Las cinco jóvenes de Singuil que se animaron a escribir lo que nadie contaba

En un pueblo de Ambato donde el silencio de los cerros parecía no dejarse alterar, cinco jóvenes se animaron a escribir lo que nadie contaba. La antología que presentaron en la Feria del Libro de Catamarca sorprendió a todos, pero lo que hay detrás de esas páginas es una historia que te va a interesar.

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Las cinco jóvenes de Singuil que se animaron a escribir lo que nadie contaba
Las cinco jóvenes de Singuil que se animaron a escribir lo que nadie contaba

Un grupo de estudiantes y exalumnas de la Escuela Secundaria Rural Nº1 del Valle de Singuil sorprendió en la Feria del Libro de Catamarca con una antología que rescata los mitos, los miedos y los sueños de su pueblo. El proyecto, gestado en el aula y sostenido en el tiempo, demuestra que la literatura puede ser una herramienta para procesar la vida y dejar huella.

El Valle de Singuil suele asociarse al paisaje de cerros y quebradas, al silencio del departamento Ambato. Pero en los últimos tiempos ese rincón catamarqueño empezó a escribir su identidad en presente. Lo hicieron las estudiantes y exestudiantes de la Escuela Secundaria Rural Nº1 al presentar la antología “De la pizarra a la carpeta, mis pensamientos” en la 18° Feria del Libro de Catamarca 2026.

El trabajo se gestó con una mirada particular: en lugar de aplicar recetas externas, las docentes Susana Cabrera y Patricia Varela abrieron el aula para que las chicas observaran su propio entorno. Así registraron los mitos de la siesta, las historias del Duende junto al fuego y el día a día entre los corrales y el río. Un enfoque que remite al trabajo de campo que proponía el antropólogo Malinowski, atento a los “imponderables de la vida real”, esas rutinas que parecen no decir nada pero lo dicen todo.

Cinco voces, una misma pasión

Las protagonistas de este hecho cultural son cinco, en distintas etapas de sus vidas pero unidas por la escritura. Zamira Emily Sosa, de apenas 13 años, lo resume con una sinceridad que desarma: “La escuela me ayudó, porque sentí que era un lugar en el que me relajo, me siento segura... La escritura me permite seguir soñando”.

A su lado, Samira Reartes (15) y Melany Cedrón (17) se animaron a incursionar en géneros complejos como el terror, el suspenso y la poesía, rompiendo moldes y mostrando que la literatura juvenil no tiene por qué limitarse a lo esperable.

El impacto del proyecto trasciende la etapa escolar. También abraza a exalumnas que hoy, con responsabilidades adultas, trabajo y quehaceres diarios, siguen firmes en el camino de las letras. Débora Reartes (25) está escribiendo una novela autobiográfica basada en su experiencia como madre adolescente, un relato durísimo cargado de emoción y reflexión social sobre ese flagelo. Érica Bargas (29), que ya tiene su propio libro de poesías, continúa avanzando con nueva bibliografía. Ambas, mamás y trabajadoras, demuestran que la literatura en Singuil no es un pasatiempo de temporada sino una elección de vida.

Un ancla en tiempos líquidos

La producción de estas jóvenes tiene un valor enorme en la época que vivimos. El sociólogo Zygmunt Bauman hablaba de una “Modernidad Líquida” donde todo es volátil y cambia a cada minuto. En medio de esa corriente, el libro de estas chinitas funciona como un ancla: el objetivo de fondo es que algo quede plasmado y registrado para las futuras generaciones, para que la memoria y las vivencias del pueblo no se desarmen con el próximo clic.

Esta realidad también interpela la subjetividad de los jóvenes, a quienes suele etiquetarse a la ligera como la “Generación de Cristal”. Desde la psicología, autoras como Sofía Calvo invitan a dar vuelta el concepto: estas chinitas no son frágiles por debilidad, son de cristal porque son transparentes. Tienen la valentía de mostrar la ansiedad, el malestar, las exigencias sociales y las complejidades de la vida real sin las caretas de antes, usando la literatura como un colador para procesar lo que les pasa por dentro en un mundo que aturde.

Ver a las estudiantes y exestudiantes de la escuela rural defender sus textos en el Predio Ferial, captando la atención y conmoviendo a un público que las escuchó en completo silencio, corta con cualquier prejuicio. Tomaron la palabra en primera persona para domar el caos de la época y dejar una huella firme. Nos toca a nosotros, como adultos y como provincia, aprender a escuchar a estas chinitas con la misma seriedad con la que ellas se sentaron a escribir su propio destino.

Aclaración: en Catamarca, llamar “chinitas” o “changos” a las juventudes es un modismo arraigado en el habla cotidiana que denota afecto, pertenencia y profunda ternura. Lejos de cualquier connotación peyorativa, en estas líneas se utiliza para reivindicar la calidez de nuestra identidad rural y el orgullo por nuestras jóvenes de Ambato.

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