las almas bajan del cielo; y los animales —llamas, perros, quirquinchos— también integran la preparación, junto a las cruces y otras representaciones que completan la mesa.

Las coronas de flores son otro pilar. Se empiezan varios días antes y se hacen con dedicación para cada difunto. Gladis aprendió a confeccionarlas observando a sus tíos y primos.

Los colores tampoco se eligen al azar. Según la costumbre que conserva la familia, las coronas con tonos más alegres se destinan a las almas de quienes fallecieron hace años; las flores claras, como celeste y blanca, son para los niños; y el negro corresponde a los fallecidos recientemente.

"Ya cumplí con mis almas"

Para Gladis, preparar la ofrenda excede la costumbre. Es una forma de sostener el vínculo con quienes ya no están. "Cuando preparo siento que ya cumplí con mis almas, con enseñarles a mis hijos y nietos", dice.

También asegura que la llegada de las almas es un día muy especial para toda la familia y que le gusta acondicionar la casa para que "las almitas" puedan llegar y disfrutar.

Su mayor satisfacción es ver que sus hijos aprendieron a continuar la tradición y que las enseñanzas que les dio desde chicos empiezan a dar frutos. Su deseo es que la práctica no se pierda cuando ella ya no esté.

A quienes alguna vez hicieron esta tradición y la abandonaron por vergüenza u otros motivos, les deja un mensaje: "que vuelvan a practicarla y no la abandonen". Para ella, armar la mesa de ofrendas es una expresión de respeto y cariño hacia cada familiar difunto.

Entre recuerdos de infancia, masas, flores y preparativos compartidos, Doña Gladis mantiene viva una costumbre que atraviesa generaciones y que espera que sus hijos y nietos sigan transmitiendo.

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