La citaron en su oficina, le preguntaron si era comunista y la echaron. Este viernes, el Concejo Deliberante de Santa Rosa reconoció a los empleados municipales prescindidos por la dictadura, y Noelia Guzmán contó lo que vivió: la persecución, el estigma y la vuelta a la lucha sindical. ¿Qué le respondió al militar que la interrogó?
Noelia Guzmán trabajaba en la Municipalidad de Santa Rosa cuando los militares tomaron el poder. La citaron, la interrogaron por su rol sindical y la echaron. Este viernes, el Concejo Deliberante reconoció a los empleados prescindidos durante la dictadura.
El acto de Reparación Histórica y Simbólica se realizó en el auditorio del Centro Municipal de Cultura, en Quintana 172, desde las 10. Allí se entregaron formalmente los legajos rectificados a los exagentes municipales y a sus familiares.
Guzmán, presidenta del Centro Nacional de Jubilados y Pensionados de ATE, fue una de las protagonistas del reconocimiento. Recordó su paso por la Municipalidad y la persecución que sufrió tras el golpe de 1976.
“Si informarle a los compañeros sus derechos es ser comunista, lo era”
“Estaba en la parte de personal. Cuando asumen los milicos, el que estaba a cargo me llamó a su oficina y me preguntó si era comunista”, contó Guzmán a Plan B. El hombre le dijo: “Sabemos que usted está todo el día con el estatuto abajo del brazo, hablando con sus compañeros”.
La respuesta de Guzmán fue directa: “Le contesté que si informarle a los compañeros sus derechos y deberes era ser comunista, lo era. Y acá estoy”.
La represalia no tardó. Primero la mandaron al Parque de Automotores y después encontraron la excusa para despedirla. Su marido, Héctor Omar Sánchez, también trabajaba en la Municipalidad, en el área jurídica. Cuando ella salió llorando de la oficina del militar, él le preguntó qué pasaba. Al enterarse, entró a increpar al jerarca y renunció en ese momento.
El estigma y la reconstrucción
“Al haber sido despedida y catalogada como comunista, quienes me conocían cruzaban la calle. Eran momentos muy difíciles y no conseguíamos trabajo”, relató. Sin alternativas, salió a trabajar como peón de albañil con un primo durante un año.
La oportunidad llegó de un excompañero de la Municipalidad, que le avisó que tomaban personal en el Tribunal de Cuentas. “Yo te voy a traer todo, estudiá y vení a rendir”, le dijo. Guzmán estudió, rindió y entró. Al mes, fue elegida delegada sindical otra vez.
El reconocimiento y la mirada sobre el presente
El acto fue impulsado por el Concejo Deliberante y se basó en un estudio conjunto entre la UNLPam y referentes de Derechos Humanos. “En base al estudio de esos legajos se hace este reconocimiento. Es un reconocimiento a la lucha y está bueno para que no se olvide. Sobre todo para los jóvenes, que no conocen lo que pasó en aquel momento”, explicó Guzmán.
La dirigente consideró que el reconocimiento también sirve para mantener viva la memoria de los 30.000 detenidos desaparecidos. “Es un orgullo, este reconocimiento sirve para tener presente a los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos que lucharon igual que nosotros en aquel momento. Hoy tenemos la suerte de poder contarlo y ellos no lo pudieron contar”, afirmó.
Al ser consultada sobre la posibilidad de un resarcimiento económico, Guzmán fue cauta: “Según dicen, no hay plata para esto”. Recordó que cuando ingresó al Tribunal de Cuentas, el entonces gobernador Marín le reconoció los años de aporte en el Instituto y pudo jubilarse. “Más allá de la plata, está la dignidad con la cual nosotros elegimos vivir, que no nos atropellaran y no nos sigan atropellando, como nos atropella hoy. La plata nos hace falta, pero si tengo que evaluar, esto sirve para la sociedad y esto es bueno”, finalizó.
Guzmán también comparó el contexto actual con el pasado. “Lo que estamos viviendo con este gobierno nos recuerda mucho a aquel entonces. Las actitudes de este gobierno tienen mucho que ver con lo que nos pasó a nosotros”, sostuvo. Y agregó: “Hoy seguimos en la lucha y yo estoy todos los miércoles en el Congreso, a pesar de los palos. No podemos permitir que este gobierno nos haga perder los derechos que tanto nos costó conseguir”.
Para la dirigente, el legado de los trabajadores perseguidos debe mantenerse. “Nos queda su legado, la lucha de esos compañeros, lo que hoy podemos hacer nosotros para nuestros hijos y nuestros nietos. Esto es fundamental para que la memoria no se pierda”, concluyó.
La ceremonia se desarrolló este viernes 6 de noviembre desde las 10 en el Centro Municipal de Cultura de Santa Rosa. Allí se entregaron los legajos rectificados a los exagentes y a sus familiares, en un acto que buscó reparar simbólicamente la persecución sufrida por los trabajadores municipales durante la última dictadura.