La justicia condenó a 27 personas por la red de explotación del "Templo Filadelfia": la pena más dura cayó sobre "la tía Eva"

Durante casi 50 años, una red que se presentaba como templo religioso habría controlado cada aspecto de la vida de sus fieles. Este martes, un tribunal federal puso números y nombres a una sentencia que cambia el futuro de 27 víctimas. ¿Quién era la mujer que manejaba todo desde San Justo?

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La justicia condenó a 27 personas por la red de explotación del "Templo Filadelfia": la pena más dura cayó sobre "la tía Eva"
La justicia condenó a 27 personas por la red de explotación del "Templo Filadelfia": la pena más dura cayó sobre "la tía Eva"

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°2 de San Martín condenó a 27 personas por integrar una organización que, bajo la fachada del Templo Filadelfia, sometió a personas en situación de vulnerabilidad a un régimen de explotación laboral y reducción a la servidumbre durante casi cinco décadas.

La sentencia, que siguió el pedido del fiscal general Alberto Gentili, alcanzó a los principales responsables de una estructura que operó entre 1972 y diciembre de 2020 con sede central en San Justo, partido de La Matanza, y ramificaciones en varias provincias, Paraguay y Brasil.

Las penas más altas

La condena más severa recayó sobre Eva Petrona Pereyra, de 81 años, conocida entre los fieles como "La Tía Eva". Fue considerada jefa de la asociación ilícita y coautora de reducción a la servidumbre y trata de personas con fines de explotación laboral agravada. También fue hallada culpable de supresión de identidad, sustracción y retención de menores, y falsedad ideológica de documento público.

El tribunal, integrado por los jueces Fernando Machado Pelloni, Walter Venditti y Nicolás Toselli, le impuso 24 años de prisión. Rigoberto Ismael Mora Bogado, señalado como organizador y coautor de los delitos principales, recibió 21 años.

Otros ocho acusados —Carlos Raúl Barrionuevo, Griselda Noemí Lemos, Norma Beatriz Gutiérrez, Mónica Susana Gutiérrez, Guillermo David Alza, María Luisa Alza y Martín Carlos Cáceres— fueron condenados a 18 años como coautores de asociación ilícita, reducción a la servidumbre y trata laboral agravada.

Las penas continuaron con 15 años para Ruth Mora Bogado y 14 años para otros seis imputados, mientras que el resto recibió condenas de entre 10 años y 9 meses y 3 años y 9 meses. Dos de los acusados fueron absueltos de los cargos de trata agravada y reducción a la servidumbre, pero condenados por asociación ilícita.

El juicio comenzó el 23 de octubre de 2024 y durante el debate declararon más de 200 testigos. Los fundamentos de la sentencia se conocerán el 18 de noviembre.

Reparaciones y bienes decomisados

El tribunal fijó reparaciones económicas para 27 víctimas, con montos individuales que van desde $2.538.284 hasta $223.338.864, actualizables según la tasa activa del Banco Nación. El total supera los $2.170 millones.

Además, ordenó el decomiso de 46 inmuebles en distintas provincias, 12 vehículos y el dinero secuestrado en moneda nacional y extranjera. También dispuso la subasta de otros 15 automotores y la baja de la inscripción del Templo Filadelfia en el Registro Nacional de Cultos.

Entre otras medidas, declaró la nulidad de dos matrimonios celebrados entre víctimas, dispuso la destrucción de dispositivos electrónicos secuestrados y ordenó remitir testimonios para investigar posibles delitos vinculados con la atención médica de las víctimas.

Un imperio construido en nombre de Dios

Según la investigación, la organización tuvo su sede principal en San Justo y se expandió a provincias como Buenos Aires, Salta, Tucumán, Entre Ríos, Neuquén y Mendoza, además de Paraguay y Brasil. Para los investigadores, funcionó al menos desde 1972 hasta diciembre de 2020 y tuvo como víctimas a personas en situación de extrema vulnerabilidad.

La figura central era Eva Petrona Pereyra, quien según se describió en el debate operaba junto a su hermana Divina Luz Pereyra y su sobrina Adriana del Valle Carranza, ambas fallecidas. El expediente sostiene que la estructura jerárquica tenía distintos niveles de mando y controlaba todos los aspectos de la vida de los fieles.

Durante su alegato, Gentili aseguró que las víctimas fueron sometidas a un sistema de "aislamiento, disciplinamiento y alienación" que se prolongó durante años. "Tenían un control absoluto sobre los cuerpos y las mentes", resumió el fiscal.

Niños sin escuela y jornadas interminables

Las denuncias tomaron fuerza cuando antiguos integrantes se animaron a contar lo que ocurría dentro del templo. Uno de los testimonios más impactantes fue el de Julieta Coria, quien relató a Telenoche que dejó la escuela primaria cuando tenía apenas 11 años porque le ordenaron dedicarse a vender pan para la congregación.

De acuerdo con la acusación fiscal, los miembros de la "comunidad" sustraían a esos menores a sus padres biológicos para inscribirlos luego como hijos de varias mujeres de la organización. Además, se pudo establecer que los detenidos cometieron instigación al suicidio en perjuicio de un joven que se había reconocido como homosexual, hecho por el que sufrió permanentes hostigamientos y agresiones.

Los fiscales comprobaron que la finalidad de la organización era obtener mano de obra gratuita mediante tres actividades principales: trabajos domésticos, producción y venta de panificados, y tareas de albañilería y construcción. Las víctimas describieron jornadas extensas, sin salario, sin aportes, sin vacaciones y sin posibilidad de decidir sobre su propio futuro.

"La finalidad última era la explotación laboral", afirmó Gentili durante el juicio, y señaló que la estructura se beneficiaba económicamente del trabajo de sus integrantes sin otorgarles ningún tipo de contraprestación.

Las "Fiestas del Señor" y las denuncias de abusos

Otra de las facetas más oscuras del expediente está relacionada con los abusos sexuales denunciados por varias víctimas. Durante la investigación surgieron relatos vinculados a las llamadas "Fiestas del Señor", celebraciones religiosas que reunían a miembros de distintas sedes de la organización.

Según declararon exintegrantes, esos encuentros incluían rituales presentados como manifestaciones espirituales, pero que derivaban en situaciones de abuso y sometimiento. El fiscal sostuvo que existieron tocamientos, frotamientos y otros actos sexuales que eran justificados por los líderes del grupo como "prácticas religiosas".

La acusación también apunta a que la organización intervenía directamente en la vida afectiva de sus miembros. Los testigos que pasaron por el juicio describieron que hubo matrimonios arreglados por las autoridades del culto y castigos para quienes no aceptaban esos arreglos.

El juicio duró dos años. (Foto: Fiscales.gob.ar)

Eva Petrona Pereyra, más conocida como 'la tía Eva'. (Foto: Tiempo Argentino)

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