La serenata que un pueblo entero esperó en la vereda: cuatro mamás y un final de rodillas
La serenata estaba pensada para cuatro mamás de Mariano Moreno, pero terminó con el pueblo entero en la vereda. El cierre, en la casa de una de ellas, tuvo a un músico de rodillas y casi sin voz.
Vecinas de Mariano Moreno vivieron un domingo distinto: un grupo de mariachis les llevó música, flores y emoción puerta por puerta. El grupo Mariachi del Viento recorrió las calles del pueblo con trompetas, acordeón y guitarrón, y logró algo que no estaba en el guion: que los vecinos salieran a compartir la alegría ajena.
No fue una serenata más. La banda venía de actuar en Aluminé la noche anterior, sin dormir, y antes del mediodía del domingo se escapó a Mariano Moreno, su casa. Porque Mariachi del Viento está integrado por jóvenes de Mariano Moreno y de Zapala que llevan la música mexicana con impronta neuquina. Su lema lo dice todo: “Música que toca el alma”.
Desde su debut el 17 de julio de 2025, pasaron por la Fiesta Nacional del Inmigrante y las Colectividades de Zapala, la FIC de Cutral Có, el Cine Teatro Amado Sapag y varios locales de Neuquén y del vecino país de Chile. Sin embargo, el escenario más importante fue este: la calle de tierra, la puerta de una casa, una mamá.
Las mamás que hicieron historia
Carina Salvatierra, mamá y comerciante de calle Sarmiento, atraviesa una difícil situación de salud. Estaba junto a sus hijos y su pequeña nieta cuando sonaron las trompetas. La emoción no se pudo contener. Fue uno de los momentos más fuertes de la jornada.
Doña Elena Fuentes es la segunda mamá del corazón de medio pueblo. Integrante activa de la Colonia de Adultos Mayores de la municipalidad local, fue durante casi cuatro décadas la portera de la Escuela 135 y del CPEM 37. A muchos de esos chicos les sirvió la comida, les sirvió el té, los vio crecer. Hoy ellos volvieron con música para rendirle homenaje.
Mirta Mellado es la mamá de Araceli, la voz femenina y la más nuevita del grupo. Su hija llegó tomada de su mano, junto a sus hermanas, para desplegar su arte por primera vez frente a ella. Un momento íntimo y poderoso.
Y Licia Piñero, hija de la histórica vecina Teresila Soazo, que por muchos años administró un conocido local comercial en el sector de la segunda plaza del pueblo. Es mamá de Nicolás Vecino, la voz líder del grupo, y fue anfitriona del cierre más emotivo de la gira. En su casa terminó todo: entre flores, lágrimas y el agradecimiento de una madre que ve a su hijo cumplir su sueño de llevar la música mexicana a cada rincón, pero que siempre vuelve a cantarle a ella, casi sin voz, destruido de la gira, pero entero de corazón.
Las voces de la emoción
Los músicos hablaron, y su paga no fue en aplausos, fue en lágrimas.
Nicolás Vecino, primera voz, guitarra y vihuela, líder del grupo, lo resumió así: “El premio más grande son las lágrimas y la emoción de la otra persona. Ahí nos damos cuenta que cumplimos. No es un regalo físico, es emocional y te dura para toda la vida. Mi mamá es mi Dios. Arrodillarme es brindarle mis respetos, como a una reina, como se lo merece”.
Facundo Ferreyra, coros, guitarrón y bajo, agregó: “Pasó de ser un hobby a ser un oficio. Gracias a Dios que nos dio este oficio. La paga son emociones. Hoy cada casa fue una emoción diferente”.
Nancy Mar Lagos, “La Jefa”, rítmica y percusión y manager, es la mamá del grupo. Toca junto a su hijo acordeonista: “No es lo mismo escuchar a los mariachis a que te traigan los mariachis a vos. Te sentís única. Decís: lo trajeron para mí. Y como mamá babosa, poder hacer música con mi hijo, no tiene precio”, admitió.
Araceli Espinoza, voz femenina, la novel integrante que le cantó a su propia madre: “Lo hacemos de corazón, dejamos muchas cosas de lado. Ver la cara de felicidad y las lágrimas nos llena más que un estadio ovacionándote. El sentimiento de mamá es lo más importante”, remarcó.
El cierre de rodillas
El final fue en lo de Licia. Después de recorrer el pueblo, el grupo entró a la casa de Licia Piñero.
Ella, entre lágrimas, lo dijo todo: “Lo mejor que me puede pasar es que venga mi hijo a darme una serenata. Sé lo que les cuesta, dejan su casa y su familia para agasajar a otras madres. Yo siempre le dije: andá y brindale a las demás madres, que yo te tengo todos los días. Él viene destruido, casi sin voz, y me canta igual. Es galán, sensible, y grita que me ama a los cuatro vientos”.
Nicolás terminó la canción, dejó la vihuela, y se arrodilló. “Gracias mamá”, le expresó con el corazón en la mano.
Fue el cierre perfecto a una jornada especial. Un regalo para cuatro madres, y en su nombre, para todas las madres de Mariano Moreno y de la vecina Zapala.