La petrolera que revivió un yacimiento que todos daban por agotado
Cinco Cruces de los Andes, una maratón en Nueva York y un posgrado en Francia: la ingeniera que fue la primera gerente de activos de YPF tiene un currículum que pocos imaginan. Pero fue en un yacimiento abandonado donde encontró su mayor orgullo.
Daniela Van Wyk nació en Comodoro Rivadavia, la ciudad donde se descubrió el petróleo en el país, y terminó siendo una de las protagonistas del renacimiento de un área que muchos creían cerrada para siempre. Fue la primera gerente de activos de YPF tras la reestatización de 2012 y, años más tarde, encabezó el relanzamiento de Restinga Alí, uno de los hitos más importantes de la cuenca del Golfo San Jorge en los últimos tiempos.
Pero su historia no se agota en el ámbito laboral. Es madre de cuatro hijos —de 23, 21, 16 y 10 años— y maratonista. "Tengo todas las edades", bromea cuando le preguntan por sus chicos: "Así que tengo primaria, secundaria y universidad. Y en algún momento también tenía jardín".
Los dos mayores estudian en Buenos Aires y Córdoba, mientras que las más chicas viven con ella en Neuquén, la ciudad que eligió para instalarse cuando sintió que necesitaba empezar de nuevo.
Del yacimiento a la facultad
Hija de un petrolero de la YPF original, su infancia estuvo marcada por las mudanzas detrás del trabajo de su padre. A los 11 años se instaló en Plaza Huincul durante cinco años; más tarde, en cuarto año de la secundaria, la familia se trasladó a Río Gallegos. Ella volvió a Comodoro para estudiar ingeniería química en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).
"Me recibí a los 22 años", recuerda. "No sé si quería trabajar en el petróleo, pero al mes ingresé a YPF para trabajar en Los Perales". Y agrega: "No nos sobraba nada, la verdad; mis viejos laburaban los dos y, con mucho esfuerzo, me pagaron la carrera para que estudie en Comodoro, así que me quería recibir para ayudarlos un poquito también".
Sus primeros cinco años en la industria transcurrieron en ese yacimiento de la cuenca del Golfo San Jorge, pujante en los 90. Allí, dice, aprendió todo lo que sabe. Después pasó por prácticamente todos los yacimientos de la región: Cañadón Seco, Cañadón León, Las Heras, El Guadal, Loma del Cui en Santa Cruz; y en Chubut, Manantiales Berh, Cañadón Perdido, Zona Central, Río Mayo y Sarmiento.
"En Los Perales estuve cinco años con gente maravillosa; muchos eran muy grandes y hoy no están más. Yo era muy chiquita y me enseñaron un montón", rememora con nostalgia.
Una carrera en ascenso y una familia que crecía
La ingeniera hizo carrera y, en paralelo, se convirtió en madre. Su hijo mayor nació en Francia, cuando ella realizaba un posgrado. Baltazar llegó cuando ya había regresado a la zona y trabajaba en Cañadón Seco, mientras que las más chicas nacieron en su momento de mayor crecimiento profesional.
En 2012, con la reestatización de YPF y Miguel Galuccio al frente de la compañía, Daniela se convirtió en la primera gerente de activos de la petrolera de bandera. Desde entonces ocupó puestos de liderazgo y participó en procesos clave, como el relanzamiento de Restinga Alí.
"Eso fue tocar el cielo con las manos", admite con orgullo. "Me gusta mucho mi trabajo y soy una apasionada de lo que hago. Y siento que, en la parte laboral y operativa, Restinga fue mi mayor éxito". También destaca la revisión de proyectos técnicos de toda Argentina, aunque aclara que esa tarea estaba más ligada a lo técnico que a la operación.
El ritmo era exigente. "Esa posición me demandaba mucho trabajo y, con la crianza de los niños, casi no dormía", reconoce entre risas.
Guardias, tormentas y la decisión de bajar un cambio
Trabajar en un alto nivel corporativo implica una disponibilidad permanente. A esa carga se sumaba la crianza de cuatro hijos. Daniela recuerda las noches de poco descanso, pendiente de lo que pasaba en el yacimiento.
"Atendíamos los equipos, los accidentes por la noche, las guardias. Si había tormenta o se cortaba la luz uno era responsable de todo eso. Eran muchas horas dedicadas al trabajo y, a finales de 2015, pedí un cambio de posición", cuenta. "Fue una decisión personal en un momento en que los chicos eran chiquitos, así que busqué tener algún aprendizaje técnico mayor y quedé como jefe de desarrollo de Restinga Alí".
Restinga Alí es uno de los yacimientos históricos de Comodoro Rivadavia. Se descubrió en 1932 y produjo hasta 1977, cuando fue abandonado. Muchos todavía recuerdan las pasarelas sobre el mar. Fue la primera área que desarrolló YPF con pozos cortos de 500 metros sobre la restinga, de ahí su nombre.
"Es un yacimiento que tiene una historia relacionada con Comodoro y después todo eso se abandonó, pero en 2012 se decidió volver a intentar de la mano de Miguel y de Alejandro Eloff, que era el gerente de negocios de Chubut, y revisando antecedentes, con un equipo muy chiquitito de dos geólogos y un ingeniero de producción, reparamos unos pozos y el primero fue surgente: pasó de tener 0 de producción a tener 60 metros cúbicos por día de petróleo", relata.
Ese es su mayor hito profesional. "Hicimos cosas muy lindas, como perforar pozos horizontales, y nos fue súper bien; de hecho, esa área que estaba en cero, mucho tiempo estuvo en 120-130 metros cúbicos por día, y hoy sigue con una producción similar; declina muy poquito, así que, la verdad, fue un éxito", celebra. Y deja un mensaje para la cuenca: "Se reactivó un área que se pensaba que estaba agotada, pero hay muchas cosas por hacer todavía; esa es la realidad, no solo en esa área sino en toda la Cuenca del Golfo San Jorge".
Maternidad y trabajo, un equilibrio posible
La pandemia, con cinco computadoras conectadas al mismo tiempo en casa, es otro de los recuerdos que aparecen en la charla. También las tardes de oficina con su hija menor acompañándola o las idas y vueltas para combinar trabajo y escuela, una forma de estar cerca de sus hijos.
Daniela siempre buscó acomodar sus horarios para estar presente. En ese sentido, reconoce que YPF fue un gran apoyo. "Tuve la suerte de trabajar en una empresa que estaba atenta a todas esas cuestiones para poder articular el trabajo con la vida familiar", dice. Cuando volvió al país tras su posgrado trabajaba media jornada; después, como gerente de Desarrollo en Cañadón Seco, viajaba todos los días hasta que decidió pasar a otra empresa que le permitía menos horas. "Pero ha pasado que me he llevado a los chicos al trabajo. Ameli se sentaba por la mañana y me acompañaba. También los he llevado cuando estaba de guardia o a los hoteles, y me iba a almorzar con ellos. Pero siempre traté de estar presente".
Un giro de vida: la pérdida, Neuquén y la carrera
En 2019, su esposo Kadir enfermó y Daniela decidió abocarse a la familia. Pidió el retiro voluntario. Cuando él falleció, sintió que necesitaba cambiar de aire y eligió Neuquén, la ciudad donde estaban sus amigas y donde el petróleo crecía de la mano de Vaca Muerta.
"Fue una decisión de vida", admite. "Quería empezar de nuevo y siempre me gustó el clima; estaba en auge Neuquén, con el tema de Vaca Muerta y lo no convencional. Y nos vinimos". Más tarde conoció a su actual esposo, deportista de élite en carreras de aventura, trail y travesías largas de bicicleta y kayak, y desde hace dos años entrena esa disciplina.
Correr fue siempre parte de su vida. Tiene en su haber cinco Cruces de los Andes —la carrera de 100 kilómetros en tres etapas—, corrió la maratón de Nueva York y, en Canadá, una prueba de 60 kilómetros. "Siempre corrí mucho por hobby, nunca por competencia. He corrido un montón de carreras, pero siempre porque me hace muy bien a mi cabeza y me ayuda a mantener mi cuerpo en estado físico; me gusta".
Hoy: software, inteligencia artificial y home office
Radicada en Neuquén desde hace cuatro años, Daniela trabaja actualmente para Halliburton. "Es algo más dedicado al software, relacionado con todo lo que tiene que ver con IA, como optimización de producción, la nueva tecnología aplicada a mejorar los procesos de producción, y también hago todo lo que es venta de software y algunos estudios de no convencional", explica. "Trabajamos para cualquiera de las operadoras, ofrecemos soluciones y hacemos estudios para cualquier inconveniente o punto de dolor que tengan las empresas".
El home office le permitió articular mejor la vida familiar, laboral y deportiva. Reconoce que su entorno fue clave: desde su madre y el padre de sus hijos hasta las mujeres que la acompañaron en la crianza. "Isabel es mi salvadora, mi mano derecha", dice. "Ahora la tengo a Cintia, que también me está ayudando un montón, y Dani también me ayuda".
Aunque los chicos ya son más grandes, el teléfono siempre suena: la mamá suele ser la primera consulta ante una enfermedad, una duda o un consejo.
Este domingo, quizás, sea más tranquilo. Vienen de semanas intensas organizando una carrera trail junto a Daniel y dos de sus hijos estudian lejos. "Para mí todos los días son el Día de la Madre; tratamos de disfrutar los momentos que encontramos", reflexiona. "Hace poco fuimos a esquiar, nos encontramos y acá seguimos acompañando a las más chicas. Estamos todo el día así. Después del trabajo salimos a correr o a buscar a las nenas a algún lado. Un cumpleaños de quince, básquet. Y así es la vida, pero en el medio hay un montón de gente que te ayuda a seguir adelante, siempre".