La Patagonia libera 1.000 millones de moscas: por qué los productores las piden y qué pasa si fallan

Los productores frutícolas de Río Negro y Neuquén ya pagan un canon sanitario para sostener el programa que mantiene a la Patagonia libre de la mosca de los frutos. La advertencia que hicieron sobre lo que pasaría si esa protección se cae.

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La Patagonia libera 1.000 millones de moscas: por qué los productores las piden y qué pasa si fallan
La Patagonia libera 1.000 millones de moscas: por qué los productores las piden y qué pasa si fallan

La Patagonia arrancó la temporada 2026-2027 de su programa de control preventivo de la mosca de los frutos, una herramienta sanitaria que sostiene la producción frutícola de Río Negro y Neuquén. El inicio de las liberaciones se concretó este miércoles en el Centro de Gestión Productivo Patagónico de Allen, con la presencia de autoridades provinciales y representantes de organismos del sector.

La estrategia combina una red de vigilancia que abarca cerca de 200.000 hectáreas, con 2.000 trampas distribuidas en toda la Patagonia, controles sanitarios, monitoreo permanente de hospederos y la Técnica del Insecto Estéril (TIE), considerada una de las herramientas más eficientes, preventivas y amigables con el ambiente para manejar esta plaga. El objetivo es impedir que una eventual hembra fértil que ingrese a la región logre reproducirse y establecer la plaga.

Qué moscas se liberan y dónde

El sistema se aplica hoy sobre unas 17.000 hectáreas del Alto Valle y Valle Medio de Río Negro y Neuquén. Los insectos son machos estériles de la mosca del Mediterráneo (Ceratitis capitata), una especie distinta de la mosca doméstica y una de las principales plagas de la fruticultura por los daños que provoca en los frutos.

Argentina integra el grupo de países que utilizan la Técnica del Adulto Frío, junto con México, Guatemala, Estados Unidos y Croacia. El programa lo ejecuta en la región la Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica (Funbapa), en el marco del Programa Nacional de Control y Erradicación de Moscas de los Frutos (PROCEM), coordinado por el Senasa.

La Patagonia es reconocida como área libre de mosca de los frutos desde 2005, una condición sanitaria que resulta clave para la producción frutícola. Ese estatus permite comercializar peras, manzanas y cerezas en mercados exigentes como Estados Unidos y China, y evita tratamientos cuarentenarios adicionales que encarecen las exportaciones.

El trabajo que sostiene la temporada

Pablo de Acevedo, director ejecutivo de Funbapa, destacó que el programa exige un esfuerzo sostenido durante todo el año. El esquema prevé distribuir alrededor de 1.100 millones de insectos estériles a lo largo de la temporada, con un promedio de 36 millones por semana. Las liberaciones se hacen por vía aérea y terrestre para cubrir los principales valles productivos y las zonas urbanas.

«La Patagonia es zona libre de mosca de los frutos, reconocida a nivel internacional», afirmó De Acevedo.

Según detalló, los operativos aéreos alcanzan Neuquén, Cipolletti, Roca y Plottier, mientras que por vía terrestre se trabaja en Villa Regina, Valle Medio, Centenario y Allen.

El director ejecutivo de Funbapa remarcó que el control preventivo es clave porque la mosca de los frutos está considerada una de las plagas más importantes para la fruticultura a nivel internacional. «Por eso hoy este programa mismo está reconocido también a nivel internacional como un programa que está funcionando con mucho éxito y que está cumpliendo con los objetivos que se plantea», sostuvo.

El costo que preocupa a los productores

Desde 2025, el programa lo solventan exclusivamente los productores a través del canon sanitario aplicado a la fruta destinada a exportación, mercado interno e industria. El presidente de Funbapa y de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, Sebastián Hernández, puso números al impacto económico: el costo actual ronda los 100 dólares por hectárea, frente a más de 500 dólares si la región perdiera la protección sanitaria.

«Si uno lo mira dentro de los valores que hoy tiene que invertir el sector, estás hablando de cinco a uno», señaló Hernández, que tomó como referencia una producción promedio de 30.000 kilos por hectárea.

El dirigente sostuvo que el beneficio no alcanza solo a las empresas exportadoras. También protege a quienes venden en el mercado interno, porque la presencia de la plaga puede afectar la calidad de la fruta y generar daños directos. «Es un beneficio económico para el sector, que no solamente es un beneficio para aquellos que exportan, sino es un beneficio para toda la actividad», afirmó.

Hernández advirtió que, si la mosca logra instalarse, puede multiplicarse con rapidez y complicar la producción y la comercialización. Una hembra puede poner alrededor de 1.000 huevos en cada postura, lo que da una idea del potencial de crecimiento de la población. La plaga pica los frutos, deteriora su calidad y puede generar restricciones sanitarias en los mercados de destino.

«Los productores nos sentimos orgullosos y creemos que son herramientas que tendrían que estar en todos los programas sanitarios dado a que de esta manera nos genera un costo menor y podemos concentrarnos en otras actividades que son fundamentales», explicó Hernández, y mencionó entre ellas las fertilizaciones.

Cómo se preparan millones de moscas estériles

La liberación es la última etapa de un proceso que arranca en una bioplanta, donde se producen las pupas que después se envían a la Patagonia. Al llegar, el material se recibe por lotes y pasa controles de calidad antes de ingresar al Centro de Empaque de Adulto Frío (CEDAF), ubicado en el kilómetro 1200 de la Ruta Nacional 22, en Allen.

El centro tiene dos salas que permiten trabajar en simultáneo en la emergencia de los adultos y en su acondicionamiento para la liberación. Las pupas se mantienen inicialmente a unos 21 °C y se distribuyen en torres de nacimiento, que pueden alojar alrededor de un millón de ejemplares en 18 bandejas.

«Las ponemos en unas torres de nacimiento, les damos de comer, les ponemos agua y las ponemos adentro de las cámaras», explicó Alejandro Mongabure, coordinador regional del Programa de Control de Mosca de los Frutos (PROCEM Patagonia).

En esa etapa, las moscas reciben una dieta de pasta de maní, agua, azúcar impalpable y proteínas. Las cámaras regulan las condiciones ambientales y cuentan con iluminación programada, alarmas y monitoreo remoto.

Cuando emergen, los ejemplares pasan por la Técnica del Adulto Frío (TAF). El procedimiento baja la temperatura de unos 25 °C a cerca de 0 °C en aproximadamente 40 minutos y reduce la humedad relativa del 65% al 30%. El enfriamiento provoca una inmovilidad temporal que facilita la manipulación y el transporte.

El control simultáneo de temperatura y humedad evita la condensación y que los insectos se aglutinen, además de reducir el estrés fisiológico y preservar su calidad biológica. A diferencia del sistema tradicional de liberación en bolsas, esta técnica permite distribuir adultos acondicionados para su traslado y posterior dispersión.

La máquina que nació en la región

El programa también incorpora tecnología desarrollada en la zona para mejorar la distribución de los insectos y adaptar las liberaciones a las características de cada localidad. Hoy cuenta con tres unidades terrestres, cada una con capacidad para dispersar hasta 1,5 millones de ejemplares.

«Nosotros inventamos una máquina que es como una sembradora de mosca», explicó Mongabure. El desarrollo permite mecanizar una tarea que requiere precisión para distribuir los insectos de manera controlada.

Los vehículos cuentan con geolocalización y un sistema de dosificación que permite definir los sectores de trabajo, registrar los recorridos y ajustar la cantidad de ejemplares que se libera. Así, los equipos siguen una planificación previa y distribuyen las moscas a lo largo del trayecto.

La tecnología terrestre se complementa con liberaciones aéreas en las ciudades más grandes, como Neuquén, Cipolletti, General Roca y Plottier. La elección del método depende de las características de cada localidad y de la cobertura que se necesita alcanzar.

El despliegue se realiza dos veces por semana. Según los datos del programa, se distribuyen entre 30 y 36 millones de insectos semanales, con un volumen total cercano a los 1.000 millones durante la temporada, que se extiende de octubre a mayo.

El monitoreo que sostiene el estatus sanitario

La tarea continúa después de cada liberación, con el seguimiento de las trampas distribuidas en las áreas bajo vigilancia. La información recolectada permite detectar la presencia de moscas y evaluar el comportamiento de la población en las zonas monitoreadas.

El programa también hace controles técnicos para comprobar la calidad de los ejemplares liberados. Entre las pruebas se encuentran las evaluaciones de emergencia, capacidad de vuelo y longevidad, que permiten verificar si los insectos mantienen las condiciones necesarias para cumplir su función.

La vigilancia es clave para detectar eventuales ingresos de moscas fértiles y orientar las medidas de control. Así, las liberaciones se integran a un sistema que combina tecnología, seguimiento sanitario y prevención para preservar la condición de la Patagonia como zona libre de mosca de los frutos.

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