Las fotos inéditas de un alemán que retrató la inauguración del Monumento y aparecieron 70 años después

Un centenar de diapositivas a color que estuvieron guardadas durante 70 años revelan cómo se vivió la inauguración del Monumento a la Bandera. ¿Quién las tomó y cómo llegaron a manos del Conicet?

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Las fotos inéditas de un alemán que retrató la inauguración del Monumento y aparecieron 70 años después
Las fotos inéditas de un alemán que retrató la inauguración del Monumento y aparecieron 70 años después

Un hallazgo familiar sacó a la luz una postal única de la historia de Rosario: las imágenes que el fotógrafo aficionado Herbert Hirschfeld tomó durante la inauguración del Monumento Nacional a la Bandera, en 1957, y que permanecieron guardadas durante casi siete décadas. Su bisnieto, Tobías Parry, decidió donar ese material al Instituto de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (Ishir) del Conicet Rosario, donde fue digitalizado y ahora integra un fondo documental de acceso público.

Las fotografías, más de un centenar de diapositivas a color, fueron pensadas para registrar el evento y no para ser publicadas en los diarios. Por eso, ofrecen una mirada distinta: juegan con los ángulos del Monumento, captan a las personas que se acercaron ese día y muestran los actos que se realizaron.

Un legado que cruzó generaciones

Tobías Parry se encontró con ese tesoro casi por casualidad: un centenar de diapositivas que revelaban cómo fue el 20 de junio de 1957 en Rosario. Con todo ese material se acercó al Ishir, donde el Laboratorio de Objetos Digitales (Laprodi) inició un minucioso trabajo de digitalización para convertirlas en un verdadero documento histórico. Así nació el Archivo Fotográfico Documental Fondo Herbert Hirschfeld.

Este miércoles se presentó el resultado final: un centenar de fotografías de excelente calidad y a color, que se convierten en una verdadera postal de la época y retratan fielmente el imponente evento. La presentación estuvo a cargo del director del Ishir, Darío Barriera, y de los integrantes del Laprodi, Ana Paradiso y Guillermo Ferragutti. Todo el material está disponible en la página web del Laprodi y es de acceso libre.

La historia detrás del fotógrafo

Hirschfeld llegó a la Argentina en 1930, en una de las últimas oleadas inmigratorias. Venía de Wuppertal, escapando de las miserias europeas como tantos otros, y el país que lo recibió se convirtió en su lugar en el mundo. No volvió jamás a Alemania.

Murió en 2006, pero su bisnieto alcanzó a conocerlo y lo recuerda como un tipo serio, muy alemán, amante de los autos, el arte y la fotografía. "El ingeniero", como le decían, había estudiado en el Politécnico y se convirtió en maestro mayor de obras. Pero tenía otros intereses.

"Le gustaba viajar y pintar. Retrató Ushuaia, el norte. Viajó por toda Argentina. Corría carreras con regularidad, en la Fórmula 1, obtuvo trofeos y hasta corrió con Fangio", cuenta Tobías, su bisnieto, en diálogo con La Capital.

Además, era fotógrafo aficionado y uno de los fundadores de la todavía vigente Peña Fotográfica de Rosario. Hirschfeld salía con su cámara Leica y creaba obras de arte. Se nota, viendo desde hoy, que cargaba una sensibilidad particular y un gusto por las cosas bellas.

Cuando se inauguró el Monumento a la Bandera, vivía a una cuadra, lo que le facilitó sacar una gran cantidad de fotografías del evento. Incluso algunas tomas que hoy forman parte del fondo documental del Ishir fueron realizadas desde su propio balcón.

Una inauguración que marcó a la ciudad

El Monumento tardó catorce años en construirse. Su autor fue el emblemático arquitecto e ingeniero Ángel Guido. Finalmente, el 20 de junio de 1957 se inauguró con la presencia, por primera vez, del presidente de la Nación, Pedro Eugenio Aramburu, quien había tomado el poder por la fuerza en 1955.

Aquel día, miles de rosarinos se congregaron en el Monumento por primera vez. Sería el comienzo de una tradición bien local: amontonarse en ese espacio para celebrar, recordar o exigir algo.

Una serie de actividades previas y posteriores completaron los festejos. Un gran desfile militar fue el centro de la ceremonia, y los desfiles, los alumnos con sus guardapolvos y la presencia de la Iglesia siguieron estando durante largo tiempo.

Lo cierto es que a partir de 1957, la ciudad consiguió un espacio que formaría parte de su identidad hasta la actualidad: el escenario de celebraciones, luchas y resistencias, la desembocadura de todas las movilizaciones que, después de atravesar el caos de las calles rosarinas, se sumergen en las escalinatas de un Monumento construido para reunir a todos.

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