La IA ya no solo fabrica mensajes: ahora crea políticos falsos con seguidores reales

¿Y si quien te habla en redes no existe? La IA crea políticos falsos con miles de seguidores. Conocé los casos de Jessica Foster y @Lu_libertaria.

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La IA ya no solo fabrica mensajes: ahora crea políticos falsos con seguidores reales
La IA ya no solo fabrica mensajes: ahora crea políticos falsos con seguidores reales

La inteligencia artificial (IA) sacudió el mundo de la política: ya no se limita a generar propaganda, sino que ahora fabrica a los propios mensajeros. Personajes con rostro, ideología y una vida que nunca existió están ganando audiencias masivas en redes sociales.

Así lo advierte Javier Pianta, licenciado en comunicación y especialista en comunicación política, quien analizó en sus redes sociales dos casos de alcance global: Jessica Foster en Estados Unidos y @Lu_libertaria en Argentina.

Ambos casos muestran cómo la tecnología permite crear identidades sintéticas que interactúan durante meses, acumulan seguidores y hasta influyen en el debate público, sin que nadie detrás de la pantalla sea una persona real.

¿Qué son los actores políticos sintéticos?

Pianta explica que un actor político sintético va más allá de un deepfake, un bot o un troll. Mientras que un deepfake manipula un contenido de una persona real, y un bot automatiza una cuenta, el actor sintético fabrica la identidad completa desde cero.

“Se puede construir rostro, nombre, edad, profesión, ideología y biografía. Esta identidad se sostiene durante meses, reacciona a la coyuntura, interactúa y genera audiencia”, detalla el especialista.

La novedad es que la IA ya no solo fabrica el mensaje, sino al mensajero. Y eso importa porque, como dice Pianta, “la política nunca funcionó únicamente por lo que se dice; también importa quién lo dice”.

Jessica Foster: la militar que nunca existió

Jessica Foster aparecía en Instagram como una joven militar, atractiva y simpatizante de Donald Trump. Publicaba fotos uniformada, mezclaba su supuesto trabajo con escenas cotidianas y se movía con naturalidad en la estética MAGA. En unos cuatro meses superó el millón de seguidores.

Pero Jessica nunca existió. El Ejército de EE.UU. no halló registros suyos y Meta eliminó la cuenta tras una investigación de The Washington Post. Lo más llamativo es que la identidad no solo tenía motivación política: también derivaba tráfico hacia plataformas de contenido pago como OnlyFans.

“En Foster se mezclaban política, entretenimiento, erotización y monetización”, señala Pianta, y advierte que no todo actor sintético tiene detrás a un gobierno o servicio de inteligencia. “La economía de las plataformas genera por sí sola incentivos suficientes”, agrega.

@Lu_libertaria: el caso argentino

En Argentina, la cuenta @Lu_libertaria se presenta como una joven porteña y libertaria que publica sobre Milei, economía y vida cotidiana. Pero Lucía es también una identidad ficticia creada con IA.

Pianta aclara que se sabe menos de este caso. “La cuenta construye una identidad reconocible: una joven porteña, libertaria, con opiniones políticas y lenguaje consistentes. Pero no sabemos quién está detrás”, explica.

Y aclara que el hecho de que publique contenidos favorables a Milei no demuestra quién la creó.

¿Cuál es el verdadero riesgo electoral?

Para Pianta, el principal peligro no es un video falso espectacular 48 horas antes de votar, sino identidades sintéticas que durante meses construyen conversación, pertenencia y confianza.

“Una imagen falsa es un acontecimiento; una identidad sintética es un proceso”, compara. El desafío ya no es solo detectar lo falso, sino “comprender cómo una identidad artificial se inserta en una red de relaciones reales y adquiere legitimidad o influencia”.

Microsegmentación: el emisor como variable

La IA también potencia la microsegmentación política. Ya no se trata solo de elegir el mensaje adecuado para cada público, sino de elegir quién conviene que parezca enviarlo.

“Para hablar con universitarios puedo construir una estudiante. Para entrar en determinados públicos de las Fuerzas Armadas, alguien que se presenta como militar. Para públicos religiosos, una persona con una biografía atravesada por la fe”, ejemplifica Pianta.

Así, el emisor se convierte en una variable de segmentación más.

El factor económico: la IA abarata la mentira

Identidades falsas existen desde antes de la IA, pero lo disruptivo es el costo. Construir una identidad creíble durante meses requería mucho trabajo humano. Ahora, con herramientas accesibles, es posible sostener personajes con atributos demográficos, políticos y retóricos específicos, y producir grandes cantidades de contenido con ellos.

“Cuando baja el costo de una tecnología de influencia, aumenta la cantidad de actores capaces de utilizarla”, advierte Pianta.

El poder de las biografías fabricadas

Una biografía fabricada potencia el mensaje político porque “un mensaje nunca llega solo. Siempre llega asociado a alguien”. Una opinión sobre inseguridad no se procesa igual si la dice un funcionario que si la cuenta una víctima de un delito.

Y las redes sociales intensifican esto porque “ya no seguimos ideas: seguimos vidas”. Jessica Foster es el ejemplo perfecto: su perfil no necesitaba ser propaganda todo el tiempo. Primero mostraba una vida cotidiana y después aparecían Trump, MAGA y las posiciones políticas.

En definitiva, Pianta condensa el fenómeno en una idea: “Hasta ahora discutíamos la autenticidad de los contenidos. Con los actores políticos sintéticos empieza a ponerse en discusión la autenticidad del propio emisor”.

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