La joven que llegó a Río Gallegos y conoció a un obrero: lo que apareció después, en la zona de Don Bosco

Llegó a Río Gallegos desde Trelew y conoció a un obrero en un local nocturno. La madrugada siguiente, un incendio en la zona de Don Bosco destapó algo que nadie esperaba. La historia que quedó sin sentencia.

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La joven que llegó a Río Gallegos y conoció a un obrero: lo que apareció después, en la zona de Don Bosco
La joven que llegó a Río Gallegos y conoció a un obrero: lo que apareció después, en la zona de Don Bosco

Elizabeth Shirley Adaro Davies tenía 27 años y era oriunda de Trelew. Había llegado a Río Gallegos poco antes de septiembre de 2008, cuando su cuerpo fue hallado desmembrado y repartido en distintos puntos de la ciudad. Un hombre se presentó ante Bomberos y se atribuyó el crimen, pero murió en una celda antes de que un tribunal pudiera juzgarlo.

Quién era Elizabeth y cómo llegó a la ciudad

Las reconstrucciones del caso indican que Elizabeth se encontraba en situación de prostitución y que se había instalado en la capital santacruceña poco tiempo antes del crimen. La noche previa conoció a Lucas Huaimas en un local nocturno.

Huaimas tenía 25 años, era oriundo de Salta y había llegado a la ciudad pocos días antes para trabajar como obrero de la construcción. Según esas mismas reconstrucciones, ambos acordaron volver a verse y el hombre la llevó hasta una obra sobre calle Don Bosco, a la que tenía acceso por su trabajo.

Lo que ocurrió allí durante las horas siguientes fue reconstruido a partir de la investigación y de versiones periodísticas de la época. Una de esas hipótesis señaló que ambos estuvieron bebiendo y que después se produjo una discusión vinculada con una propuesta sexual y el dinero. Ese supuesto desencadenante debe considerarse una hipótesis de la época y no un hecho probado judicialmente.

El incendio que destapó el caso

La madrugada del 6 de septiembre de 2008 marcó un giro. Un vecino alertó a Bomberos por un principio de incendio en las inmediaciones del antiguo frigorífico Swift, en la zona de Don Bosco y Los Pozos. Al llegar, los efectivos encontraron restos que en un primer momento confundieron con ropa o con partes de un animal.

La situación cambió cuando se confirmó que eran restos humanos. Las reconstrucciones posteriores señalaron que allí aparecieron, entre otros, manos, una pierna y parte del torso de Elizabeth.

La Policía inició entonces un rastrillaje en las inmediaciones. A unos 600 metros del lugar del incendio, sobre calle Los Pozos y cerca de una sucursal de La Anónima, apareció una bolsa con más restos humanos.

La confesión y el allanamiento

Después de que empezara a conocerse el hallazgo, Huaimas se presentó ante personal de Bomberos y manifestó que era el autor del crimen. Su declaración llevó a los investigadores hasta el lugar donde residía. Con autorización judicial se realizó un allanamiento en una vivienda de calle Don Bosco al 1100.

Según las reconstrucciones del caso, debajo de una cama fueron encontradas la cabeza y otras partes del cuerpo de Elizabeth, envueltas en bolsas. La investigación apuntó entonces contra Huaimas como principal responsable del asesinato y del posterior desmembramiento.

Sin embargo, el proceso nunca llegó a la instancia en la que un tribunal pudiera determinar su responsabilidad penal mediante una sentencia.

Una muerte antes del juicio

Huaimas permaneció detenido en Río Gallegos durante las semanas posteriores al crimen. Las reconstrucciones publicadas después señalaron que durante su primera noche de detención habría intentado quitarse la vida con una sábana. También se indicó que luego habría sido trasladado a otra dependencia para reforzar su custodia y que tiempo después regresó a la Comisaría Primera.

En octubre de 2008, poco más de un mes después del crimen de Elizabeth, fue encontrado muerto en una celda. La fecha exacta aparece consignada de manera diferente en las fuentes periodísticas consultadas: una reconstrucción ubica el fallecimiento en la madrugada del 15 de octubre, mientras que otra lo sitúa en la madrugada del 16.

Las preguntas que quedaron abiertas

La muerte de Huaimas cerró una parte de la investigación, pero no todas las preguntas. En octubre de 2008 comenzaron a circular versiones sobre la posibilidad de que no hubiera actuado solo. Esas versiones hablaban de testimonios no identificados e inconsistencias que, según esas fuentes, permitían considerar otras hipótesis.

No se confirmó, sin embargo, que hubiera otros responsables. Por eso esa posibilidad debe presentarse como una versión o línea de investigación de la época, y no como una conclusión.

El capítulo posterior: la investigación por trata

Años después del asesinato, el nombre de Elizabeth Adaro volvió a aparecer en documentación vinculada con una investigación sobre trata de personas. Un informe de 2014 de la Procuraduría General de la Nación, a través del área especializada en la materia, incluyó el caso y señaló la existencia de información que podía resultar útil para profundizar investigaciones, además de la necesidad de avanzar con medidas de prueba.

Ese documento introduce una dimensión distinta en la historia. La situación de Elizabeth antes del crimen y su llegada a Río Gallegos no quedan solamente vinculadas a la reconstrucción del asesinato: también existe un registro oficial posterior que relacionó el caso con una línea de investigación sobre trata de personas.

Eso no permite afirmar que el asesinato haya sido consecuencia de una organización dedicada a la trata ni que existan responsables adicionales. Sí permite señalar que el caso tuvo una derivación investigativa posterior que excedió la hipótesis individual atribuida a Huaimas.

Un crimen sin sentencia

La historia de Elizabeth Adaro quedó atravesada por una paradoja. La investigación encontró restos de la víctima en distintos puntos de Río Gallegos, llegó hasta el lugar donde se encontraba otra parte del cuerpo y detuvo a un hombre que se atribuyó el crimen. Pero ese hombre murió antes de que un tribunal pudiera juzgarlo.

Por eso, desde el punto de vista judicial, no corresponde afirmar que Huaimas fue condenado por el asesinato de Elizabeth. Fue detenido y señalado como autor, pero murió antes del juicio. Tampoco corresponde afirmar que actuó solo, porque esa cuestión no quedó establecida mediante una sentencia.

A casi dos décadas de aquella madrugada de septiembre, la reconstrucción permite conocer buena parte de lo ocurrido, pero también muestra los límites de una investigación que perdió a su principal acusado antes de llegar a una instancia de debate oral.

Y hay una pregunta que permanece especialmente relevante: qué ocurrió finalmente con la línea investigativa relacionada con la trata de personas que años después volvió a poner el nombre de Elizabeth Adaro en documentación oficial. Ese capítulo requiere rastrear expedientes, actuaciones de la Procuraduría y documentación judicial para determinar qué medidas se tomaron y cuál fue el destino de esa investigación.

(Fuentes: Procuraduría General de la Nación - Informe Anual 2014; El Patagónico; ADNSUR)

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