La psiquiatra que revela cuándo empieza realmente el alzhéimer (y no es cuando falla la memoria)
¿Sabías que el alzhéimer comienza décadas antes del primer olvido? Una psiquiatra revela los hábitos que pueden reducir el riesgo hasta un 45%.
El alzhéimer no avisa cuando llega: el daño cerebral comienza décadas antes del primer olvido evidente. Así lo asegura la psiquiatra María Luciana Ojeda, quien explica que cuidar el cerebro es una tarea diaria que va más allá de los suplementos. La genética influye, pero los factores modificables —como la depresión, el sedentarismo o la mala alimentación— tienen un peso mayor del que se creía.
Depresión: un factor de riesgo que duplica y hasta cuadruplica las chances
Uno de los hallazgos más sorprendentes es la estrecha relación entre la depresión y el alzhéimer. Según datos de investigaciones recientes, las mujeres con depresión tienen el doble de probabilidades de desarrollar la enfermedad, mientras que en los hombres el riesgo se cuadruplica. “El vínculo entre salud mental y deterioro cognitivo es mucho más estrecho de lo que la mayoría imagina”, señala Ojeda.
¿Cuándo empezar a preocuparse?
El 80% de las personas que notan que su memoria empeoró en los últimos diez años tienen más chances de que ese deterioro continúe. Pero no todo está perdido: la ciencia muestra que el riesgo de demencia puede reducirse hasta en un 45% con cambios sostenidos en el estilo de vida. No se trata de transformaciones drásticas, sino de decisiones pequeñas y consistentes.
Los hábitos que protegen el cerebro
El movimiento físico encabeza la lista de factores protectores. Caminar a paso sostenido, nadar o bailar mejoran la circulación cerebral y reducen la inflamación. Aprender cosas nuevas —un idioma, un instrumento o cambiar la ruta al trabajo— activa conexiones neuronales que el automatismo deja dormidas. Las relaciones sociales, a menudo subestimadas, estimulan la mente de forma única; el aislamiento prolongado, en cambio, es un factor de riesgo documentado.
En la alimentación, el patrón mediterráneo —frutas, verduras, pescado, aceite de oliva y mínimo de ultraprocesados— es el más respaldado. El tabaco y el alcohol son enemigos declarados: el consumo sostenido de alcohol reduce el volumen cerebral. La hipertensión y la diabetes no controladas dañan en silencio. Y el sueño, muchas veces sacrificado, cumple una función de limpieza: elimina toxinas, incluyendo las proteínas asociadas al alzhéimer.
Señales de alerta que no deberías ignorar
Dificultad para tomar decisiones simples, distracción que se intensifica con los años o un estado de ánimo bajo que se prolonga más de lo esperable son indicios de que el cerebro puede estar bajo estrés. Ninguna confirma un diagnóstico por sí sola, pero todas justifican una consulta médica.
“El deterioro cognitivo no es un destino inevitable”, concluye Ojeda. Las decisiones de hoy —cuánto se duerme, qué se come, cómo se gestiona el estrés, si se trata o no la depresión— tendrán consecuencias décadas más adelante.
