La novela de Cortázar que quedó eclipsada por Rayuela y hoy vuelve a fascinar
¿Qué se esconde detrás de la puerta prohibida en 'Los premios' de Cortázar? La novela que fue eclipsada por Rayuela resurge con nuevas lecturas.
En un café de Buenos Aires, un grupo de desconocidos se entera de que ganó un viaje en barco gracias a una lotería de la que no recuerda haber participado. Suben a bordo sin destino conocido, sin capitán identificado y sin fecha de regreso. La incertidumbre parece ser parte del premio, hasta que una orden simple pero desconcertante lo cambia todo: nadie puede pasar a popa.
Ese es el punto de partida de “Los premios”, la novela que Julio Cortázar publicó en 1960, tres años antes de que “Rayuela” lo convirtiera en una leyenda. Durante décadas, esta obra fue considerada un simple ensayo, un borrador de lo que vendría después. Pero las relecturas actuales invitan a descubrirla por sí misma, sin comparaciones.
¿Qué hay detrás de la puerta prohibida?
La novela plantea una situación apenas desviada de la realidad, pero esa mínima alteración lo transforma todo. Los pasajeros se dividen: algunos aceptan la prohibición sin cuestionarla, otros sienten que ceder ante una regla sin explicación es perder algo esencial. La pregunta ya no es qué hay en la popa, sino por qué algunos necesitan saber y otros prefieren no preguntar.
Leída hoy, sorprende que las obsesiones que asociamos con Cortázar ya estén presentes: el juego como forma de conocimiento, la realidad porosa, la crítica a las convenciones sociales, la búsqueda de un “otro lado” indefinible.
Un barco que es una Buenos Aires flotante
Aunque la nave se aleja de la ciudad, los personajes hablan, discuten y se relacionan como porteños. Cargados de prejuicios de clase e ironías, convierten el viaje en un experimento social: ¿qué pasa cuando alguien altera las reglas de convivencia?
El propio Cortázar nunca quiso cerrar el misterio. En una entrevista, confesó que tampoco sabía qué había exactamente en la popa. El enigma no funciona como un acertijo policial, sino como un mecanismo para poner a prueba a los personajes y al lector.
Persio, el personaje que divide aguas
Durante mucho tiempo, Persio, ese pasajero que se entrega a largas reflexiones, fue señalado como el punto débil del libro. Sin embargo, las nuevas lecturas lo reivindican: sus divagaciones modifican el ritmo y amplían el sentido del viaje. Aprender a mirar de otra forma también es parte de la aventura.
La novela fue leída durante años como la antesala de “Rayuela”. Hoy la crítica le devuelve autonomía y reconoce que muchas de las preguntas que hicieron de Cortázar un grande del siglo XX ya estaban formuladas en estas páginas.
Tal vez sea esa la mejor razón para volver a “Los premios”: plantea un interrogante incómodo y divertido. Frente a una puerta cerrada, frente a una regla sin sentido, ¿qué se hace? Cortázar nunca respondió, pero nos dejó frente a ella. Y sesenta y seis años después, todavía dan ganas de cruzarla.