La revolución cuántica ya no es ficción: cómo está transformando negocios reales en la Argentina
¿Sabías que la computación cuántica ya se usa para optimizar el tránsito en ciudades argentinas? Conocé los detalles de esta revolución silenciosa que promete cambiar todo.
La computación cuántica dejó de ser un experimento de laboratorio para convertirse en una herramienta concreta que ya aplican bancos, laboratorios y ciudades. En la Argentina, empresas como /q99 ya optimizan el tránsito urbano con esta tecnología.
Lo que en 2020 la serie Devs mostraba como un búnker secreto capaz de simular el universo entero, hoy es una realidad accesible vía nube. La diferencia es que ahora no se trata de reconstruir el pasado, sino de resolver problemas cotidianos: desde la logística de un delivery hasta la optimización de semáforos.
¿Cómo funciona realmente?
Mientras una computadora tradicional procesa bits que solo pueden ser 0 o 1, una cuántica utiliza qubits que, gracias a la superposición cuántica, pueden estar en varios estados a la vez. A eso se suma el entrelazamiento, que conecta qubits incluso a distancia. El resultado: una capacidad de cómputo que crece de forma exponencial.
Facundo Díaz, CEO de /q99, lo explica con una analogía: “La evolución de la capacidad cuántica es comparable a la ley de Moore. Hoy trabajamos con 124 qubits de IonQ y a fin de año tendremos 256. Y no es solo cantidad, es capacidad”.
Un año bisagra: del laboratorio al negocio
Según el Quantum Technology Monitor 2026 de McKinsey, más de 300 empresas como Airbus, JPMorgan y Boehringer Ingelheim ya usan computación cuántica para resolver problemas comerciales. El informe estima que el sector generará entre 1,3 y 2,7 billones de dólares para 2035, y que la inversión en 2025 alcanzó los 12.600 millones de dólares, seis veces más que el año anterior.
En Argentina, Díaz señala que “2025-2026 es el bienio de aplicación en gobiernos y grandes empresas; 2027-2028 será para las medianas. La tecnología ya está accesible vía cloud”.
IBM presentó en noviembre de 2025 su procesador Nighthawk de 120 qubits, con el objetivo de lograr ventaja cuántica verificable a fines de 2026. Google, por su parte, demostró que su chip Willow completó en cinco minutos una tarea que a una supercomputadora clásica le tomaría varias veces la edad del universo. Y la Cleveland Clinic ya simuló una proteína de 303 átomos, algo imposible para la computación clásica.
Los primeros usos concretos
Más allá de la energía o la farmacéutica, Díaz identifica tres frentes de impacto inmediato:
1. Optimización y logística: “La computación cuántica es transformacional en cadena de suministro. Nosotros trabajamos en ciudades optimizando el tránsito con semáforos integrados al transporte público”, detalla Díaz. Esto ya se traduce en eficiencias del 30% o más en costos y tiempos.
2. Cálculos matemáticos complejos: En finanzas, permite modelar riesgos y optimizar portafolios de inversión evaluando millones de escenarios en paralelo.
3. Ciberseguridad: La capacidad futura de las computadoras cuánticas para vulnerar la encriptación actual ya impulsa a organismos como el NIST y la ANSSI a desarrollar criptografía poscuántica. Mientras tanto, ciberdelincuentes aplican la estrategia “Harvest Now, Decrypt Later”: roban datos cifrados hoy para descifrarlos mañana.
El desafío no es la ciencia, es la aplicación
Díaz es claro: “Hoy el desafío es la aplicación, no la ciencia. No necesitás ser físico; si venís de la informática y la programación, estás en el momento justo”. En Argentina, el proyecto QUBIT.AR (CONICET, UBA, UNC, UNSAM, Balseiro) trabaja desde 2022 en simulación molecular y criptografía poscuántica. En junio de 2026, investigadores del CONICET, CNEA y Balseiro publicaron en PRX Quantum una técnica de sensado cuántico con aplicaciones biomoleculares.
La escena de Devs, con su cubo hermético, ya no es solo ficción. Hoy, esa capacidad está en la nube, accesible para bancos, ciudades y empresas medianas que recién empiezan a asomarse.


