La trampa de la remera barata: por qué termina costando más que la cara
Poliéster, nylon y acrílico: los materiales que más aparecen en las prendas baratas y que muchos ni miran en la etiqueta. Una diseñadora jujeña explica qué se esconde detrás de esos precios y por qué la remera económica puede salir más cara de lo que parece.
Comprar ropa por internet se volvió rutina y las plataformas internacionales desembarcaron con fuerza en el mercado argentino. Detrás de esos precios que parecen una ganga hay un modelo que la diseñadora jujeña Julieta Cardozo conoce bien y que decidió poner sobre la mesa: el fast fashion y sus consecuencias sobre el bolsillo, el ambiente y las condiciones de trabajo.
La especialista analizó cómo funciona la moda rápida y advirtió que el incentivo a comprar ropa de manera permanente, casi sin mirar cuánto dura, esconde costos que no aparecen en la etiqueta del precio.
Qué es el fast fashion y por qué va cada vez más rápido
El sistema se basa en lanzar colecciones en plazos cada vez más cortos para responder a las tendencias y estimular el consumo con valores competitivos. Cardozo sumó una categoría más extrema: el hyper fast fashion, una modalidad que renueva productos de forma constante y ofrece precios todavía más bajos.
Según explicó, las grandes empresas crean microtendencias que pierden vigencia en poco tiempo, mientras que muchas de esas prendas tienen una calidad que directamente limita su vida útil.
El costo ambiental y laboral que no se ve
Uno de los cuestionamientos más fuertes al modelo es la cantidad de residuos textiles que genera. Cardozo puso como ejemplo la acumulación de ropa descartada en el desierto de Atacama, en Chile, una imagen que resume el destino de miles de prendas que se tiran.
La diseñadora también apuntó a las condiciones laborales que pueden esconderse detrás de la fabricación de ropa de bajo costo. Mencionó posibles consecuencias sanitarias y situaciones de explotación laboral vinculadas a determinadas cadenas de producción.
Para ella, saber de dónde viene una prenda y en qué condiciones se fabricó permite decidir la compra con más información.
Qué mirar en la etiqueta (y no es solo el talle)
Cardozo recomendó prestar atención a la composición de los materiales. Contó que mucha gente revisa la etiqueta únicamente para ver el talle y no observa qué fibras componen la prenda.
Entre los materiales más frecuentes nombró el poliéster, el nylon y el acrílico, además de las mezclas con algodón y otras fibras. Recordó que varios de esos componentes son derivados del petróleo y que conviene conocer sus características, tanto por la durabilidad como por los posibles efectos en personas sensibles a ciertos materiales.
También hizo una aclaración que desarma un prejuicio: que una prenda sea cara no garantiza que sea mejor. En algunos casos, el consumidor termina pagando el posicionamiento, la trayectoria y el marketing de una marca.
Competir con las grandes plataformas: la desventaja local
Desde su experiencia como creadora, Cardozo analizó las dificultades de los diseñadores y productores argentinos para pelear precios con las plataformas internacionales. Fabricar indumentaria en el país implica afrontar impuestos, telas y otros costos productivos que complican cualquier comparación directa.
Por eso consideró que la competencia entre los emprendimientos locales y las grandes compañías que venden a escala internacional es desigual.
Cómo comprar de forma más consciente
Frente a ese panorama, la especialista propuso repensar los hábitos y evitar comprar solo por impulso o por seguir una tendencia pasajera. Sugirió elegir ropa más durable, revisar las etiquetas y considerar alternativas como las ferias americanas y la indumentaria de segunda mano.
El ejemplo que dio es concreto: una remera económica que pierde la forma después de pocos lavados frente a una prenda de mejor calidad que se usa durante años. Reemplazar una y otra vez ropa de baja durabilidad puede terminar significando un gasto similar o incluso mayor.
La conclusión de Cardozo no es dejar de comprar ni renunciar a la moda, sino adoptar una mirada más atenta sobre lo que se consume. Es decir, considerar no solo cuánto cuesta una prenda, sino cuánto tiempo puede usarse, cómo fue fabricada y qué impacto genera antes de convertirse en residuo.