La operaron de cataratas, perdió la visión de un ojo y pidió $56 millones: cómo terminó todo
Una mujer de 70 años perdió la visión de un ojo después de operarse de cataratas y llevó al oftalmólogo a la Justicia por una suma millonaria. La sentencia ya está firmada, pero el fallo no es el que ella esperaba: lo que resolvió la jueza cambia por completo el futuro del caso.
Una mujer de 70 años que quedó sin visión en su ojo izquierdo tras una cirugía de cataratas no consiguió que la Justicia de San Juan condenara al oftalmólogo que la operó. La demanda por daños y perjuicios que había presentado por poco más de $56 millones fue rechazada.
La paciente sostenía que la intervención le había costado la vista del ojo. Sin embargo, el expediente no logró acreditar que el profesional hubiera actuado con negligencia, según informó 0264 Noticias.
La cirugía y el diagnóstico
La mujer llegó al consultorio del oftalmólogo Juan Carlos Rocco cuando tenía 66 años, con problemas de visión. El médico le detectó cataratas en ambos ojos, pero la afección era más grave en el izquierdo.
Como los lentes no resolvían el problema, Rocco le recomendó operarse. La intervención se realizó el 12 de agosto de 2022 y, según los registros médicos, los estudios previos indicaban que la paciente estaba en condiciones de someterse a la cirugía.
En principio, la operación fue considerada exitosa. Pero después la mujer sufrió una descompensación de la córnea que terminó en la pérdida total de la visión del ojo izquierdo.
Qué dijeron los peritos
Una oftalmóloga que actuó como perito en la causa confirmó que se habían cumplido los protocolos para una cirugía de cataratas. También indicó que la descompensación corneal es una complicación contemplada en la literatura médica.
Los argumentos de la jueza
La jueza Adriana Tettamanti, del fuero Contencioso Administrativo, analizó los estudios previos, la historia clínica, los controles posteriores y la pericia médica. También tuvo en cuenta que el profesional trabajaba en una clínica con el equipamiento necesario y la habilitación del Ministerio de Salud para ese tipo de intervenciones.
Otro punto que pesó fue el seguimiento posterior. La paciente asistió a los controles durante los tres días siguientes a la operación, pero después dejó de ir. Desde la clínica intentaron comunicarse con ella varias veces ese mes para que regresara. La mujer habría respondido que se encontraba bien y que volvería otro día, cuando terminara las gotas recetadas.
En su sentencia, la magistrada sostuvo que el médico había hecho los estudios necesarios, informado a la paciente sobre el diagnóstico y recomendado la intervención. Además, destacó que hasta el último control registrado no se habían presentado complicaciones.
Tettamanti recordó que para atribuir responsabilidad profesional hay que demostrar culpa médica y que el paciente debe probar que el profesional incumplió su deber de actuar con diligencia. En ese sentido, explicó que la obligación de los médicos es de medios y no de resultados: deben actuar según los conocimientos y procedimientos de su profesión, pero no pueden garantizar una curación ni una mejoría.
La jueza concluyó que las pruebas incorporadas a la causa no permitían acreditar una actuación negligente, imprudente o con impericia por parte del oftalmólogo. Por eso rechazó la demanda y lo eximió de la responsabilidad civil reclamada.
Según fuentes judiciales citadas en la publicación, la mujer todavía podría apelar la sentencia.