La libreta que alimentó a Cuba durante 60 años dejó de existir: qué hay ahora en las bodegas
Durante seis décadas garantizó comida subsidiada a las familias cubanas. Hoy las bodegas estatales pintan sus paredes para vender a precios privados y una jubilada de 75 años cuenta qué le queda en la libreta: casi nada.
El sistema que garantizaba comida subsidiada a los cubanos durante seis décadas quedó sepultado por la crisis, el bloqueo petrolero y una reforma económica que nadie anunció formalmente. La libreta de abastecimiento, uno de los símbolos más reconocibles de la Revolución, ya no forma parte de la vida cotidiana de la isla.
"Realmente la libreta de abastecimiento ya no existe", sintetizó a TN el economista cubano Omar Everleny, profesor titular de la Universidad de La Habana y exdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana.
Según estimaciones de algunos economistas, el Estado destinaba alrededor de 1000 millones de dólares anuales a sostener ese programa social, motorizado por un aparato estatal que durante décadas entregó alimentos y productos de primera necesidad a precios muy bajos.
De la abundancia soviética al grito en la calle
Hasta la caída de la Unión Soviética, la libreta funcionaba como el gran aliado de las familias cubanas: la comida alcanzaba y el sistema aseguraba la provisión de todo el mes.
Las bodegas estatales no repartían solo alimentos. También salían de allí productos de higiene personal y limpieza, electrodomésticos, garrafas, ropa, calzado, cigarrillos y hasta botellas de ron.
El mecanismo era simple. Cada diciembre, cerca del fin de año, se entregaba la libreta familiar con los nombres de quienes residían en la casa. Después bastaba con ir a la bodega asignada por domicilio y retirar lo que el Estado repartía a cada núcleo. Todo quedaba anotado en esas hojas de papel-cartón para que nadie recibiera de más ni de menos.
El llamado "bloque socialista" que lideraba Moscú garantizaba una provisión abundante. Pero la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la URSS cambiaron el escenario de un día para otro.
A mediados de los 90, con la crisis ya desatada, los vecinos anunciaban a los gritos la llegada de mercadería en medio de una escasez galopante. "Llegó el pollo", clamaban desde las calles para avisar que el alimento había arribado a la bodega. En esos tiempos difíciles, la libreta ayudaba a resolver la comida por unas dos semanas.
Ese grito hoy no se escucha. El golpe final llegó con el bloqueo petrolero que el presidente estadounidense Donald Trump impuso en enero a la isla, que se sumó al embargo vigente desde 1961.
Los cubanos sobreviven hoy entre una escasez general, cortes de luz que superan las 24 horas y una desintegración social que se percibe en la calle.
"No viene nada al mercado"
"Todavía tengo la libreta, pero no viene nada al mercado ni sé desde cuándo. ¡Nada de nada! Hace tres meses, por ser mayor, me dieron una donación de dos libras de arroz (poco menos de un kilo)", relató a TN una mujer de 75 años de La Habana del Este que pidió identificarse solo como Juana.
Según contó, sobrevive gracias a la ayuda que le envían sus dos hijos que viven en Miami.
Bodegas estatales con precios de tienda privada
Bajo presión de la Casa Blanca, el gobierno de Miguel Díaz-Canel avanza con una reforma económica de sesgo capitalista: más de 176 medidas que buscan una apertura que tardó 30 años en gestarse, en medio de un deterioro social evidente.
El fin de la libreta forma parte de ese plan, aunque nadie lo haya anunciado formalmente. La despedida del sistema de alimentos subsidiados abrió paso a otro tipo de comercio: las bodegas estatales que antes entregaban productos baratos empezaron a vender comida a valores similares a los de las tiendas privadas habilitadas en los últimos años.
"El gobierno abrió pequeñas bodegas en algunos lugares, con precios incluso superiores a las mypimes", dijo a TN la periodista independiente Miriam Leiva desde La Habana, en referencia a las pequeñas y medianas empresas que proliferan en el país.
Everleny señaló que en la capital están pintando y arreglando las bodegas estatales "para empezar a vender cosas a precios" privados. "Es posible ya que ni físicamente la libreta la entreguen en diciembre de este año, porque... ¿para qué?", se preguntó.
El dinero que no alcanza
El salario estatal promedio se ubicó en agosto en 7354 pesos, equivalentes a 61 dólares al cambio oficial, pero apenas a 9 dólares en el mercado negro, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Los jubilados cobran la mitad.
En las tiendas privadas de La Habana, un maple de 30 huevos cuesta unos 3800 pesos (31,66 dólares al cambio oficial) y una botella de aceite sale 2400 (20 dólares). Con su pensión, un jubilado apenas podría comprar esos 30 huevos.
"La mayoría de la población tiene salarios y pensiones muy bajos. Hay hambre y los ancianos mueren desnutridos. No hay medicinas en las farmacias y en el mercado negro están muy caras. Los familiares en el exterior envían (ayudas), pero ni la tercera parte de los cubanos las recibe", aseguró Leiva.
El gobierno sostiene que seguirá entregando alimentos subsidiados a las familias carenciadas, aunque no hay datos sobre cómo se concretará esa entrega.
Salvo una minoría favorecida por los negocios privados, los cubanos sobreviven con la ayuda de familiares emigrados, sobre todo en Estados Unidos. El resto la pasa muy mal.
"La libreta de abastecimiento ya no forma parte de las vidas de los cubanos", resumió a TN el actor cubano Daniel Triana, excoordinador de la plataforma independiente Archipiélago.