La trampa invisible: la deuda que no aparece en los bancos y asfixia a las familias
¿Cuánto puede costar un préstamo de palabra? Las tasas que esconde el usurero del barrio y cómo el Estado busca frenar esta trampa que asfixia a miles.
Mientras los informes oficiales detallan la morosidad bancaria y el crecimiento de los créditos, existe una realidad que escapa a toda estadística: la deuda informal con el prestamista del barrio. Una trampa que puede convertir una necesidad urgente en una condena financiera.
El intendente de la Capital, Gustavo Saadi, alertó recientemente sobre esta práctica en Catamarca: “es muy común que las familias con problemas económicos acudan al usurero del barrio”. Según sus declaraciones, muchas personas terminan destinando todo su sueldo al pago de intereses y quedan atrapadas en una vorágine que las obliga a “trabajar para ese usurero”.
¿Qué es la deuda informal?
Se trata de préstamos que se acuerdan de palabra, sin contrato ni registro. Una familia puede no figurar como morosa ante un banco o una tarjeta de crédito, pero estar completamente asfixiada por una deuda de este tipo. No aparece en los informes financieros, pero existe y puede ser mucho más peligrosa que la registrada.
Acceder al crédito formal no siempre es fácil: los requisitos, la falta de ingresos demostrables o los antecedentes crediticios empujan a muchos a buscar una salida inmediata en el financiamiento informal. En ese momento no importa cuánto habrá que devolver, solo conseguir el dinero hoy.
Intereses usurarios y violencia
El circuito informal maneja tasas que pueden llegar al 100% mensual, mientras la inflación ronda el 2% mensual. Así, una necesidad económica de corto plazo se transforma en una deuda prácticamente impagable en cuestión de semanas.
Pero lo más grave es que, especialmente en las grandes ciudades, este negocio está vinculado con bandas delictivas y organizaciones narco. El préstamo se convierte en una puerta de entrada a un circuito de sometimiento donde las amenazas, las extorsiones y la violencia son moneda corriente.
¿Qué puede hacer el Estado?
Saadi sostiene que la respuesta debe contemplar dos aspectos: facilitar el acceso a financiamiento formal en condiciones razonables y combatir con firmeza la usura y las redes de prestamistas ilegales. Perseguir a los narcoprestamistas no es solo una cuestión policial, sino también una forma de quitarles una herramienta clave para penetrar en los sectores más vulnerables.
La deuda informal no figura en los balances. Pero pesa, a veces pesa mucho más que la que sí figura.