La llamada que Romina nunca terminó de entender: "Ahí viene Pablo, te tengo que cortar"
Camila escribía solo por Messenger y cortaba la videollamada apenas escuchaba la puerta. Su hermana cuenta qué la hizo denunciar y por qué cree que el principal sospechoso no actuó solo.
Camila Iglesias tenía 24 años y dos hijos pequeños que, desde hacía un año, vivían con sus respectivos padres. Su cuerpo apareció dentro de una heladera en una vivienda de Cruz del Eje, Córdoba, días después de que se perdiera todo rastro de ella. Por el hecho está detenido Pablo Ezequiel Gómez, su pareja, señalado como el principal sospechoso del femicidio.
Sus hermanas, Romina y Mayra, hablaron con TN y reconstruyeron los últimos meses de la joven: un encierro silencioso que no alcanzaron a ver a tiempo. "Los vecinos dijeron a la prensa que los gritos ya eran costumbre en esa casa, pero ella nunca nos dijo que sufría violencia. Se lo guardó para ella", contó una de ellas.
Un chat que se apagaba cuando él llegaba
La comunicación entre las hermanas tenía reglas que Camila imponía sin explicarlas. No usaba WhatsApp: escribía por Messenger y solo cuando Gómez no estaba en la casa. Romina lo describió con precisión: cuando él volvía, su hermana dejaba de responder y no retomaba el contacto hasta el día siguiente, cuando el hombre se iba a trabajar.
"La tenía casi incomunicada, encerrada, no había estado saliendo casi a ningún lado", relató Romina. La última vez que la vio cara a cara fue en julio. Después, todo pasó por videollamadas que podían durar hasta una hora y media, hasta que del otro lado aparecía la misma frase: "Ahí viene Pablo, te tengo que cortar". Cuando Romina intentaba escribirle de nuevo, el silencio.
Ella le repetía que, si necesitaba ayuda, le avisara. "Si me hubiera dicho que necesitaba ayuda, me movilizaba y la venía a buscar", lamentó.
La señal de alarma
En otras peleas con su pareja, Camila avisaba dónde estaba. Esta vez no lo hizo. Esa ausencia de mensajes fue la que encendió las alarmas de Romina y la llevó a hacer la denuncia. La policía, sin embargo, encontró lo peor: el cuerpo de la joven escondido en una heladera.
El hallazgo se produjo en la madrugada del jueves 15 de octubre. El lunes siguiente cayó detenido Gómez, que acumula antecedentes por violencia de género contra exparejas y ya había estado preso por ese motivo.
La hipótesis de que no actuó solo
Para las hermanas de la víctima, el sospechoso tuvo complicidad. Gómez tenía el brazo dislocado por un accidente y, según la información que la Justicia les transmitió a la familia, la autopsia sugiere que necesitó ayuda para concretar el crimen.
Hasta este sábado hay tres personas detenidas por complicidad: dos en Carlos Paz, acusadas de haber refugiado al sospechoso durante los días en que estuvo prófugo, y una en Cruz del Eje, apresada el jueves por haberle entregado cal y una moladora al acusado.
"Había gente que entraba y salía de esa casa después de lo ocurrido. Esto él no lo hizo solo", insistió Romina. Las hermanas sostienen que hay más implicados que todavía no fueron detenidos.