La mora vuelve a trepar y ya alcanza a casi 6 millones de personas
La mora volvió a subir en julio y ya son casi 6 millones las personas en situación irregular. Pero hay un dato que preocupa todavía más: la puerta de entrada a la deuda ya no está en los bancos.
La morosidad del crédito retomó su senda alcista en julio y volvió a acercarse a los 6 millones de deudores, según un informe de la consultora 1816 elaborado sobre la base de datos del Banco Central (CENDEU).
Después de una breve pausa en junio, explicada por el pago del medio aguinaldo y un aumento de las refinanciaciones, la irregularidad total del sector privado no financiero pasó de 7,63% a 7,73% entre junio y julio. La mora de las familias escaló de 12,77% a 12,94%, mientras que la de las empresas avanzó de 3,50% a 3,61%.
El dato de julio confirma que la interrupción de junio fue solo un respiro estacional. En ese mes, muchos hogares usaron el ingreso extra del aguinaldo para ponerse al día y una mayor cantidad de deudores accedió a refinanciaciones que, contablemente, los bancos no registran como morosos. Pero un mes después, la tendencia de 19 meses consecutivos de subas se reinstaló.
La primera versión de la base CENDEU de julio todavía puede sufrir modificaciones, aunque la consultora señala que en lo que va de 2026 las revisiones no alteraron el ratio agregado de mora y que, en el caso de las familias, la diferencia entre el dato preliminar y el definitivo nunca superó el 0,1 por ciento. Por eso, consideran que los números son un anticipo bastante concreto de lo que informará el Banco Central.
Por qué sube la mora
Según el documento de 1816, la suba de julio se explicó principalmente por una nueva reducción en términos reales del saldo total de financiaciones. El saldo de los créditos en mora prácticamente no se movió respecto de junio, pero al caer el denominador –el stock total de crédito–, el porcentaje de irregularidad aumenta. Es decir, no necesariamente hay más hogares con deudas vencidas, sino que esas obligaciones pesan más sobre un stock de crédito que se contrajo.
La irregularidad subió en 23 de las 30 principales entidades financieras, medidas por su volumen de crédito a hogares. Al mismo tiempo, siguen creciendo las refinanciaciones: el saldo refinanciado ya representa el 3,7% del crédito total a las familias y el 0,8% del crédito a las empresas. Pero el efecto de esas reestructuraciones tarda en verse: según la normativa del Banco Central, un deudor en Situación 3 (atraso de 90 a 180 días) necesita pagar dos cuotas consecutivas para pasar a Situación 2; en Situación 4 (180 días a un año), tres cuotas; y en Situación 5 (más de un año), también tres cuotas. Así, una persona que refinancia en Situación 4 puede necesitar al menos cinco meses para dejar de ser considerada morosa, y hasta ocho meses si estaba en Situación 5.
El crédito por fuera de los bancos
La evolución de la mora también refleja un cambio profundo en el mercado de crédito. Un informe del Centro de Investigación de Economía Nacional muestra que, entre julio de 2024 y junio de 2026, los bancos sumaron 16% más de deudores, mientras que las entidades no bancarias –billeteras virtuales, tarjetas regionales, financieras de consumo y préstamos rápidos– aumentaron 59% la cantidad de personas alcanzadas. El universo de deudores no bancarios pasó de 8,5 millones a 13,5 millones.
Hoy, los bancos concentran cuatro de cada cinco pesos prestados a las familias, con un endeudamiento promedio de 5,5 millones de pesos por cliente. En las entidades no bancarias, el promedio es de 1,4 millones. El resultado es un sistema de crédito con dos velocidades: las entidades bancarias prestan más dinero, pero las no bancarias llegan a mucha más gente. El sector no bancario ya representa el 65% de las personas con deuda, aunque apenas concentra el 19% de los pesos prestados.
El grupo que más creció es el de quienes combinan deuda bancaria y no bancaria: pasó de 4,3 millones a 7,2 millones de personas, un aumento del 68%. Ese grupo ya concentra el 58% de toda la deuda de las familias y el 72,5% de la mora medida en pesos, aunque representa apenas un tercio de las personas en situación irregular.
La diferencia en la incidencia de la mora es contundente: por cada 100 pesos adeudados por personas que solo tienen créditos bancarios, 8 están en mora; entre quienes combinan ambos tipos de deuda, la cifra asciende a 23 pesos; y entre quienes solo deben a entidades no bancarias, llega a 34 pesos.
El problema es que una renegociación individual no alcanza cuando una misma familia tiene obligaciones con varios acreedores. Puede refinanciar con uno y seguir vencida con otro. Y la puerta de entrada a la irregularidad ya no está en los bancos: seis de cada diez personas que ingresaron por primera vez a la mora lo hicieron a través de una entidad no bancaria. Entre los jóvenes de 18 a 25 años, la proporción trepa a 76 de cada 100.
Dos años atrás, la probabilidad de estar en mora era similar entre un deudor solo no bancario (25%) y uno solo bancario (22%). Hoy, las proporciones son de 44% y 28%, respectivamente.
La deuda invisible
El panorama se completa con las obligaciones que no figuran en los registros del Banco Central. Según un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 92,3% de los hogares tiene algún tipo de deuda, pero apenas el 50,7% de esas obligaciones puede identificarse a partir de la información del BCRA. El resto corresponde a alquileres, compras fiadas en comercios de proximidad, impuestos, tasas, expensas, servicios, educación privada y préstamos entre familiares o prestamistas no regulados.
El fiado en comercios de barrio representa el 13,3% de las obligaciones relevadas, los alquileres el 12,5%, impuestos, tasas y expensas el 8,5%, y los préstamos informales el 4,7%. Además, el 62,5% de las compras con tarjeta se destina a alimentos, un porcentaje que no para de crecer: era 61% en marzo de 2026, 58% en 2025 y 54% en 2024.
La cantidad de hogares con más de tres deudas también aumentó: pasó de 8% en 2024 a 28,4% en agosto de 2026. Y la proporción de deudas impagas o incumplidas trepó al 88,9%, con un 41,3% en instancia judicial. En agosto, el 44% de los hogares destinaba más de la mitad de sus ingresos a pagar deudas, contra 18% en 2024.
El circuito es claro: el crédito permite sostener gastos presentes, pero compromete ingresos futuros. Cuando una parte creciente de esos ingresos se va en cancelar obligaciones, queda menos margen para consumir, enfrentar imprevistos o ahorrar.