La IA que promete traducir el lenguaje animal enciende alarmas por la privacidad de las especies

Un grupo de científicos asegura que la inteligencia artificial permitirá entender el lenguaje de los animales, pero hay un costo que nadie menciona: su privacidad. ¿Qué encontraron?

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La IA que promete traducir el lenguaje animal enciende alarmas por la privacidad de las especies
La IA que promete traducir el lenguaje animal enciende alarmas por la privacidad de las especies

Antes de que los nuevos modelos de inteligencia artificial se desplieguen a gran escala, un grupo de especialistas anticipa un futuro en el que los humanos podremos entender los lenguajes animales. Pero ese avance, que suena a ciencia ficción, no llega solo: también trae advertencias serias sobre los derechos de los animales.

Investigadores publicaron un artículo en Springer Nature donde celebran la posibilidad de "hablar" con otras especies gracias a la IA, pero al mismo tiempo alertan sobre una consecuencia que pocos consideran: la violación de la privacidad de los animales. Según advierten, recopilar datos sobre sus vocalizaciones y movimientos podría afectar su integridad y bienestar.

¿Cómo hace la IA para entender a los animales?

El funcionamiento de estos sistemas se apoya en el aprendizaje automático. Para que una máquina comprenda qué dicen los animales, se toman grabaciones de sus sonidos y se cargan al sistema. La clave está en asociar cada sonido con una circunstancia: un chillido puede significar dolor, miedo, amenaza o un llamado a otros de la especie. A partir de esas relaciones, se etiquetan los datos y el modelo aprende a interpretarlos.

En 2023, el investigador Adrian Cheok trabajaba en una herramienta de IA para traducir el cacareo de las gallinas. En diálogo con este medio, explicó que "los principios fundamentales de nuestro sistema son adaptables entre especies. El requisito principal es un conjunto de datos completo de vocalizaciones específicas. Al entrenar nuestro modelo con nuevos datos, podemos ajustarlo para comprender e interpretar las señales emocionales de diferentes animales".

Cheok comparó el proceso con la enseñanza a los niños: "Consiste en enseñarle a una computadora a reconocer patrones en los sonidos, de manera muy similar a cómo enseñamos a los niños a asociar palabras con significados. Alimentamos al sistema con numerosas vocalizaciones de gallinas, cada una etiquetada con la emoción o intención correspondiente. Con el tiempo, el sistema aprendió a identificar matices sutiles en estos sonidos, lo que le permitió predecir emociones con notable precisión".

¿Por qué hablar con los animales podría perjudicarlos?

El artículo publicado en Springer Nature es claro: "Es un riesgo que actualmente no se considera en la ética de las investigaciones. Pero existe una preocupación por el hecho de estar violando la privacidad de los animales al recopilar datos sobre sus vocalizaciones y movimientos".

El biólogo Vittorio Baglione también destacó los avances, pero marcó las problemáticas asociadas, entre ellas los posibles usos maliciosos. "El interés por la privacidad es el interés por controlar cómo nos perciben los demás, y la compleja vida social de muchos animales no humanos ofrece un fuerte respaldo a la idea de que los animales tienen este interés", comentó en declaraciones que recoge Bloomberg.

La controversia se centra en la llamada "técnica de reproducción", que consiste en transmitir grabaciones de llamadas de animales en sus hábitats naturales, como ciertos graznidos que convocan a otros de la misma especie. El riesgo es que esos audios, en manos humanas, podrían ser usados por cazadores. "Esto puede estresar a los animales, alterar su entorno social, generar conflictos entre ellos, especialmente si no se comprende el significado de la llamada", advirtió el científico.

La técnica de reproducción no solo es peligrosa para la caza. En 2007, la zoóloga Katy Payne admitió que afectó la vida de un elefante con el que realizaba experimentos al reproducir sonidos de su abuelo fallecido. Un ejemplo que muestra cómo la tecnología, bien intencionada, puede tener consecuencias imprevistas.

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