La montaña que los técnicos encontraron no se parece a la de otros años: en lugar de 30 centímetros de nieve, ahora hay tres metros. Esa diferencia obligó a cambiar hasta el helicóptero y retrasó el pronóstico hídrico de San Juan, que se conocerá en dos semanas. ¿Alcanza con medir la nieve para saber cuánta agua tendrá la provincia?
Los técnicos de Hidráulica lograron por fin llegar a la alta cordillera y medir la nieve acumulada, pero el pronóstico hídrico que espera San Juan todavía no está listo y la demora tiene una explicación que va más allá del clima.
El director del Departamento de Hidráulica de la provincia, José María Ginestar, confirmó que los relevamientos en la montaña ya se concretaron, aunque el informe con la estimación de agua disponible para la próxima temporada de riego se conocerá recién dentro de dos semanas. El retraso se originó en septiembre, el mes previsto para las mediciones, cuando los temporales de nieve bloquearon el acceso a los puntos de control.
En diálogo con el programa Buen Día Día, de Canal 13, el funcionario explicó que el operativo exigió más que una simple espera: también hubo que cambiar el helicóptero para contar con mejores condiciones de vuelo. La razón es que la montaña ya no luce como en años anteriores.
Una cordillera con otra cara
Ginestar fue tajante al describir el contraste: «No es lo mismo llegar a una montaña con tres metros de nieve que a una que antiguamente llegábamos con 30 centímetros», detalló. Esa diferencia en la fisonomía del terreno obligó a ajustar la logística de los vuelos y a esperar una ventana de estabilidad que recién apareció después de varias jornadas de mal tiempo.
Con las mediciones ya en mano, el equipo de Hidráulica trabaja ahora en el procesamiento de los datos, el análisis estadístico y la ponderación de variables para calcular cuánto de esa nieve podría terminar alimentando el río San Juan. La semana próxima habrá nuevas reuniones con especialistas de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) para afinar los modelos antes de difundir los resultados.
El Niño, la nieve y una cuenta que no cierra sola
El contexto de este año está marcado por El Niño, un fenómeno que genera expectativas por las precipitaciones y la humedad en la región. Sin embargo, el volumen de nieve acumulada no garantiza automáticamente más agua disponible. Su transformación en caudal depende de factores como la temperatura, la radiación solar y la humedad atmosférica.
«Si hay más días de sol impacta en el caudal, pero si hay menos días pasa lo mismo, pero en términos negativos: se termina dejando la nieve en cordillera. Si la nieve agarra una atmósfera más seca, termina sublimando», advirtió Ginestar. La sublimación es el proceso por el cual la nieve pasa directamente de sólido a gas sin convertirse en agua líquida, por lo que nunca llega a los cauces.
El año pasado ya se vivió una situación similar: hubo un temporal de nieve de menor magnitud, pero las condiciones posteriores favorecieron la sublimación y limitaron el aporte de agua. Por eso, el funcionario subrayó que lo central del pronóstico es estimar qué proporción de esa acumulación se convertirá efectivamente en escurrimiento.
El río ya muestra señales
El comportamiento de los cauces en las últimas semanas dejó ver algunos efectos del deshielo. Tras varios días de temperaturas altas y sol, el caudal del río Los Patos, en Calingasta, registró un incremento como consecuencia del agua que baja de la montaña. No obstante, Ginestar aclaró que «las condiciones pueden ser muy diferentes entre la ciudad y la alta cordillera, por lo que las temperaturas registradas en el llano no permiten anticipar por sí solas el ritmo del deshielo».
El proceso también podría tener un impacto en las reservas subterráneas. «El agua que se libera con la fusión de la nieve debe atravesar sectores de la montaña y puede infiltrarse en terrenos que llevaban años sin recibir aportes importantes», explicó el titular de Hidráulica. Esa recarga podría elevar los niveles de las napas y, con el tiempo, notarse tanto en los cauces como en los pozos.
«Probablemente sea el año en que las nacientes se recarguen y terminen teniendo más agua subterráneamente», sostuvo Ginestar. El desafío, entonces, será determinar qué parte del agua acumulada quedará en la montaña, cuánta llegará a los ríos y cuánta contribuirá a recuperar los acuíferos.
Lo que viene
El objetivo declarado es alcanzar la mayor precisión posible antes de fijar las previsiones para la próxima temporada de riego. Ginestar también advirtió que la inestabilidad climática puede generar temperaturas elevadas en la ciudad mientras la alta montaña sigue fría, una combinación que podría ralentizar el deshielo.
«Estos días que hubo tres días de sol nos permitió ver cómo creció el río Los Patos. Hay que ver qué sucede en la montaña, más que lo que sucede en la ciudad», concluyó el funcionario.