La gata que se mudó al aeropuerto de El Calafate y un día casi se toma un vuelo

En el aeropuerto de El Calafate hay una empleada muy particular que no cobra sueldo ni figura en la nómina: Perla, una gata que se pasea por las oficinas como si fueran su casa. Pero una vez estuvo a punto de tomarse un vuelo y la historia no terminó como esperaba.

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La gata que se mudó al aeropuerto de El Calafate y un día casi se toma un vuelo
La gata que se mudó al aeropuerto de El Calafate y un día casi se toma un vuelo

En el Aeropuerto Internacional de El Calafate "Comandante Armando Tola", los pasajeros que llegan o esperan su vuelo pueden cruzarse con una figura que ya es parte del paisaje: Perla, una gata de pelaje blanco y negro que se desplaza con total libertad entre oficinas y pasillos, y que se ganó el cariño de trabajadores y viajeros por igual.

Su historia empezó en 2024, cuando fue encontrada en la ciudad tras haber sido lastimada por perros. La administración de la terminal recibió el aviso y decidió hacerse cargo: la gata pasó por el veterinario, fue curada y castrada antes de ser trasladada al que terminaría siendo su hogar.

Al principio se quedaba dentro de las oficinas. Con el tiempo empezó a explorar otras áreas y esos recorridos se volvieron su rutina diaria. Su llegada coincidió, además, con un momento particular: poco después de la muerte de Morena, una gata que había vivido 15 años en la terminal.

Así lo relató Keila Trevovich, trabajadora de una empresa de transporte de pasajeros que funciona dentro del aeropuerto y creadora de la cuenta de Instagram de Perla (@perla.fte), en diálogo con La Opinión Austral. "En el aeropuerto hubo una gatita durante 15 años, se llamaba Morena, y había fallecido una semana antes de que llevaran a Perla", contó.

La administración se ocupa de sus cuidados básicos: le da comida, una cama y las piedritas sanitarias. El resto queda a criterio de la propia gata, que visita distintos sectores, se acerca a las personas y sigue su camino cuando quiere. "Pasa por todas las oficinas, realmente es como parte de todos", explicó Keila.

De las fotos al Instagram

Keila tenía muchas fotos de Perla y decidió reunirlas en un perfil propio. Sin planearlo como un proyecto, empezó a compartir imágenes de su vida cotidiana y la respuesta fue inmediata: hoy la cuenta supera los 5 mil seguidores.

La trabajadora contó que la gata suele acercarse a personas de distintas áreas, sobre todo a quienes pasan muchas horas en el edificio. Puede detenerse frente a alguien, buscar algo de comida y después seguir su camino, una dinámica que los trabajadores ya conocen de memoria.

El intento de abordaje

Entre las anécdotas que circulan sobre Perla hay una que la vincula directamente con los vuelos. Según le contaron a Keila, en una oportunidad llegó hasta el sector de embarque e intentó ingresar a un avión.

"Quiso meterse al avión, pero la agarraron y la sacaron", relató. El episodio no pasó de un intento, aunque dio pie a una broma sobre el posible destino de la gata: "Podría haber terminado en Ushuaia", bromeó.

Después de aquel día, Keila no volvió a escuchar sobre otro intento de Perla por acercarse a una aeronave. La gata retomó sus recorridos habituales y dejó esa incursión como una de las historias más llamativas de su vida en la terminal.

Una presencia que los pasajeros ya reconocen

Quienes llegan a El Calafate también empezaron a identificarla. Algunos se detienen a sacarle fotos o grabar videos, y otros preguntan directamente por ella al entrar. Para muchos visitantes, encontrarla se volvió una curiosidad más del viaje.

"A veces se deja acariciar, a veces no se deja acariciar, a veces se va nomás", describió Keila. La reacción depende del momento y de la persona: la gata pone sus propios límites y decide cuándo aceptar contacto y cuándo seguir con su recorrido.

Entre los trabajadores también tiene preferencias. Según Keila, "sigue más a lo que son los hombres, los taxistas, que pasan muchas horas ahí". También suele acercarse a empleados de las empresas de alquiler de vehículos, aunque mantiene su ronda por las distintas oficinas. "Pasa por un ratito por cada oficina, ve si alguien le da comida o algo y después sigue su camino nomás", comentó.

Un apoyo emocional en la jornada laboral

Para Keila, la presencia de Perla tiene un significado personal. Antes de conocerla nunca había tenido gatos y tuvo que aprender a interpretar sus comportamientos. Con el tiempo entendió que acercarse no siempre significa querer ser acariciada y que hay límites que conviene respetar.

"Para mí, cuando hice la cuenta de Perla, es como que yo la veo y me da felicidad. Es un apoyo emocional en el trabajo", expresó. La trabajadora cree que esa sensación también puede estar presente en otras personas que comparten buena parte de su jornada con la felina.

La convivencia le permitió descubrir una personalidad bien definida. "Tuve que aprender muchas cosas que a veces no le gustan, como que no la agarres o le toques la panza", mencionó. Para describirla, eligió una característica por encima de todas: la independencia. "No le gusta mucho que la toquen, pero ciertos mimos sí acepta de ciertas personas", sostuvo. La comida, claro, ocupa un lugar importante en sus intereses.

Por ahora, Keila no tiene previsto darle otro rumbo a la cuenta. Su intención es seguir compartiendo momentos de Perla sin convertir el perfil en algo planificado. Mientras tanto, la gata mantiene su rutina y sigue siendo parte de la escena diaria de quienes trabajan allí.

Entre pasajeros que esperan su vuelo, empleados que cumplen sus jornadas y aviones que llegan y parten, Perla encontró un lugar que parece haber hecho propio. No necesita que nadie la anuncie ni le indique hacia dónde ir: aparece, observa, busca compañía o comida y luego continúa. Así transcurren sus días en El Calafate, convertida en una presencia que muchos ya esperan encontrar.

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