La historia oculta tras el nombre de un pueblo tucumano: el día que la sangre tiñó el Río Pueblo Viejo
Un pueblo de Monteros lleva el nombre de un héroe, pero ¿sabés qué pasó realmente aquel 14 de febrero de 1975 junto al Río Pueblo Viejo? Te contamos la historia del combate, la emboscada y el acto de valentía que pocos conocen.
Una localidad del departamento Monteros lleva el nombre de un teniente primero del Ejército, pero pocos conocen el dramático episodio de guerrilla y combate que originó ese homenaje. La historia se remonta a un enfrentamiento sangriento en medio de la selva tucumana.
La localidad Capitán Héctor Cáceres, ubicada sobre la ruta provincial 324, no es un nombre casual. Su denominación rinde tributo al entonces teniente primero Héctor Cáceres, quien perdió la vida en el combate del Río Pueblo Viejo, el 14 de febrero de 1975.
¿Quiénes eran los atacantes y qué buscaban?
El enfrentamiento se produjo contra integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una organización que pretendía instaurar lo que ellos llamaban una dictadura comunista mediante un violento “foco rural” armado en los cerros de la provincia. Estos grupos atacaban al Estado y cometían asesinatos por motivaciones políticas, pese a que en ese momento Argentina tenía un gobierno constitucional, encabezado por la presidenta Isabel Perón.
Ese día, una compañía del Regimiento de Infantería de Montaña 20 y una batería del Grupo de Artillería de Montaña 5, con base en la escuela de Los Sosa, había emprendido una misión de exploración hacia Villa Quinteros. Luego de pasar por Pueblo Viejo, los soldados, guiados por un poblador civil, continuaron la marcha a pie, ya que el terreno impedía el avance de sus vehículos.
La emboscada que cambió todo
Alrededor de las 16 horas, el pelotón hizo un alto en las compuertas del río Pueblo Viejo. Los oficiales decidieron regresar al poblado por una ruta alternativa, bordeando el curso del agua para cubrir un área más amplia. Fue durante esta marcha cuando el teniente Rodolfo Ritcher detectó a un hombre armado con uniforme en un camino lateral.
El sujeto, sin mediar palabra, abrió fuego de inmediato, forzando a Ritcher a buscar cobertura. Mientras retrocedía hacia un grupo de matas, el teniente recibió un impacto de Itaka en la espalda y cayó gravemente herido, mientras a su alrededor estallaba un intenso combate.
Al ver a su compañero tendido en el suelo, el teniente primero Héctor Cáceres corrió hacia él para asistirlo y brindarle protección, sin dejar de disparar contra los atacantes. En un acto de extrema valentía y camaradería, Cáceres fue alcanzado por un certero disparo en el cuello que lo derribó sobre la hierba, causándole la muerte casi instantánea.
Un combate infernal con helicópteros y misiles
Testigo de la escena y aún herido, el teniente Ritcher tomó una granada, decorrió su cerrojo y la arrojó contra la posición enemiga. Tras dispersarse la humareda, pudo corroborar que al menos uno de los guerrilleros había muerto.
La batalla escaló rápidamente. Dos helicópteros artillados de la Aviación del Ejército intentaron aterrizar en la zona para brindar apoyo, pero fueron rechazados por el lanzamiento de misiles tierra-aire por parte de la guerrilla. El intercambio de disparos se volvió infernal.
En una segunda incursión, las aeronaves regresaron y lanzaron sus misiles sobre la línea enemiga ubicada en la orilla izquierda del río. Mientras tanto, uno de los helicópteros logró posarse en un pequeño islote cercano a la orilla derecha. Aún bajo fuego, el teniente Ritcher fue evacuado en camilla hasta una de las aeronaves y trasladado de urgencia a la ciudad de Tucumán para recibir atención médica.
Al caer la noche, cuando finalmente cesaron los combates, las fuerzas nacionales hicieron un balance del enfrentamiento. Confirmaron que dos guerrilleros habían sido abatidos. En sus propias filas, el saldo fue la muerte del teniente primero Héctor Cáceres y la grave herida del teniente Rodolfo Ritcher, un costo humano que quedaría grabado para siempre en la toponimia de un rincón de Monteros.