La planta de hojas gigantes que es medicina, tintura y tesoro del norte neuquino
En los sectores más húmedos de Cañada Molina crece una planta de hojas enormes que los pobladores del norte neuquino usan desde hace generaciones. Su nombre científico esconde una propiedad que pocos conocen.
En los rincones más húmedos de Cañada Molina crece una planta que no pasa desapercibida: la nalca, también llamada pangue, despliega hojas enormes que la delatan a simple vista. Se trata de la Gunnera tinctoria, una de las especies nativas protegidas dentro de esta Área Natural Protegida y una pieza clave del saber tradicional del Norte neuquino.
Su importancia excede lo estrictamente biológico. A lo largo de generaciones, los pobladores de la región sumaron distintas partes de la planta a sus prácticas de medicina popular. A las hojas y otros componentes se les atribuyen usos vinculados con el alivio de la fiebre, la desinflamación y la cicatrización. Ese conocimiento integra el patrimonio cultural del territorio y se transmite de una generación a otra.
El secreto violeta que guarda su nombre
La denominación científica de la especie no es casual. Gunnera tinctoria remite a su capacidad de aportar una tintura de tonalidad violeta, una propiedad más que la distingue dentro de la flora provincial.
En Cañada Molina, esos saberes ancestrales conviven con el trabajo diario de los guardaparques. De manera periódica se recolectan semillas de nalca y de ciprés de la cordillera, material que después se destina a espacios de producción de plantines y a experiencias educativas sobre flora nativa.
Parte de esas semillas llega al Vivero Provincial de Huinganco y a la Escuela Primaria Forestal N.º 162 de Charra Ruca. Allí la reproducción de especies autóctonas acompaña tareas de restauración y acerca a estudiantes y comunidades al conocimiento de la vegetación característica del norte neuquino.
La nalca es una planta herbácea de gran porte, fácil de reconocer por sus hojas perennes de gran tamaño. Su presencia está ligada a los ambientes húmedos, como los que se dan en varios sectores de Cañada Molina. Conservarla permite sostener no solo una especie propia de esos ecosistemas, sino también parte de los saberes que las comunidades construyeron a su alrededor.
Un bosque que resiste en la Cordillera del Viento
Cañada Molina festeja cada 21 de septiembre un nuevo aniversario como Área Natural Protegida. Se encuentra en la Cordillera del Viento, en el departamento Minas, a pocos kilómetros de Huinganco y Andacollo, y resguarda uno de los bosques de ciprés de la cordillera más singulares de Neuquén.
Los ejemplares de Austrocedrus chilensis que sobreviven en este sector aguantaron durante siglos condiciones climáticas adversas, incendios y la intervención humana. El bosque marca además el límite septentrional de distribución del ciprés de la cordillera, lo que le da un interés científico y ambiental especial.
La protección arrancó en 1993, cuando Cañada Molina fue declarada Monumento Natural Provincial. En 2008, la Ley Provincial N.º 2594 la incorporó al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas.
Desde entonces, el cuidado del ciprés se combina con la protección de otros ambientes y especies nativas, entre ellas la nalca. El trabajo cotidiano de los guardaparques permite relevar, recolectar semillas y acompañar los procesos de reproducción de plantas autóctonas, además de generar instancias de educación ambiental.
Así, una planta asociada a la medicina popular y a los saberes del Norte neuquino se vuelve también una puerta de entrada para conocer la biodiversidad de Cañada Molina: sus propiedades, sus usos tradicionales y su reproducción forman parte de una misma historia de conservación y transmisión cultural.
Para llegar desde Chos Malal hay que tomar la ruta provincial 43 y seguir por la ruta provincial 39 hasta el paraje Charra Ruca, donde el paisaje de montaña empieza a revelar la presencia del bosque de cipreses.