En pleno centro rosarino, dos estatuas de bronce llevan casi un siglo en lo más alto de un palacio art déco. No son antorchas lo que sostienen, y el detalle revela el origen de una fortuna que cambió la ciudad. ¿Qué cargan en sus manos?
En la peatonal Córdoba al 1400, el Palacio Minetti esconde un secreto que pocos conocen: dos figuras de bronce de ocho metros que llevan más de noventa años observando la ciudad. Muchos las confunden con antorchas, pero lo que portan tiene un significado muy ligado al campo y a la historia de una familia que cambió la industria harinera.
El edificio, de estilo art déco, fue mandado a construir por la familia Minetti, que comenzó cultivando trigo y llegó a fundar una de las empresas harineras más importantes de la región. En lo más alto de su cúpula, las esculturas conocidas como "las Mellizas" son mucho más que un adorno: representan el auge agroexportador y el éxito de esa familia.
¿Qué sostienen realmente las Mellizas?
Lejos de las antorchas que muchos imaginan, las figuras llevan un marlo de choclo y un manojo de trigo. Según el libro "Rosario: comienzos de una nueva arquitectura", de Ernesto Yaquinto, representan "el mito de la cornucopia y las mieses", símbolos de la mitología grecorromana que aluden a la prosperidad, la agricultura y la generosidad de la tierra.
Además, cumplían una función publicitaria: su silueta reproducía la marca Letizia de Molinos Minetti. El proyecto original preveía un reloj en la cima, pero se descartó para evitar que el palacio transmitiera un aire gubernamental. En su lugar, Manuel Ocampo, responsable del diseño artístico, remató el edificio con las dos estatuas de bronce.
De los campos santafesinos a la industria molinera
La historia de los Minetti comenzó en Barge, un pueblo de la región de Cuneo (Piamonte, Italia). La familia se estableció en San Carlos Norte, uno de los primeros asentamientos agrícolas de Santa Fe. La historiadora Ángela González Aguirre describe a San Carlos como una comunidad de inmigrantes piamonteses unidos por una red étnica que brindaba asesoramiento técnico, posibilidades de acopio y comercialización de cultivos.
Los primeros veinticinco años en el país los dedicaron al cultivo de trigo. Pero en 1893, los hermanos Juan, Domingo, José y Bartolomé Minetti instalaron en Santa Clara de Saguier su primer molino harinero. Según González Aguirre, la estrategia "buscaba sortear las oscilaciones de los precios del mercado controlando el cultivo de cereal hasta la industrialización y posterior comercialización de la harina".
La decisión no fue casual: para principios de siglo, Santa Fe concentraba la mitad de toda la superficie destinada al trigo del país. Uno de cada dos kilos de trigo crecía en suelo santafesino. El primer censo provincial, de 1887, ya había registrado 70 molinos harineros, entre ellos Molinos Fénix de Casilda y Molinos Victoria de María Juana.
El ferrocarril también fue clave: conectó las colonias productivas con Rosario y su puerto, facilitando la salida de los cereales hacia los mercados de exportación. Ya iniciado el siglo XIX, la empresa familiar extendió la actividad molinera a Córdoba, con tierras en Luque y Calchín para abastecer directamente sus molinos. Años más tarde constituyó en Rosario la firma Minetti y Cía., desde donde administró la comercialización y exportación de harinas y derivados a través del puerto.
Un palacio para mostrar el éxito
En la década de 1920, Rosario superaba los 400 mil habitantes. Impulsada por el puerto y el comercio de granos, la ciudad se afianzó como un enclave económico estratégico del litoral. Su fisonomía combinaba un centro financiero y comercial moderno, conectado por tren con barrios industriales y obreros al norte, la zona nocturna de Pichincha y áreas de veraneo como El Saladillo al sur.
En ese contexto, Minetti y Cía. decidió erigir su sede en pleno centro. La ubicación respondió a la cercanía con la Bolsa de Comercio y a una razón simbólica: "Fue el acceso por donde ingresaron en nuestra ciudad los antecesores de la firma Minetti, por lo cual el nuevo edificio tendría motivos conmemorativos de tipo familiar", según la documentación de la constructora Candia, conservada en el Museo Municipal.
La construcción comenzó en 1929 y terminó dos años después. El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos José Gerbino, Luis Schwarz y Juan Bautista Durand, y la obra fue ejecutada por Candia y Delannoy. Se importó granito rojo de Suecia para la fachada sobre calle Córdoba, mármoles italianos y franceses para el hall y las escaleras, y los bronces, figuras metálicas e iluminación también llegaron desde Europa.
El Palacio Minetti abrió sus puertas en noviembre de 1931. Durante la inauguración, Domingo Minetti lo definió como "un testimonio para Rosario de nuestra intención, del paso por esta capital del trabajo. Incluimos este, su primer rascacielos, sin jactancia de capacidad, ni vanidad alguna. Obra es de artistas que sienten profundamente cuánto han logrado".
Con nueve pisos, el edificio se destaca por su fachada art déco en mármol rosado, la puerta de bronce con el nombre de la familia y una ornamentación cargada de referencias a la actividad productiva. En sus columnas interiores aparecen decoraciones que representan la producción agrícola y su cúspide piramidal se asemeja a los antiguos altares de la abundancia.
Más de nueve décadas después, en una ciudad cuyo crecimiento está estrechamente ligado al comercio agropecuario, el Palacio Minetti sigue funcionando como una declaración de identidad. Y permite conocer cómo una familia que empezó cultivando trigo encontró en ese crecimiento la oportunidad de dejar su huella en pleno centro rosarino.