La merluza se recuperó después del colapso de 2022, pero los científicos salieron al mar a comprobar algo que puede cambiar el futuro de la pesca en Río Negro. El operativo ya está en marcha y el resultado no es el que muchos imaginan.
El buque Mar Argentino navega las aguas de Río Negro y se interna un poco en Chubut. A bordo, un equipo de científicos rionegrinos trabaja contra reloj: tienen apenas 15 días para responder una pregunta que define el futuro de la pesca en el Golfo San Matías. La campaña de Recursos Demersales 2026 (REDE26) arrancó el lunes 2 de noviembre y se extenderá hasta el 16.
El objetivo es claro: saber si la recuperación que mostró la merluza en 2024 se sostiene o si fue apenas un espejismo. “Esta campaña 2026 es una foto en una historia”, resumió el doctor en Ciencias Biológicas Matías Ocampo Reinaldo, investigador adjunto del CONICET en el Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos “Almirante Storni” (CIMAS).
Del colapso a la incógnita
En 2022, la biomasa de merluza tocó el piso más bajo jamás registrado. La emergencia pesquera no tardó en llegar y el Estado limitó la actividad para intentar salvar la especie. Dos años después, el relevamiento de 2024 trajo un alivio: la biomasa se había duplicado y aparecían más juveniles. Pero el propio Ocampo Reinaldo se encargó de enfriar el optimismo: “los resultados estaban muy lejos de los niveles históricos que habían mostrado ser sostenibles”.
¿Qué pasó para llegar a ese colapso? El investigador reconstruyó la historia reciente de la flota. Entre 2004 y 2010, la cosa era estable: ocho a diez barcos se dedicaban exclusivamente a la merluza. Todo cambió a partir de 2012 y 2013, cuando Río Negro experimentó un aumento considerable del esfuerzo pesquero de la mano de la pesca de langostino.
Las redes de arrastre que usaban esos barcos no discriminaban: atrapaban todo lo que encontraban a su paso, incluida la merluza. “El descarte juvenil fue muy alto, tanto en los lances dirigidos a langostinos como los lances dirigidos a merluza propiamente dicho”, explicó Ocampo Reinaldo. Y sentenció: “Fue un exceso por donde se lo mire. Eso, entre otras cosas que tenemos medidas, es la causa más probable de que se haya generado el colapso”.
¿Qué buscan los científicos en esta campaña?
La misión no es solo contar peces. Los investigadores recorren estaciones predefinidas, realizan lances cortos, identifican, pesan y muestrean cada ejemplar. La pregunta de fondo es qué ocurrió con aquellos juveniles que aparecieron en 2024: si crecieron, si la estructura de tamaños de la población cambió. Para Ocampo Reinaldo, seguir una cohorte a lo largo de varias campañas permite entender la dinámica del recurso mucho mejor que un dato aislado.
El buque Mar Argentino pertenece al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), pero Río Negro lo alquiló para esta campaña. La embarcación aporta su tripulación y personal del INIDEP para operar algunos equipos. Sin embargo, el diseño, la ejecución, los muestreos y el análisis de los resultados son de la ciencia rionegrina. “Toda la campaña pertenece a Río Negro y pertenece al CIMAS”, recalcó el investigador.
Además de la merluza, la campaña releva otras especies como la anchoíta, el langostino y el pez gallo, y toma mediciones del ambiente marino. El objetivo final es producir información propia y comparable que permita seguir la evolución de la merluza en el Golfo San Matías.
Ciencia y pesca: una relación que se reconstruyó
“Estamos bien”, define Ocampo Reinaldo el vínculo actual entre los científicos y la industria pesquera. No siempre fue así. Durante años, los investigadores quedaron al margen de las decisiones y las autoridades no escuchaban sus advertencias. Hoy, según el especialista, todos entienden que trabajan por un mismo objetivo y logran acordar.
Ese acercamiento se materializó cuando se retomó una iniciativa que había funcionado hasta 2009: el proyecto ECOPES, que sentó las bases para elaborar planes de manejo pesquero. Con financiamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI), el CIMAS y la Subsecretaría de Pesca y Producción Acuícola recuperaron ese trabajo junto con empresas y pescadores.
El propósito es establecer una mesa de gestión conjunta para que las decisiones no dependan solo de las autoridades de turno. Los participantes definen protocolos para compartir información, priorizar problemas y acordar cambios en las reglas de la pesca. “Hemos encontrado los métodos para hablar y los métodos para ponernos de acuerdo”, destacó Ocampo Reinaldo. Y anticipó que esperan tener los primeros planes para algunas pesquerías del Golfo San Matías hacia fin de año.
Una especie caníbal y adaptable
La merluza es un pez carnívoro y depredador activo. Su dieta incluye otros peces y crustáceos, pero puede variar según la disponibilidad de alimento. En situaciones de escasez, no duda en recurrir al canibalismo. Es generalista y flexible: tolera cambios de salinidad y temperatura, y modifica su distribución según la época del año y las condiciones del mar.
Vive en cardúmenes asociados al fondo, donde conviven juveniles y adultos, pero realiza desplazamientos verticales diarios. Durante el día permanece cerca del fondo; por la noche asciende en la columna de agua para alimentarse. Según Ocampo Reinaldo, alcanza la talla comercial alrededor de los tres años.
Mientras el Mar Argentino surca el Golfo San Matías, la ciencia rionegrina apuesta a responder si la recuperación de la merluza es sólida o solo un respiro. La foto de 2026 estará lista en pocos días.