La pregunta que Ternavasio lanzó al abrir la Feria del Libro de Rosario
Más de 350 actividades, una ciudad que nunca tuvo cabildo y una pregunta que la historiadora lanzó al abrir la Feria del Libro: ¿para qué sirve la historia? Lo que dijo sobre la censura y el desfinanciamiento, en la nota.
La historiadora rosarina Marcela Ternavasio quedó sorprendida cuando le propusieron dar el discurso inaugural de la Feria Internacional del Libro de Rosario 2026. Es que esa tarea suele quedar en manos de escritores de ficción, no de historiadores. Pero aceptó, y este jueves abrió el encuentro en el Cultural Fontanarrosa con una intervención que combinó historia, memoria y una fuerte advertencia sobre el presente.
Con más de 350 actividades programadas hasta el 18 de octubre, la feria tuvo su ceremonia de apertura con presencia de autoridades provinciales, municipales y de la Fundación El Libro, las instituciones organizadoras.
“¿Para qué sirve la historia?”
Esa fue la pregunta que atravesó todo su discurso. Ternavasio la recuperó, dijo, porque el libro y la lectura están amenazados por dos frentes: la desregulación del mercado y lo que llamó “batallas culturales” que dañan el arte de la conversación pública.
La historiadora repasó cómo cambió la industria editorial y cómo se amplió el acceso a la lectura a lo largo de los siglos, pero también cómo la censura acompañó ese proceso. “La pulsión por silenciar al disidente se vehiculizó a través de argumentos y mecanismos muy variados y se proyecta como una sombra en este primer cuarto del tercer milenio”, sostuvo.
Y advirtió que la censura no es solo cosa de dictaduras. “La censura vertical, procedente del Estado o de factores de poder en gobiernos dictatoriales o autoritarios, convivió y convive con prácticas de hostigamiento más o menos estridentes –según los casos– en regímenes democráticos y con censuras horizontales como imperan hoy en las redes”, afirmó.
Para la historiadora, hoy alcanza con el prejuicio ideológico para desprestigiar una obra: “Ya no hace falta leer, conocer o contar con cierto capital cultural para censurar o desprestigiar una obra, sino dar rienda suelta al prejuicio ideológico”, dijo. Y agregó: “A veces, un simple título coloca al autor o autora y a la institución a la que pertenece en el banquillo de los acusados”.
Su conclusión fue una frase que resume el cambio de época: “Hemos pasado de una censura ilustrada a una censura de la ignorancia”.
Contra la “batalla cultural” y el desfinanciamiento
Uno de los tramos más políticos de su discurso apuntó contra el discurso oficial de la llamada “batalla cultural”. Ternavasio planteó que las preguntas sobre la utilidad de la literatura, el arte, la ciencia, la universidad o el periodismo ya no nacen de una curiosidad inocente, sino de la sospecha y el desprecio.
“Regresa a través de fantasmagóricas batallas culturales, donde las palabras se convierten en armas destinadas a imponer certezas preconcebidas acerca de cómo debe ser el mundo”, sostuvo. Y siguió: “No hace falta un análisis sofisticado para descubrir que tales certezas, fundadas en un maniqueísmo providencialista, atentan contra la pluralidad y supervivencia material de la educación, la ciencia y la cultura”.
Allí apuntó directamente a las decisiones del Gobierno nacional sobre esas áreas: “Vale la pena insistir en que la metáfora bélica que encuadra el actual hostigamiento y desfinanciamiento que sufre cada una de estas áreas por parte de las máximas autoridades del Estado Nacional, pone en evidencia la asimétrica correlación de fuerzas de la supuesta batalla que promueven”, afirmó.
Y advirtió sobre las consecuencias sociales: “Si, como dije, la responsabilidad política no está democráticamente distribuida, las consecuencias de las decisiones adoptadas por quienes nos representan derraman hacia toda la sociedad”.
En otro pasaje citó al historiador Peter Burke para subrayar que “la ignorancia es un activo para las dictaduras y un pasivo para las democracias”.
Rosario, la ciudad sin cabildo y con monumento
Ternavasio también dedicó parte de su discurso a reconstruir el lugar de Rosario en la historia cultural del país, desde la llegada de la primera imprenta móvil en 1851 hasta su consolidación como ciudad portuaria. Recordó que Domingo Faustino Sarmiento editó la primera hoja impresa en la entonces pequeña villa durante la campaña del Ejército Grande.
“Rosario representa, sin duda, un caso particular dentro del mapa que configuró la nación”, afirmó. Y definió a la ciudad con sus propios apodos: “Rosario –'ciudad fenicia', 'Chicago argentina' o 'cuna de la bandera'– es, por sobre todas las cosas, una polis identitaria que supo integrar a todos y cada uno de sus apodos”.
Entre risas, contó una anécdota familiar: cuando su hija tenía seis o siete años quiso mostrarles el cabildo de Rosario a unos visitantes extranjeros. Ante la explicación de que la ciudad nunca había tenido uno, la nena insistió hasta que quedó claro que hablaba del Monumento a la Bandera. “Y allí fuimos, felices, a la Avenida Belgrano, a mostrar uno de los sitios emblemáticos de Rosario”, recordó.
El desafío de administrar la palabra
Hacia el cierre, Ternavasio volvió sobre la pregunta inicial y reconoció que le gustaría tener una respuesta optimista frente a la perplejidad del presente. Pero rechazó buscar refugio en el pasado: “Estoy convencida de que la nostalgia del pasado –cualquiera sea ese pasado– no es la vía para enfrentar esta crisis del tiempo”, sostuvo.
“En un mundo que nos resulta incomprensible, no ignorar la historia supone disponer de la reserva de experiencia acumulada para intervenir en el horizonte de expectativas que modela el futuro”, agregó.
También se refirió al impacto de la inteligencia artificial sobre el lenguaje: “Ante las visiones catastrofistas que indican que estamos perdiendo el control sobre el lenguaje, que los bots de la Inteligencia Artificial hablan y piensan por nosotros, tal vez el primer paso consista en recuperar el 'don de la palabra' –como insistía Hannah Arendt– para recomponer la 'condición humana' y apostar por una vida en común”, señaló.
Y dejó una reflexión final para los trabajadores de la cultura: “Ante tanto griterío, prepotencia y desmesura, donde lo impronunciable perfora el umbral de lo decible, creo que nuestro mayor desafío en tanto trabajadores de la cultura es saber administrar la palabra y capitalizar la pausa creativa –como cuando escribimos o leemos un libro– en pos de construir un porvenir que ponga en valor el idioma de la democracia, el pluralismo, la igualdad y la justicia”, concluyó.
La feria sigue hasta el 18 de octubre
La Feria Internacional del Libro de Rosario 2026 se desarrolla en el Cultural Fontanarrosa (San Martín 1080) con más de 350 actividades: presentaciones, charlas, talleres, homenajes y propuestas para las infancias. Entre los participantes estarán Claudia Piñeiro, Eduardo Sacheri, María O'Donnell, Reynaldo Sietecase, Narda Lepes, Luis Novaresio, Selva Almada, Guillermo Martínez, Martín Kohan, María Teresa Andruetto, Santiago Siri y Juan José Becerra, entre otros.
La entrada es gratuita, pero hay que gestionar un código QR personal e intransferible, válido para todos los días. El acceso a las salas depende de la capacidad y es por orden de llegada. Los horarios: lunes a miércoles de 13 a 21; jueves y viernes de 13 a 22; sábados de 10 a la medianoche; el domingo 11 de 13 a 22 y el domingo 18 de 13 a 21.