Las confesiones de Mario Breuer sobre el Indio Solari que nadie escuchó
¿Qué secreto escondía el estudio de grabación del Indio Solari? Mario Breuer revela la regla que marcó cada disco y la emoción de trabajar con un genio.
El legendario ingeniero de sonido Mario Breuer abrió su corazón y recordó los días de estudio con Carlos ‘Indio’ Solari. ¿Qué pasaba detrás de las consolas? ¿Cómo era trabajar con el genio de Los Redondos?
Breuer, quien trabajó con Charly García, Calamaro y Sumo, entre otros, se sentó a charlar con La Viola y reveló detalles íntimos de su vínculo con el Indio. No solo habló de discos, sino de la persona detrás del mito.
El primer encuentro y la obsesión por no repetirse
Breuer estuvo a punto de participar en Oktubre, pero recién se sumó en La mosca y la sopa. “En sus dos primeros discos estaban aprendiendo a grabar y producir. Cuando me dieron la posibilidad, busqué ir más lejos”, recordó. Y agregó: “En Lobo suelto, cordero atado no me gustó la mezcla, así que me fui a EE.UU. y descubrí un estudio divino”.
Lo que más marcó a Breuer fue la exigencia del Indio: “Cada disco era distinto y estaba pautado. Ninguno debía parecerse al anterior”. Una regla que llevó a explorar estudios históricos y a buscar sonidos nuevos en cada producción.
La muerte del Indio: entre el dolor y el alivio
Con una mirada particular, Breuer confesó: “Estoy festejando que haya dejado de sufrir. Mi amigo Carlitos ya no carga con esa mochila horrorosa del Parkinson”. Y comparó al líder de Los Redondos con Gardel, el Cuchi Leguizamón, Maradona y Messi: “Es parte de nuestro folclore”.
Para Breuer, la impronta del Indio es imborrable: “Carlos Alberto Solari está en los pechos, hombros y cuellos de cientos de miles de personas. Es tan difícil borrar un tatuaje como su legado”.
El ingeniero también destacó la pasión del Indio por la tranquilidad y la lectura. “Le gustaba no sentir presiones. Se fanatizaba con la bronca del maltrato social en Argentina y el mundo”, subrayó.
Breuer no olvida la emoción de cada llamado de la mánager: “Cuando sonaba el teléfono y la Negra Poli me decía ‘Marito, vamos a juntarnos’, me explotaba el pecho de felicidad”.