La lluvia ya golpea la mesa: la papa, la calabaza y el tomate no dan respiro
La lluvia ya se siente en la verdulería: la papa, la calabaza y el tomate treparon en pocos días y los precios que pagás en el mostrador cambiaron. Lo que advierten los puesteros del mercado sobre lo que viene no es alentador.
El exceso de precipitaciones que trajo El Niño no solo complica los días: también está moviendo los precios de las verduras más consumidas en Rosario y la región. La papa, la cebolla, la calabaza, el tomate y el pimiento rojo ya muestran subas que se trasladan al mostrador.
Desde el Mercado de Concentración de Fisherton advierten que las lluvias extremas complican la producción, la cosecha y el traslado de hortalizas. Menos mercadería disponible, precios hacia arriba.
"Esto es día a día"
Marcelo Ortiz atiende una verdulería en el centro de Rosario y sigue de cerca la evolución de los precios. "Esto es día a día", dice, y confirma que el clima de las últimas semanas ya influye en los valores, sobre todo después de las lluvias que azotaron Chaco, Corrientes, Cuyo y el Litoral.
El fenómeno de El Niño todavía no mostró toda su fuerza, pero los aumentos ya empezaron. "La papa aumentó notablemente hace algunas semanas, después de que nevara en Mendoza, donde se concentra gran parte de la producción", explica el comerciante.
En los mercados de productores, la bolsa de papas pasó de 9.000 o 10.000 pesos a entre 20.000 y 30.000, según la variedad: negra, blanca o cepillada. Los verduleros saben que la suba de la papa cuyana arrastra al resto de los precios, sin importar dónde se produzcan.
La calabaza también dio un salto: la semana pasada la bolsa llegó a 60.000 pesos cuando lo habitual no supera los 20.000. El tomate, que ya venía caro, sube al ritmo de las lluvias en el Litoral. "Ayer el cajón costaba 25.000 pesos, hoy ya lo estamos pagando 35.000", asegura Ortiz. El cajón de pimiento rojo pasó de 80.000 a 100.000 en pocos días.
Lo que paga el cliente
Las subas se trasladan directo al bolsillo: el kilo de papas puede llegar a los 3.000 pesos, lo mismo que la cebolla; el kilo de tomates perita ronda los 3.500 y el de calabaza llega a 6.000. Hace unas semanas, dos kilos de papa costaban 2.550 pesos, dos de cebolla 3.000 y el kilo de calabaza apenas mil.
Precios atados al clima
Sebastián, un histórico puestero del Mercado de Concentración de Fisherton, lo resume: "Nuestros precios están exclusivamente atados al clima y a la oferta y la demanda". Y ejemplifica: si el granizo destruye la producción de naranjas, la fruta se importa de España o Israel y el precio sube.
"La gente piensa que cuando la verdura sube de precio nosotros ganamos sumas siderales, pero esto no es así. La clave es el clima: cuando hay poca mercadería, un producto vale más y cuando hay mucho, vale muy poco", aclara.
La calabaza es un caso testigo. La mayor parte llega de Mendoza, donde se guarda con cal bajo tierra para asegurar la maduración. "Con este clima, la producción se echó a perder, los campos rindieron una quinta parte de lo esperado y se empezó a importar calabaza de Brasil. Por eso ahora está cara, pero el resto de los meses del año estuvo muy barata", detalla.
La cebolla, tradicionalmente producida en Mendoza, Río Negro o Santiago del Estero, también sufrió las inclemencias y debió importarse de Brasil. Al tomate y al pimiento rojo, cosechados en Corrientes y Salta, les faltó calor para madurar.
¿Qué se espera para los próximos meses? "Rezar para que el clima sea acorde a las necesidades de los productores, pero lo veo difícil", dice Sebastián, convencido de que los aumentos seguirán. Y pone otro ejemplo: "El ajo se produce en Mendoza, todo lo que se comercializa es de la cosecha del año anterior. Actualmente los campos están inundados y no se puede entrar. Si tenemos otra semana así, se pierde toda la cosecha".
Un cinturón verde en problemas
"Lo que vamos a tener es una oferta limitada de qué comer y lo que haya va a estar caro", asegura Daiana Eschudi, dueña de "La fruta ama", una verdulería de barrio Echesortu que trabaja con productores del cordón frutihortícola de Rosario.
Ese cinturón verde abastece la mesa de más de dos millones de personas, según el último relevamiento conjunto de la cátedra de horticultura de Ciencias Agrarias (UNR) y el INTA. El estudio, de 2021, registró 205 productores y 2.929 hectáreas hortícolas: el 96% de los establecimientos está en el departamento Rosario, con un promedio de 14,3 hectáreas. Se cultivan 48 especies para mercado fresco, con papa, choclo, perejil, lechuga, acelga y espinaca a la cabeza en superficie.
En esas quintas, las lluvias de la semana pasada pegaron fuerte. "Cuando las lluvias son groseras, el agua se puede llevar las cosas o tapar el área de cultivos. Otras veces escurre bien, no hay anegamientos, pero después de la tormenta no hay recambio de viento ni sol pleno y persiste la humedad, que también afecta a las plantas", explica Eschudi.
Con humedad persistente, las hojas "se honguean" y sostener los cultivos se vuelve difícil. "En las quintas se perdió todo el surco de rúcula y el de espinaca", apunta, y anticipa días complejos: "la lluvia puede romper la flor, impidiendo que se llegue al fruto, en el caso de los zapallitos, o las semillas, en los tomates".
El fenómeno no solo afecta la mesa de quienes viven en el centro, sino la economía de una red de pequeños productores que atraviesan la incertidumbre. "Frente a todo esto, creo que es necesario que nos detengamos a pensar cómo llegamos a esto. Por qué existe un fenómeno de El Niño tan agravado, qué hemos hecho y cuáles son las condiciones que hemos creado para que estos fenómenos climáticos se vean tan incrementados", cierra Eschudi.