La inflación de mayo sorprendió y S&P respondió con una mejora histórica para Argentina

La inflación de mayo cedió al 2,1% y el núcleo perforó el 2%, mientras S&P mejoró la nota de la deuda argentina. ¿Qué significa esto para el bolsillo y los mercados?

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La inflación de mayo sorprendió y S&P respondió con una mejora histórica para Argentina

El Índice de Precios al Consumidor de mayo registró un avance del 2,1%, consolidando la segunda desaceleración consecutiva y ubicándose por debajo de las expectativas del mercado. El dato fue recibido con alivio en el equipo económico, que ve en el núcleo inflacionario una señal de que la moderación de precios, aunque lenta, mantiene un rumbo firme.

El componente subyacente, que excluye estacionales y regulados, perforó la barrera del 2% y se posicionó en 1,9% mensual, su menor nivel desde septiembre del año pasado. Detrás de este resultado volvió a aparecer un actor clave: el precio de las carnes apenas subió 0,3% y funcionó como un ancla que arrastró al núcleo hacia abajo. Sin embargo, al depurar ese efecto, el núcleo aún se mueve en torno al 2,4% en su promedio móvil de tres meses, lo que indica que la inercia inflacionaria no está completamente domada.

¿Qué pasó con los precios estacionales?

Del lado opuesto, los precios estacionales treparon 3,5% impulsados por un salto notable en las verduras —en el Gran Buenos Aires la suba rozó el 19%—, parcialmente compensado por el abaratamiento de las frutas. Los regulados aportaron un 2,4%, traccionados por combustibles, electricidad y agua, aunque con una desaceleración respecto de meses anteriores.

Por rubros, Comunicación lideró los aumentos con un 3,4% por la suba en servicios de telefonía, seguido por Educación y Recreación y cultura. En el extremo opuesto, indumentaria y calzado prácticamente no se movieron (0,3%), junto con bebidas alcohólicas y tabaco.

La proyección para el resto del año se mantiene sin cambios: la inflación cerraría 2026 en la zona del 30% interanual, con una desaceleración progresiva que recién permitiría quebrar de manera sostenida el umbral del 2% mensual hacia septiembre. Los registros preliminares de junio apuntan en esa dirección, con una medición de las primeras semanas en torno al 2,2% en la ventana de cuatro semanas móviles.

El verdadero desafío: la inercia pegajosa

El desafío más profundo está en la inercia que los precios argentinos arrastran desde hace más de un año y medio. Cuando se filtran los efectos transitorios —que en mayo de 2025 llevaron la inflación a apenas 1,5% y en marzo de este año la dispararon a 3,4%—, el ritmo de fondo apenas se movió y sigue rondando el 2% mensual. Descender un escalón adicional hacia un 1,5% mensual sostenido es una tarea considerablemente más ardua. La experiencia internacional muestra que a estos niveles los precios tienden a volverse pegajosos, y Argentina no parece ser una excepción.

Celebración en el frente financiero

Mientras la inflación daba señales de moderación, el frente financiero vivió un día de celebración. Standard & Poor’s elevó la calificación de la deuda soberana argentina de CCC+ a B–, un avance sustentado en tres pilares: el superávit fiscal sostenido, la acumulación gradual de reservas del Banco Central (más de 10.600 millones de dólares comprados en el mercado de cambios en lo que va del año) y la capacidad del Tesoro de financiarse voluntariamente en pesos con licitaciones que renuevan consistentemente por encima de los vencimientos.

El impacto fue inmediato: el riesgo país se desplomó a 437 puntos básicos, el nivel más bajo en ocho años. Sin embargo, la propia calificadora advirtió que persisten focos de fragilidad. Las reservas netas siguen siendo negativas, la inflación todavía corre por encima del ritmo de depreciación del tipo de cambio, la recuperación de la actividad es despareja y el horizonte electoral de 2027 inyecta incertidumbre. Para una nueva mejora, S&P señaló que el país debería afianzar su acceso a los mercados internacionales de capital y sostener la estabilidad macroeconómica, algo que juzga posible recién en un plazo de 18 a 24 meses.

La buena sintonía con los mercados se confirmó en la licitación de deuda. El Tesoro colocó 6,12 billones de pesos frente a vencimientos por 5,1 billones, logrando una renovación del 120,4% y un financiamiento neto cercano al billón de pesos. Los bonos duales largos —con vencimiento en 2028, 2029 y 2030— concentraron el 72% del monto adjudicado, y el plazo promedio ponderado alcanzó los 31 meses, el más extenso de toda la gestión.

Además, se realizó un canje de títulos para descomprimir vencimientos de fin de mes y colocaciones en dólares por 300 millones de dólares, con una demanda que superó ampliamente la oferta. Con estas operaciones, el financiamiento en dólares obtenido en el mercado local durante la actual gestión asciende a 4.634 millones.

El cuadro que emerge es el de un círculo virtuoso: la mejora de la calificación valida la estrategia macroeconómica y abarata el acceso futuro al financiamiento; la licitación demuestra que el mercado local acompaña, estira plazos y absorbe instrumentos novedosos; y la desaceleración de la inflación alivia una de las vulnerabilidades señaladas por la calificadora. Nada de esto borra los riesgos —reservas netas negativas, inflación que aún supera la depreciación, incógnita electoral—, pero dibuja un mes en el que las piezas del programa parecieron moverse en la misma dirección.

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