La sanción que cambia el libreto: en Rosario, los infractores ahora pagan con horas de trabajo comunitario

La Municipalidad de Rosario ya aplica una sanción que no se paga con dinero: los infractores graves de tránsito ahora deben cumplir trabajos comunitarios. El primer caso ya está cerrado y hay un segundo que arranca en las próximas horas. ¿Qué hizo el motociclista para zafar de la multa y cuántas horas le tocaron?

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La sanción que cambia el libreto: en Rosario, los infractores ahora pagan con horas de trabajo comunitario
La sanción que cambia el libreto: en Rosario, los infractores ahora pagan con horas de trabajo comunitario

La Municipalidad de Rosario puso en marcha una nueva modalidad para castigar las faltas graves de tránsito: los trabajos comunitarios, que ya tienen su primer caso cumplido. Se trata de un motociclista que debió completar 60 horas de tareas en el Movimiento Solidario Rosario, sumado a un curso de concientización vial y a la inhabilitación para conducir que había dispuesto el Juzgado de Faltas.

La iniciativa no busca solo castigar, sino también reparar. La idea es que la sanción incluya un componente educativo y que el infractor aporte algo concreto a la comunidad.

Un convenio que abre las puertas

El mecanismo surgió a partir de un acuerdo entre el municipio y el Movimiento Solidario Rosario, que quedó incorporado como uno de los espacios donde pueden cumplirse este tipo de sanciones. Allí, los sancionados realizan tareas cotidianas de la institución: colaboran en comedores, preparan y distribuyen alimentos, participan del empaque y otras actividades de asistencia.

La normativa vigente permite que, ante faltas graves, el juez combine distintas consecuencias según el caso. Una sanción puede incluir una multa económica, la inhabilitación para conducir y, al mismo tiempo, trabajos comunitarios o instancias educativas. Así, la respuesta ante una infracción no se limita al pago de una suma de dinero, sino que incorpora una dimensión formativa y reparadora.

El primer caso y el que viene

El motociclista que ya cumplió su sanción no solo hizo las 60 horas de tareas comunitarias, sino que también completó el curso de concientización vial. La combinación de ambas herramientas apunta a trabajar sobre la conducta que originó la falta: por un lado, con una actividad que genera un aporte directo a la comunidad; por otro, con una instancia destinada a revisar las consecuencias de las decisiones al volante.

Mañana comenzará un nuevo caso, también protagonizado por un motociclista. En este caso, la sanción combina una multa económica, la inhabilitación para conducir y trabajo comunitario. La decisión está vinculada con un historial de numerosas infracciones, entre ellas varios cruces de semáforos en rojo y episodios de exceso de velocidad. Además, se trata de una persona que se había escapado de un operativo vehicular.

Entre las conductas registradas aparece, por ejemplo, la circulación a más de 100 kilómetros por hora en una avenida donde el límite máximo permitido es de 60. Es decir, más de un 66 por ciento por encima de la velocidad autorizada, una diferencia que dimensiona el nivel de riesgo de esa conducta.

Cursos que se amplían

Los cursos de concientización vial ya forman parte de las herramientas disponibles dentro de este esquema de sanciones. La novedad es que, desde septiembre, se amplió la propuesta y, además de los contenidos vinculados al tránsito, se incorporaron temas sobre género, ambiente y cuidado animal. La intención es que las instancias de formación puedan adecuarse a distintas conductas y que la sanción tenga un contenido educativo más amplio.

Una política que ya muestra resultados

La aplicación de estas nuevas herramientas se da en el marco de una política de seguridad vial que viene mostrando una reducción sostenida de las víctimas fatales en Rosario. Según los datos difundidos este año, en los últimos tres años las muertes por siniestros viales se redujeron un 36 por ciento en la ciudad, con 57 víctimas fatales menos. La baja se vincula con un conjunto de políticas que incluyen controles, tecnología, cambios normativos, fiscalización y campañas de concientización.

Ese descenso se produce mientras el municipio profundiza las acciones sobre algunas de las conductas que generan mayor riesgo en la vía pública. Los controles de velocidad, alcoholemia y semáforos, junto con los operativos preventivos y las distintas instancias de educación vial, forman parte de una estrategia que apunta a reducir la posibilidad de que una infracción termine convirtiéndose en un siniestro grave. En ese marco, las nuevas sanciones comunitarias agregan una herramienta para intervenir sobre quienes cometen faltas de mayor gravedad.

Más recursos para los controles

El fortalecimiento de las sanciones se desarrolla en paralelo con una ampliación de los recursos destinados a los controles. La Secretaría de Control y Convivencia incorporó 12 nuevas motocicletas para la Dirección General de Tránsito, que se suman a los 15 autos y camionetas ya entregados, además de 85 dispositivos móviles —captores— y dos decibelímetros. Las nuevas motos, de 250 cilindradas, permiten ampliar los patrullajes, mejorar los tiempos de desplazamiento y agilizar las intervenciones de los agentes en distintos puntos de Rosario.

El equipamiento se complementa con la reasignación de 85 agentes a distintas áreas de control y con herramientas tecnológicas que permiten visualizar y gestionar reclamos y labrar actas en el momento. También se incorporaron dos decibelímetros para modernizar los controles de ruidos molestos. El objetivo es reforzar la presencia preventiva y contar con mayor capacidad de respuesta en los corredores de mayor circulación y en los horarios de mayor demanda.

El refuerzo de recursos se refleja también en el volumen de controles realizados durante el primer semestre. Entre enero y junio de 2026, la Secretaría de Control realizó 45.345 controles vehiculares, casi un 6 por ciento más que en el mismo período del año pasado, cuando se habían efectuado 42.689 inspecciones. Del total de controles, 3.169 automóviles y motocicletas fueron remitidos al corralón por distintas infracciones a las normas de tránsito.

En el mismo período, los equipos municipales realizaron además 26.873 controles de alcoholemia, con 789 conductores que dieron resultado positivo. Los números reflejan el volumen de trabajo que llevan adelante diariamente los agentes municipales y, al mismo tiempo, la necesidad de continuar ampliando las herramientas disponibles para desarrollar los operativos en el territorio.

Con los primeros casos ya en marcha, los trabajos comunitarios dejan de ser una posibilidad prevista en la normativa y pasan a tener una aplicación concreta en Rosario. La herramienta se suma a una estrategia más amplia que combina prevención, controles, tecnología, educación y sanciones. El objetivo es que las faltas graves tengan consecuencias efectivas y que esas consecuencias contribuyan, al mismo tiempo, a modificar conductas y a sostener una tendencia que ya se refleja en el indicador más importante: la reducción de las muertes por siniestros viales.

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