La infancia de los que duermen en la calle: el dato que estremece a la Ciudad

El primer estudio sobre la infancia de quienes duermen en la calle en CABA reveló un dato que golpea de lleno a la Ciudad: la mayoría arrastra una infancia marcada por la violencia y el abuso. El informe, del gobierno porteño, el Conicet y la UBA, pone sobre la mesa una cifra que incomoda y que muy pocos esperaban. ¿Qué encontraron?

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La infancia de los que duermen en la calle: el dato que estremece a la Ciudad
La infancia de los que duermen en la calle: el dato que estremece a la Ciudad

Un relevamiento sin precedentes sobre las personas que viven en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires acaba de revelar el infierno que muchas atravesaron antes de cumplir 18 años. Casi la mitad padeció violencia física de sus padres y dos de cada diez sufrieron abuso sexual en la niñez o adolescencia, según el estudio conjunto del gobierno porteño, el Conicet y la UBA.

El informe, que describe la vida de unas 5176 personas según el último censo, es el más detallado hasta ahora sobre esta población. Y el promedio es escalofriante: ocho sucesos traumáticos antes de la mayoría de edad, desde problemas económicos graves o abandono escolar hasta abusos, expulsiones del hogar o golpizas de familiares.

“Consumí desde los 15. Tenía problemas psicológicos porque entre mis 8 y 10 sufrí abuso por parte de un tío que además era mi padrino”, contó una mujer en situación de calle al Observatorio de la UCA.

No es causal, pero deja marcas

Jorgelina Di Iorio, investigadora de la UBA y el Conicet, aclara que la acumulación de estos sucesos no determina que alguien termine en la calle. “No podemos decir que alguien que tenga muchos sucesos vitales estresantes se va a la calle. Lo que destacamos es que el promedio de este tipo de vivencias es alto y tiene efectos negativos en las trayectorias de vida”, explicó.

“Esas situaciones que se acumulan en la niñez y adolescencia van dejando marcas en su salud mental y por definición son situaciones con potencial traumático”, advirtió. A esas experiencias se suman otras en la adultez, como pérdidas de seres queridos, separaciones y violencias, incluso ya estando sin techo. El promedio acumulado a lo largo de la vida trepa a casi 17 situaciones estresantes.

El dato más dramático: el 42% tuvo deseos de morir o sintió que la vida no valía la pena en el último año; el 35% pensó en quitarse la vida y más del 20% lo intentó. “El sufrimiento en la calle se expresa de diferentes maneras”, señaló Di Iorio.

Una niñez sin red

Más de la mitad creció en hogares con graves problemas económicos y desempleo. “Estamos hablando de un problema de pobreza estructural”, sostuvo la investigadora. Y cuando el mundo adulto falla, el Estado debe intervenir a través de la Ley Nacional 26.061 de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes, recordó.

“Papá golpeaba a mamá delante nuestro. Yo lo intentaba parar. Una vez me pegó con un sifón de vidrio y me lastimó el ojo”, relató un hombre de 40 años.

Para Di Iorio, los resultados no solo sirven para políticas asistenciales: “Hay mucha información para pensar en políticas públicas preventivas, en cómo anticipar la situación de calle y preguntarnos qué falló en los sistemas de cuidado a la niñez y adolescencia”. También apuntan a reducir el estigma: “Se dice que están en la calle porque son vagos, delincuentes o están en consumo. Pero es más complejo. Es una población con experiencias de vulnerabilidad acumuladas”.

Herramientas para salir

El ministro de Desarrollo Humano porteño, Gabriel Mraida, explicó que la mayoría rechaza los paradores y Centros de Inclusión Social (CIS). “Pensamos que esa respuesta es producto de algún problema de adicciones o salud mental. Por eso decidimos realizar un estudio epidemiológico”, dijo. Y remarcó que siete de cada diez personas en calle provienen de la provincia de Buenos Aires, lo que limita la capacidad de intervención temprana.

En los CIS se busca recrear comunidad y revincular familias. Quienes ingresan deben retomar estudios, formarse para el trabajo o realizar tratamiento médico.

El cambio es posible

Un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, en el AMBA, halló patrones similares: la violencia intrafamiliar en la niñez es la más recurrente. “El ingreso a la situación de calle es el resultado de procesos acumulativos de vulnerabilidades”, explicó Milagros Dolabjian.

Ese trabajo, basado en 13 entrevistas en profundidad, identificó que el cambio comienza tras una crisis. “Una mujer nos decía que un día se vio en el espejo y no se reconoció, que desde ese momento empezó a buscar ayuda”, contó la investigadora. Otro hombre se dio cuenta de que se estaba perdiendo la infancia de su hijo.

Las postas del proceso incluyen sostener vínculos, referentes comunitarios, apoyo institucional, autoestima, ayudar a otros y una visión de futuro con miedo a recaer. “Ahora sí siento ganas de salir adelante, pero me cuesta porque estoy muy solo”, confesó uno de los entrevistados.

La conclusión es contundente: las políticas fragmentadas no funcionan. “Deberían trabajar en los primeros vínculos, en la participación comunitaria, en roles y en oportunidades concretas de trabajo o techo”, cerró Di Iorio.

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