La tradición monteriza del Árbol de Navidad en el camino a los Valles cumple 12 años
José Nicolás Russo, armo nuevamente el tradicional Árbol de Navidad del kilómetro 31 de la Ruta 307. La tradición se renueva como un faro de fe y un emotivo homenaje a sus familiares y amigos fallecidos.
Con una fe inquebrantable que ya supera los once años, José Nicolás Russo, conocido cariñosamente como “El Loco Russo” en Monteros, volvió a encender la magia de la Navidad en la Ruta Provincial 307. Como todos los años, José se dirigió al kilómetro 31, principal camino a los Valles Calchaquíes, para decorar el pino que se ha convertido en un símbolo de esperanza y perseverancia.
La tradición nació de un recuerdo de infancia: cuando sus padres lo llevaban de vacaciones a El Mollar, un árbol en particular llamaba su atención. Desde 2014, José asumió la iniciativa de adornarlo, y en este 2025, la “tradición monteriza” se mantiene viva gracias a su esfuerzo solitario.

Tributo y Devoción en las Luces
Las estrellas colocadas por José no son solo adornos; son un emotivo tributo personal. Tradicionalmente, coloca tres estrellas en honor a sus padres, Carlos y Nilda, y a su tía Negrita. Sin embargo, desde 2021, el árbol también lleva otras dos estrellas en recuerdo de sus amigos fallecidos, Alberto Tripolloni y Flavio Raimondo.
El árbol, que José decidió plantar hace unos años ante el crecimiento desmedido del original, se alza ahora como un faro de alegría festiva. Su deseo es que se convierta en un verdadero símbolo navideño para toda la provincia, invitando a los transeúntes a sumarse a su embellecimiento.

Con mucho esfuerzo y esperanza
A pesar de que el impacto del árbol es innegable y se ha convertido en una atracción para los automovilistas que se detienen para contemplarlo, José Russo ha intentado sin éxito, en el pasado, buscar el apoyo de autoridades como Vialidad de la Provincia o Turismo de Tucumán. Su idea era que estas instituciones continuaran o ampliaran la iniciativa.
Pese al poco eco recibido, José sigue adelante: “él mismo se encarga de comprar los adornos y las luces” y de mantener el lugar limpio. La historia de José Nicolás Russo es un recordatorio de que las pequeñas acciones individuales pueden mantener viva la magia de la Navidad, de generación en generación.
