La madre que desafió a la justicia mexicana por el femicidio de su hija y terminó asesinada frente a un palacio
Marisela Escobedo pasó dos años persiguiendo al asesino de su hija. Consiguió que lo condenaran a 50 años de prisión, pero el culpable ya estaba prófugo. La noche en que reclamaba justicia frente a un palacio de gobierno, un hombre se acercó y le disparó. Las cámaras registraron todo. Lo que pasó después con los responsables...
Marisela Escobedo murió como vivió los últimos dos años de su existencia: reclamando justicia. La noche del 16 de diciembre de 2010, un sicario la ejecutó de un disparo en la cabeza mientras protestaba frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, en México. Su crimen, captado por las cámaras de seguridad, conmocionó al país y destapó las grietas de un sistema que primero absolvió al asesino confeso de su hija y luego lo dejó escapar.
Una madre convertida en investigadora
Todo empezó el 30 de agosto de 2008, cuando Rubí Marisol Frayre Escobedo, de 16 años, fue asesinada en Ciudad Juárez. La adolescente salía con Sergio Rafael Barraza Bocanegra, quien según la investigación la golpeó hasta matarla y después ocultó su cuerpo.
Lejos de esperar que la policía resolviera el caso, Marisela inició su propia pesquisa. Siguió pistas, presionó a las autoridades y logró que detuvieran a Barraza. El hombre confesó el crimen y hasta indicó dónde había escondido los restos de la joven. En junio de 2009, la madre encontró partes del cuerpo de su hija en el lugar señalado.
Pero el alivio duró poco. En abril de 2010, un tribunal absolvió a Barraza por considerar insuficientes las pruebas de la fiscalía, a pesar de su confesión. El asesino confeso recuperó la libertad.
La lucha que terminó en tragedia
Marisela no se rindió. Organizó protestas, recorrió el país y elevó el caso hasta las autoridades federales. Su presión rindió frutos en mayo de 2010, cuando un tribunal de casación revocó la absolución y condenó a Barraza a 50 años de prisión. Para entonces, el condenado ya se había fugado.
La madre siguió reclamando su captura y denunció amenazas en su contra. Incluso viajó a Ciudad de México para pedir protección. La noche del 16 de diciembre de 2010, mientras mantenía una vigilia frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, un hombre se le acercó y le disparó. Las cámaras muestran a Marisela corriendo hacia el edificio, pero cayó a pocos metros de la entrada.
Una red de impunidad que sigue vigente
El asesinato de Marisela generó una ola de indignación en México. Organizaciones de derechos humanos exigieron una investigación que incluyera las amenazas que ella había denunciado.
En octubre de 2012, la Fiscalía de Chihuahua anunció la detención de José Enrique Jiménez Zavala, alias “El Wicked”, como el autor material del crimen. Sin embargo, la familia de Marisela siempre cuestionó esa versión y apuntó a Andy Barraza Bocanegra, hermano de Sergio, como el verdadero responsable.
“El Wicked” murió en enero de 2015 dentro de una prisión de Chihuahua, sin recibir condena. Las autoridades primero dijeron que había sufrido un infarto y luego que fue estrangulado por otro interno. Sergio Barraza, el femicida de Rubí, tampoco cumplió su pena: murió en noviembre de 2012 en un enfrentamiento con militares en Zacatecas.
El único de los implicados que sigue vivo es José Arturo Barrón Rodríguez, alias “El Gordo”, el conductor que esperaba en el auto mientras “El Wicked” atacaba a Marisela. Fue condenado a 40 años de prisión por el asesinato de la activista y cumple cadena perpetua por su participación en la masacre del bar El Colorado.
Así, los dos principales sospechosos del crimen de Marisela Escobedo murieron sin ser juzgados. Su historia quedó como un símbolo de la lucha de las madres contra la violencia machista y la impunidad en México.