La trampa invisible en los ríos de Santa Cruz que ya se llevó a dos hermanos
Dos hermanos de 10 y 12 años jugaban en el río Gallegos cuando la corriente los sorprendió. El sector es conocido por sus pozones, trampas invisibles que ya complican la búsqueda. ¿Qué son y por qué son tan peligrosos?
La desaparición de dos hermanos de 10 y 12 años en el río Gallegos reavivó la alerta por los pozones, depresiones del fondo que pueden engañar a cualquiera. El hecho ocurrió el domingo 25 de octubre en el sector de La Toma, sobre la Ruta Nacional N.º 40, en Palermo Aike, cuando los niños fueron arrastrados por la corriente mientras estaban en el agua con otros dos adolescentes de 14 y 15 años que lograron salir.
El Ministerio de Seguridad de Santa Cruz advirtió que la zona es peligrosa por la presencia de pozones, y mientras la búsqueda continúa, los equipos de rescate trabajan en un cauce que complica las tareas acuáticas.
¿Qué es un pozón y por qué es tan peligroso?
Un pozón es una depresión en el lecho del río donde el fondo cae y genera un sector más profundo que el resto. Se forma por la erosión de la corriente, que con el tiempo va modificando la estructura del cauce. Estas depresiones suelen aparecer en curvas, cerca de obstáculos naturales o en zonas donde el agua golpea con más fuerza.
El riesgo principal es que la profundidad no aumenta de a poco. Alguien puede caminar con el agua a la altura de las rodillas y, en pocos pasos, encontrarse con un pozo que no le permite hacer pie. Esa transición repentina es especialmente peligrosa para los chicos, que tienen menos fuerza para resistir la corriente y pueden quedar sumergidos en segundos.
Además, desde la superficie es imposible saber con certeza qué hay abajo. Un tramo que parece calmo puede esconder un desnivel importante o movimientos de agua que arrastran hacia adentro.
Corrientes y remolinos: lo que pasa bajo el agua
El agua de un río no se mueve de manera uniforme. La velocidad y la dirección cambian según la profundidad, la forma del cauce y los obstáculos que encuentra. En las depresiones se pueden generar turbulencias y remolinos que dificultan nadar o mantenerse a flote. También hay corrientes transversales o descendentes.
No todos los pozones succionan como un embudo, pero el peligro depende de cómo esté configurado el fondo, de la fuerza de la corriente y de las condiciones del momento. Cuando alguien pierde pie en una zona profunda, el agua puede alejarlo de la orilla y hacerle perder el control. Si además intenta nadar contra la corriente, se agota rápido.
El frío extremo del agua patagónico agrava todo: la respuesta inicial del cuerpo puede alterar la respiración y la coordinación.
Señales que pueden advertir un pozón desde la costa
No hay una marca visual infalible. Sin embargo, hay pistas que ayudan a sospechar cambios en el fondo:
Color del agua: en sectores profundos suele verse más oscura porque llega menos luz al fondo, aunque la turbidez y el reflejo del cielo también influyen.
Movimiento superficial: un tramo con ondas y espuma puede dar paso a otro más liso. Esa diferencia puede indicar cambios de profundidad o velocidad, pero una superficie calma no garantiza que sea seguro.
Espuma y objetos girando: si hojas o ramas quedan dando vueltas en un mismo lugar, puede haber un remolino. Es una señal de precaución, no una prueba definitiva.
Curvas pronunciadas: en las curvas, la corriente erosiona más la margen exterior y puede formar pozos. La orilla interior suele acumular sedimentos.
Cambios en la forma del cauce: donde el río se ensancha, se estrecha o encuentra obstáculos, pueden aparecer variaciones en la velocidad y desniveles en el fondo.
Ninguna de estas señales reemplaza la señalización ni las indicaciones de las autoridades. La ausencia de espuma o remolinos no significa que el lugar sea apto para bañarse.
El frío, un enemigo extra
En los ríos de la Patagonia, la temperatura del agua es un factor clave. El contacto repentino con agua muy fría provoca el llamado choque por frío: una inspiración involuntaria y un aumento brusco de la frecuencia respiratoria. Si la persona está sumergida, esa reacción puede hacer que entre agua a los pulmones. El frío también va debilitando los músculos, la coordinación y la capacidad de nadar.
No siempre el fondo de un pozón está más frío que la superficie, pero ingresar a un río de baja temperatura es riesgoso incluso cuando la profundidad parece manejable. La combinación de agua fría, corriente y pérdida de apoyo reduce las chances de llegar a la orilla por cuenta propia.
Por qué los chicos son más vulnerables
Los niños corren más riesgo porque no conocen el fondo y un cambio repentino de profundidad puede hacer que pierdan pie y queden con la cabeza bajo el agua. El pánico, la dificultad para mantener la boca fuera del agua y el agotamiento agravan la situación en segundos. Saber nadar no alcanza para salir de una corriente fuerte o de un pozo profundo.
Por eso los especialistas insisten en la supervisión permanente de un adulto, mantener a los chicos al alcance de la mano y evitar los sectores no habilitados. En Palermo Aike, las autoridades recordaron que la zona tiene pozones y pidieron respetar las advertencias.
Qué hacer si alguien cae en un pozón
Lo primero es pedir ayuda y evitar que el rescate termine con más víctimas. Meterte al agua sin preparación puede poner en peligro también al que intenta auxiliar. Hay que llamar a emergencias y dar la ubicación más precisa posible. Si hay otras personas, pedir colaboración sin perder de vista a la víctima.
Si las condiciones lo permiten, se puede intentar ayudar desde la orilla con un elemento largo, como una rama firme o un remo, o arrojando algo flotante a lo que la persona pueda sujetarse. No hay que acercarse a bordes inestables ni exponerse a ser arrastrado.
Si la víctima está fuera de alcance o la corriente es intensa, hay que esperar a los rescatistas. No te tires al río sin formación ni equipo adecuado. Una vez fuera del agua, verificá si responde y si respira normalmente, abrigala y pedí asistencia médica urgente. Si no respira, iniciá RCP siguiendo las indicaciones del servicio de emergencias o de una persona capacitada.
Palermo Aike: la búsqueda continúa
La desaparición de los dos hermanos activó un operativo de seguridad y rescate en La Toma, sobre la Ruta Nacional N.º 40. El alerta entró alrededor de las 16 por el 911. Según La Opinión Austral, los niños estaban en el agua con los dos adolescentes cuando la corriente empezó a arrastrarlos. Los jóvenes lograron salir, pero los hermanos desaparecieron de su vista.
Participan efectivos de la Policía de Santa Cruz, Bomberos, el Grupo Especial de Rescate y Salvamento (GERS), Protección Civil, personal sanitario y otras dependencias. El operativo incluye búsqueda acuática y rastrillajes por las márgenes.
La subsecretaria de Protección Civil y Abordaje Integral de Emergencias y Catástrofes, Sandra Gordillo, informó que los trabajos siguieron durante la noche y que las tareas en el agua se retomaron a las 5:30 de este lunes, según el protocolo de seguridad. Desde el Ministerio de Seguridad pidieron a los vecinos que se alejen del área para facilitar las maniobras y evitar complicaciones en los accesos.
El caso volvió a poner el foco en la prevención. Los pozones son difíciles de ver desde la costa y las condiciones pueden cambiar, por lo que la recomendación es no ingresar a zonas no habilitadas y seguir siempre las indicaciones de las autoridades.