La helada les arruinó la mitad de la cosecha y ahora nadie les responde
Perdió la mitad de su cosecha por la helada y asegura que ni el municipio ni la provincia le dieron respuesta. Lo que dice el productor de Maimará sobre los intermediarios y los insumos que no puede pagar.
Una helada a principios de septiembre arrasó con los cultivos de los productores de Maimará. Walter Rollano, agricultor y arrendatario de la zona, perdió cerca de la mitad de su superficie cultivada y, según contó a Radio 2, ni el municipio de Susana Prieto ni los ministerios provinciales le dieron una mano.
El golpe del clima se sumó a un cóctel que viene complicando al sector desde hace tiempo: insumos dolarizados, intermediarios que manejan el precio y una ausencia estatal que, según el relato del productor, no es nueva.
Qué se perdió con la helada
El frío no discriminó. Rollano detalló que los daños alcanzaron las verduras de hoja —lechuga, acelga y espinaca— y también cultivos más delicados como el maíz. Los árboles frutales, como duraznos y membrillos, no escaparon al impacto.
“Aproximadamente la mitad de la superficie cultivada que maneja sufrió daños considerables”, según el propio testimonio del agricultor. Un golpe directo a la economía familiar de quienes viven de la tierra en la Quebrada.
Insumos por las nubes
A la pérdida de la cosecha se le suma un contexto macroeconómico que asfixia a los pequeños productores. Rollano fue claro al describir la situación: “Los insumos están para las nubes. Por ejemplo, las semillas, los remedios, los abonos, todo cotizado en dólares. Ahí no te perdona nada, así que los insumos son muy altos, altísimos”.
Con esos costos, cualquier intento de invertir en infraestructura —como invernaderos que podrían proteger los cultivos de futuras heladas— queda directamente fuera de alcance.
Sin respuesta del Estado
Consultado sobre el acompañamiento de los organismos públicos, el productor no dudó: no existe ningún tipo de asistencia, ni del municipio local ni de los ministerios provinciales. Según su relato, los trámites y las promesas de ayuda histórica nunca se transformaron en soluciones concretas para las familias rurales.
La falta de organización gremial o cooperativa agrava el problema: sin poder comercializar de manera directa, los agricultores quedan a merced de intermediarios de afuera de la región.
“La mayoría de los intermediarios para nosotros nos basurea con el precio. En el tema del precio nosotros no podemos manejar un precio equitativo; el precio lo maneja el intermediario, eso es lo malo. Al agricultor no se nos valora. Con la ganancia justa tenemos que volver a plantar otra plantación”, lamentó Rollano.
El testimonio deja al descubierto una realidad que excede la última helada: la desprotección institucional, los costos imposibles y la vulnerabilidad de quienes producen los alimentos en la Quebrada de Humahuaca.