La pileta donde nadaba una desaparecida: el hallazgo que desató una obra con 80 mujeres

La pileta donde nadaba una desaparecida: el hallazgo que desató una obra con 80 mujeres

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La pileta donde nadaba una desaparecida: el hallazgo que desató una obra con 80 mujeres
La pileta donde nadaba una desaparecida: el hallazgo que desató una obra con 80 mujeres

Luciana Isabel Vega D'Andrea nació en La Paz, Bolivia, durante el exilio de sus padres. Creció marcada por la represión de la última dictadura militar y en 1985, con el regreso de la democracia, la familia se instaló en Mendoza. Años después, un aviso en redes sociales la llevó a contactar a una artista que buscaba mujeres para contar historias. Así comenzó un proyecto que la tiene hoy al frente de una obra performática sobre dos nadadoras mendocinas desaparecidas.

La artista, que estudió Historia en la UNCuyo y luego se recibió de profesora de artes visuales en la Universidad Nacional de La Plata, se radicó en Guaymallén. Allí armó su taller de grabado y se acercó a H.I.J.O.S. En 2019, en una de las manifestaciones de los jueves en Tribunales Federales contra el juez Walter Bento, una amiga le mencionó el caso de Gisela Tenenbaum y Ana María Moral, dos jóvenes que habían militado en San Juan y se habían venido caminando a Mendoza. El dato quedó en su memoria.

Luciana nada desde hace años en el club Andes Talleres de Godoy Cruz. En un evento conmemorativo en el Espacio de la Memoria del ex D2, donde se colocaron baldosas con los nombres de desaparecidos y fusilados mendocinos, vio los nombres de Gisela y Ana María. Una persona se le acercó y le contó que a Ana María le decían "la Pata" porque era una tremenda nadadora, y que Gisela había sido Campeona Argentina en estilo Pecho en el Club YPF. "Los ojos de Luciana se abrieron y sintió una puntada en el pecho", relata el texto.

Al día siguiente de su clase de natación, Luciana se sumergió en la pileta y pensó: "en esta pileta nadaba Ana María". Hizo pecho, como ella. Ese mismo día, en la Maestría de Arte Latinoamericano de la UNCuyo, le hablaron del trabajo final. "Tenía que pensar qué tesis iba a hacer, qué iba a investigar. Se nos habilitó investigar sobre un hecho o realizar una creación", contó. Entonces decidió que el marco era investigar y hacer una obra performática sobre las nadadoras mendocinas.

¿Qué es una performance?

Luciana explicó que se trata de "una situación, un evento, en donde todo es efímero. El medio principal es el cuerpo del artista y la acción que realiza en vivo ante un público que también es parte de la acción". Y agregó que, a diferencia de la pintura o la escultura, "no busca crear un objeto material para conservar en un museo, sino generar una experiencia directa, efímera e irrepetible".

Para reconstruir las historias, entrevistó a los padres de Gisela, Helga Markstein y Guillermo Tenenbaum, y recurrió a testimonios de los juicios de Lesa Humanidad. "Empecé a investigar pensando que el hecho performático, en el acontecimiento que iba a ser. Quizás en una pileta, pensaba en una intérprete que podía ser yo u otra persona, podrían ser dos personas", relató.

Quiénes eran Gisela y Ana María

Gisela Tenenbaum nació el 4 de febrero de 1955 en la Ciudad de Mendoza. Creció en un hogar con fuerte compromiso social. Hizo la primaria en la escuela Ricardo Rojas, en la cuarta sección de Ciudad, y la secundaria en la escuela de bachillerato técnico químico industrial N°12 de Las Heras. Allí ganó tres medallas de oro: por mejor alumna del último año, mejor promedio de todos los años y mejor promedio en ciencias exactas. Estudiaba Ingeniería Electromecánica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y militaba en Montoneros. En natación obtuvo el título de Campeona Argentina en estilo Pecho, y durante muchos años nadie logró su marca.

Ana María Moral nació el 22 de agosto de 1952 en Godoy Cruz. Le decían "Pescadito" y "La Pata" por ser una nadadora excelente. Hizo la primaria en la escuela Martínez de Rozas y la secundaria en el Martín Zapata de la UNCuyo, donde tuvo uno de los mejores promedios. Estudió Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de esa casa de estudios. En 1975 se apartó de los estudios y de la casa familiar para dedicarse a la militancia en Montoneros.

Ambas se conocieron en la adolescencia por la natación y se reencontraron en la militancia. La organización las trasladó en "célula" a San Juan. "Ambas pasaron a la clandestinidad, dejaron su vida 'normal' por una convicción y se dedicaron a la lucha armada", reconstruyó Luciana. A fines de 1976 se escaparon de San Juan y se vinieron caminando a Mendoza. "Se adentran en el desierto y caminan, caminan y caminan, hasta llegar a la provincia. Una vez acá, se esconden. Las chicas llamaban a sus padres una vez por semana y pactaban una cita en algún lugar. Por ejemplo, Gisela caminaba, su madre iba atrás y cuando veían que estaba todo en orden y era seguro se metían a un café a charlar", detalló.

Un 8 de abril, Ana María salió a verse con un compañero y fueron interceptados por la policía y el Ejército. Se resistieron y Ana María entró herida a la Iglesia Nuestra Señora de Fátima. "El cura le sacó el arma, la vio herida, y la entregó en las escalinatas a los militares, allí la fusilaron. Gisela, que estaba cerca, se entera por los vecinos, llama a su mamá y le cuenta lo que había pasado y le avisa que iba a escapar. Esa fue la última vez que Helga habló con su hija. Gisela desde ese 8 de abril del '77 está desaparecida", narró Luciana.

"La performance no puede ser interpretada por una sola persona"

En una entrevista con amigos de las chicas, Luciana escuchó: "Gisela era dulce, era muy linda, bella, pero sobre todo era in-do-ble-ga-ble". Ahí pensó: "la performance no puede ser interpretada por una sola persona. La fuerza de las chicas tiene que ser algo más grande".

"No quiero hacer un homenaje. Los y las desaparecidas son nuestros muertos sociales. Las chicas se escapan de San Juan y vienen a Mendoza porque tenían un deseo de vivir", sostuvo. Y agregó: "Quiero desplazar la idea de un sujeto victimizado a un sujeto con agencia con deseo de vida. Quiero mostrar que existe otra idea de 'mujer mendocina'. En estas mujeres luchadoras, que tenían una convicción, que fueron entrenadas en las armas como contrapunto de lo que se cree que somos las mendocinas con la idea edulcorada de la reina de la Vendimia, por ejemplo. Gisela y Ana María eran mujeres potentísimas, estaban decididas a luchar por cambiar este mundo. Gisela tenía un cargo jerárquico en Montoneros, y Ana María era la mejor tiradora que tenía la organización en Mendoza. Esas eran".

El proyecto busca reunir a 80 mujeres o cuerpos feminizados (mujeres trans o travestis, hombres trans, personas no binarias) en una performance donde el público también será parte, porque es una obra única (quizás pueda repetirse).

Como investigadora, Luciana asumió el rol de directora y convocó a Santiago Borremans, director de teatro, artista y actor, como asistente de dirección; a Sol Gorosterrazú para la coreografía; y a la actriz Celeste Seydell. "Me estoy valiendo de personas que tienen un saber, yo vengo de las artes visuales, y si bien he puesto el cuerpo hay elementos, herramientas de las artes escénicas que me interesa que estén en juego", afirmó.

La artista define su objetivo como un "acto evocativo de una desaparecida y una fusilada. Para evocar un puente de diálogo con ellas, quiero evocar su vitalidad".

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