La madre de Perón pasó sus últimos años en Comodoro y casi nadie lo sabe

Su hijo llegó a la presidencia y ella se convirtió en la figura más venerada de Comodoro. Pero la historia de Juana Sosa Toledo terminó en una casa de barrio, un velorio municipal y un busto que un vecino escondió durante años.

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La madre de Perón pasó sus últimos años en Comodoro y casi nadie lo sabe
La madre de Perón pasó sus últimos años en Comodoro y casi nadie lo sabe

Juana Sosa Toledo no fue una figura pública, pero su vida quedó atada a uno de los nombres más importantes de la historia argentina. Madre de Juan Domingo Perón, vivió y murió en Comodoro Rivadavia, y su historia, marcada por la humildad y el olvido, fue rescatada por la periodista Elvira Córdoba en el libro Crónicas del Centenario.

"Cuento lo que yo sé porque también hay muchos interrogantes en la vida de ella, como pasó en la vida de muchas mujeres. Uno dice 'no dejaron rastro' pero en realidad nadie escribió sobre sus historias", explica Córdoba, y destaca que en los últimos años los historiadores comenzaron a registrar la presencia femenina en la historia argentina y local.

De Los Toldos a la Patagonia

Nacida en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en 1874, Juana tuvo a su primer hijo, Mario, a los 16 años, y a los 21 a Juan Domingo. A principios del siglo XX la familia se radicó en Chubut, en la Estancia La Porteña, en la zona de Sierra Cuadrada.

"Doña Juana Sosa vivió cerca de Comodoro, en una estancia que era de familia Perón. Una estancia que todavía existe y que pertenece a los descendientes de los hermanos Mario y Juan Domingo. Allí hay un cartel que dice: '1909 Estancia La Porteña', que es cuando ellos compraron ese campo", sostuvo la periodista.

Según los testimonios que recogió Córdoba, los abuelos paternos de Perón eran de una familia de clase media alta, estricta y profesional. "Tenía 21 años cuando nació Juan Domingo. ¿Por qué de ese semi anonimato de Juana? Al momento de tener a sus hijos no estaba casada, pero su suegra, una mujer rígida, no solo los obliga a casarse, sino que también se hace cargo de la educación de sus nietos. Se los lleva, eso es lo que se lee entre líneas de las descripciones cuando te cuentan, porque estaba la intención de anotarlos en el Colegio Militar de la Nación", detalló.

La mudanza y el peso de ser la madre del presidente

Tras la muerte del padre de sus hijos, Juana se casó con Marcelino Canosa, un peón de la zona. En 1940 se mudaron a Comodoro Rivadavia y se instalaron en una casa de la calle Rivadavia, entre Alem y Viamonte, en el barrio La Loma.

Seis años después, en 1946, su hijo menor se convirtió en presidente de la Nación. Aquella mujer simple, sencilla y analfabeta pasó a ser el centro de atención. "Era un honor, un orgullo para los peronistas comodorenses y para la Gobernación Militar de ese momento en Comodoro", aseguró Córdoba.

"En el año 46 su hijo es elegido presidente. De pronto doña Juana, que era una mujer sencilla, de vestidos, de batones, de alpargatas bigotudas, como la describen, es madre del presidente. Entonces le aparecen innumerables cantidades de amigos, de conocidos. Empieza a ser una mujer venerada porque doña Juana recibía cartitas por un terreno, cartitas por trabajo", agregó.

Para la periodista, su rol fue más allá de lo simbólico: "Ella era la enviada, la presencia local del Presidente de la Nación. Era un honor, un orgullo para los peronistas comodorenses, para el gobierno militar de ese momento, de la Gobernación Militar acá en Comodoro".

El recuerdo de un vecino

Jorge Schmidt, que fue su vecino cuando era chico, la recordó sin solemnidad: "Doña Juana era una mujer común. Yo era chico y para mí no era muy importante que fuera la mamá de Perón. Ella era una mujer humilde, muy gorda, siempre sentada en una silla de álamo torneado, con un asiento de mimbre agujereado y con un almohadón. Jugábamos en su patio con otros chicos. Yo primero pasaba por su cocina, y ahí estaba, siempre zurciendo medias con ayuda de un mate. Lo más feo para mí es que me recibía con un beso en la mejilla, y yo me la limpiaba con la manga".

La enfermedad y la muerte

En 1953 la salud de Juana se deterioró. Su médico era el doctor Napolitani, que vivía a dos cuadras de su casa. Tenía un cuadro grave de diabetes, y Perón pidió que la trasladaran a Buenos Aires, un viaje que el profesional desaconsejó por su estado endeble.

Córdoba entrevistó a Napolitani y recordó: "Doña Juana tenía como médico -porque era la madre de Perón- nada más ni nada menos que al doctor Napolitani, que vivía a dos cuadras de su casa. De hecho, cuando se enferma gravemente a principios de año 53, que es cuando muere, su marido don Canosa le habla al presidente y le informa; entonces el presidente dice: 'que la lleven urgente a Buenos Aires'. Napolitani se niega porque no se podía ni mover. Entonces el presidente habla con el gobernador militar para que pongan todo a disposición de la salud de su mamá, pero ella muere a mitad de ese año, un sábado 30 de mayo".

Schmidt sumó una anécdota familiar: "Otra cosa que mi padre contaba era que cuando murió doña Juana él tuvo que salir de testigo a pedido del Doctor Napolitani, porque no consiguieron otra persona; el chiste era que mi papá era afiliado radical".

El 30 de mayo de 1953 Juana Sosa Toledo murió en Comodoro Rivadavia. Su cuerpo fue velado en el hall principal de la Municipalidad y se decretó duelo en el territorio de la Gobernación Militar. Los medios gráficos de la época exaltaron "el dolor popular" e invitaron a organizaciones, escuelas y a la comunidad a despedirse de la madre del presidente. Luego, un avión presidencial trasladó el cuerpo a un cementerio de Buenos Aires.

Un busto rescatado del olvido

Hoy el monumento de doña Juana, en el barrio Presidente Ortiz, recuerda su paso por la ciudad. Maggie Quintero, antigua habitante del barrio de Km 5, explicó a ADNSUR su origen: "El 11 de agosto de 1954 se instaló el monumento de doña Juana en el boulevard de la avenida Rivadavia. Luego sobrevino la caída de Perón y todos los monumentos y bustos que había en la ciudad fueron destruidos. En septiembre de 1955, el monumento de doña Juana fue arrancado de su sitio por una yunta de caballos. Un vecino lo guardó, lo recuperó y escondió en la fosa de su galpón por muchos años. En 1987, luego de una consulta popular entre los vecinos del barrio Presidente Ortiz, eligieron su nombre para nuestra plaza, porque la gestión de Perón estaba muy ligada con el barrio ya que fue construido bajo su presidencia".

Quizás muchos se sorprendan al enterarse de que la madre de uno de los hombres que marcó la historia argentina pasó sus últimos años en Comodoro Rivadavia. Tal vez eso hable simplemente de aquella mujer que Córdoba describe sin vueltas: "Sencilla, de vestidos de batones y de alpargatas bigotudas".

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