La joyería contemporánea, según un histórico de Rosario: por qué asegura que "no tiene nada que ver" con su oficio
Alberto Viale, joyero de Arroyito con 50 años de oficio, compara la joyería clásica con la actual y revela cómo cambiaron las técnicas y los materiales. Su mirada sobre la escuela que lo formó y el futuro del rubro.
Alberto Viale, joyero rosarino con casi 50 años en el rubro, asegura que la joyería contemporánea es "algo más abstracto, más rústico" y que ya no se hacen las piezas clásicas que él aprendió en la Escuela Crisol. Con 40 años en su taller del barrio de Arroyito, Viale es uno de los más antiguos de la ciudad y todavía repara cadenas, anillos y medallas.
"El que sabe un oficio siempre tiene trabajo", confía a La Capital, mientras muestra una cadena turbillón de plata que está soldando con una llama indirecta. "Ser joyero siempre fue mi estilo de vida porque gracias a eso pude formar mi familia", agrega.
De la Crisol al taller propio
Viale egresó en 1982 de la Escuela Crisol, la técnica de joyería, relojería, grabado y engarzado que funcionó en Entre Ríos 1443. Llegó de casualidad: su papá, matricero en la Fábrica de Armas, tenía un amigo joyero, Roberto Catalá, que le hizo el contacto. "Gracias a ir tanto a su negocio me interesó el oficio", recuerda.
La Crisol fue pionera en América Latina y formó generaciones de oficiales. "Era una de las mejores escuelas de Rosario por los maestros de taller y por la enseñanza fuerte: cinco días a la semana, mañana y tarde, con cuatro horas de taller por día", evoca.
Entre sus maestros destaca a Juan Carlos Mastromauro, "el mejor, porque no solo era un gran joyero y pintor, sino un maestro de la vida". También menciona a Angel Perisset y a Dante Conti, el platero con quien compartió talleres en la calle Maipú.
La calle Maipú y la fiebre del oro
En las décadas del 60, 70 y 80, Rosario fue un polo joyero. "La calle Maipú tenía un montón de talleres, como la calle Libertad en Buenos Aires", dice Viale. Había casas de fornituras que importaban máquinas de Suiza, como El Progreso, en San Juan casi Sarmiento.
El oro era accesible y se regalaban joyas en bautismos y cumpleaños de 15. "En la época de Menem se trabajaba y se vendía mucho oro", recuerda. Pero a fines de los 90, el precio del metal se disparó y la industria mutó: aparecieron las joyas de plata y oro, y después el dublé, una lámina de cobre con enchapado de oro. "Siempre se lo llamó plata y oro, pero en realidad era cobre y oro", revela.
El presente: relojes que no se reparan y joyería abstracta
Hoy, Viale advierte que la relojería está en "un momento complicado" porque los relojes modernos, como los Citizen, no se reparan: se cambia la máquina completa. "Antes había trabajos artesanales de reparar un reloj o hacer una pieza, pero de esos hay cada vez menos", explica.
Sobre la joyería contemporánea, es crítico: "No tiene nada que ver con el oficio que aprendí. Es algo más abstracto, más rústico, hacen cosas que no están definidas. Hacen un anillo con forma de nada y le sacan brillo". Los chatones calados para engarzar gemas, una técnica que dominaba en la Crisol, ya no se usan.
Aun así, Viale defiende la escuela técnica y a la Crisol actual, que perdió su edificio histórico y hoy funciona en la zona sur. "Los profesores están haciendo lo imposible para llevarla adelante", dice, y les recomienda a los jóvenes que quieran aprender el oficio que se acerquen a la escuela.