La silicona que arruinaba las etiquetas de botellas ahora se convierte en papel nuevo
610.000 toneladas de papel al año y una capa de silicona que parecía imposible de vencer: así funciona el sistema que convierte los descartes de etiquetas en materia prima.
Una empresa italiana encontró la forma de recuperar el soporte siliconado que queda después de aplicar etiquetas a botellas y envases, un residuo que durante años terminó en vertederos. El sistema permite separar las fibras de celulosa de la silicona y las tintas, y reutilizarlas para fabricar nuevos productos de papel.
La compañía LCI (Lavorazione Carta Riciclata Italiana) recolecta 610.000 toneladas de papel al año en Italia y otras 90.000 en España. Su director general, Marco Silvestri, contó al medio italiano DIFEmagazine cómo surgió el proyecto y qué oportunidades ve en el sector.
De una alianza europea a una empresa internacional
LCI nació en 2007 de una asociación entre el grupo papelero finlandés UPM-Kymmene Oyj y la alemana Rowe GmbH, ambas especializadas en recolección y reciclaje de papel. La idea original era mejorar la recuperación de materiales para las fábricas del grupo y vender los excedentes al exterior.
Con los años, el negocio tomó otro rumbo. Según Silvestri, hoy las plantas de UPM absorben apenas el 10% de lo que recolecta LCI, mientras que el 90% se comercializa a clientes externos. La empresa también abrió una filial en España y desembarcó en el Reino Unido en 2022.
LCI se ubica entre las tres principales empresas italianas de recolección de papel usado. Trabaja con cartón y más de 40 variedades de papel. En Italia se recuperan entre 6,5 y 7 millones de toneladas anuales, aunque solo 2 millones se destinan al consumo interno. De la producción de LCI, cerca del 12% se vende en el país, el 30% se exporta a otros destinos europeos y el resto va a Asia.
El sistema que rescata las etiquetas
Uno de los proyectos clave fue Rafcycle, lanzado en 2011 por UPM Raflatac. Su objetivo es recuperar el soporte de papel que queda tras aplicar etiquetas a las botellas, como en el etiquetado de vinos. El problema es que ese material tiene una fina capa de silicona que complica el procesamiento convencional. Por eso, durante años se tiró a la basura.
El procedimiento de LCI logra separar las fibras de celulosa de la silicona y las tintas con un tratamiento similar al destintado del papel de impresión. Silvestri lo describió como una especie de “lavadora” que separa los componentes y recupera la celulosa. Esas fibras luego sirven para fabricar nuevas etiquetas y otros productos de papel.
La empresa busca ampliar las posibilidades de recuperación. El empresario mencionó el lanzamiento de una segunda cadena de recolección, Resily, que se sumaría a Rafcycle. Además, cada vez más fábricas europeas se preparan para usar este recurso y producir celulosa de mayor valor una vez retirada la silicona.
El mercado europeo y los planes de expansión
El destino de las exportaciones también está cambiando. “Hasta 2020 predominaban las exportaciones a Asia; hoy Europa está incrementando gradualmente su uso de papel reciclado”, explicó Silvestri. Como ejemplo, mencionó el déficit de material en Alemania, que pasó de 5 millones de toneladas a una proyección de 9 millones para 2024.
El directivo advirtió que el aumento de los costos energéticos frena la actividad y genera desventajas para la industria italiana frente a otros países europeos.
En ese contexto, LCI busca fortalecer su presencia internacional y ampliar sus oportunidades comerciales. “Nuestro próximo objetivo es expandir nuestra filial en el Reino Unido”, adelantó Silvestri. La estrategia permitiría compensar las dificultades para exportar desde Italia hacia Asia. A largo plazo, la empresa también contempla desembarcar en Estados Unidos.
Con información de TN