La frase de una psicóloga sobre los chicos que hacen bullying que incomoda a más de uno

Una psicóloga que trabaja con chicos y adolescentes puso el dedo en una fibra sensible: qué pasa por la cabeza de quien ejerce bullying y por qué entenderlo no es lo mismo que justificarlo. Su mirada sobre la escuela y la familia descoloca a más de uno.

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La frase de una psicóloga sobre los chicos que hacen bullying que incomoda a más de uno
La frase de una psicóloga sobre los chicos que hacen bullying que incomoda a más de uno

La psicóloga María Eugenia Oliva habló en El Ágora de TVEO sobre cómo encarar el acoso escolar y dejó una definición que descoloca: para ella, no hay chicos que nazcan malos. Pero entender qué pasa no es lo mismo que justificar la violencia.

Oliva puso el foco en las instituciones educativas: deben resguardar a la víctima, escuchar a todos los involucrados y trabajar con el conjunto del curso para que las agresiones no vuelvan a repetirse.

También marcó una diferencia clave entre el bullying y un simple conflicto entre pares, y subrayó el papel de la familia para acompañar a los chicos y adolescentes que atraviesan estas situaciones.

Bullying no es lo mismo que un conflicto

La especialista explicó que el acoso se distingue por una relación desigual de poder, por la repetición de las conductas y por la intención de dañar.

“En un conflicto la lucha es simétrica, en el bullying no, es asimétrica porque hay alguien que ejerce poder sobre el otro”, señaló Oliva. La víctima, advirtió, puede sufrir consecuencias tanto físicas como psicológicas.

El acoso no se limita al ámbito escolar, aunque allí sea más visible: también puede darse en espacios laborales.

Qué debe hacer la escuela cuando hay una denuncia

Según la psicóloga, existen protocolos para actuar ante la detección o denuncia de un caso. Las instituciones deben convocar a las personas involucradas, escucharlas sin juzgar y recibir formalmente la queja.

Pero el abordaje no puede quedarse en quienes ejercen o padecen la violencia. Es necesario trabajar con el resto de los estudiantes, con el cuerpo docente y con los equipos de orientación de cada establecimiento.

“Lo primero que la institución tiene que hacer es poder resguardar y proteger a la víctima”, remarcó Oliva. Después debe haber un seguimiento para comprobar que las conductas no se repitan.

La profesional también señaló que son pocos los colegios con gabinetes integrados por psicólogos; en su experiencia clínica con niños y adolescentes suele encontrarse con psicopedagogos y trabajadores sociales.

La familia: escuchar y no minimizar

Oliva sostuvo que la familia es el primer espacio de contención para quien sufre bullying. Por eso recomendó prestar atención cuando un hijo o una hija cuenta que está pasando por una situación de acoso.

“Poder escucharlo, creer en la palabra y poder llegarse a la escuela y preguntar, o por ahí informar, poner en conocimiento, es muy importante”, afirmó.

Advirtió que no hay que minimizar el sufrimiento con frases como “ya va a pasar”. En cambio, planteó acompañar al adolescente y trabajar junto con la institución educativa.

La terapia, explicó, puede ayudar a desarrollar herramientas para afrontar la situación, comprender cómo se vincula el chico con su grupo y evaluar qué está ocurriendo.

“No existen niños malos”: comprender sin justificar

Al referirse a quienes ejercen bullying, Oliva sostuvo que hay que analizar las experiencias y los entornos en los que construyen sus formas de relacionarse.

“Yo soy una convencida, y es lo que digo siempre, de que no existen niños malos, que han nacido malos”, expresó. Las conductas violentas pueden estar relacionadas con aprendizajes familiares, sociales o educativos, y también con la búsqueda de reconocimiento dentro de un grupo.

Sin embargo, aclaró que comprender no significa justificar: “No hay que justificar, pero sí hay que poder escuchar qué es lo que está pasando”.

También destacó que los silencios de los compañeros pueden alimentar la violencia. Por eso consideró fundamental trabajar con todo el curso para entender qué sostiene esas conductas y cómo interviene el grupo.

Redes sociales: más exposición y nuevas formas de violencia

Oliva advirtió que las redes amplían la audiencia y la exposición de los adolescentes, lo que puede intensificar las consecuencias del bullying.

Las plataformas digitales también ofrecen oportunidades para comunicarse y hacer amistades, pero alertó sobre la búsqueda permanente de aceptación y la posibilidad de expresar agresiones que quizás no se dirían cara a cara.

Frente a las reacciones de indignación que generan algunos casos, pidió evitar que el rechazo al bullying termine en nuevas expresiones de violencia.

“No tenemos que reproducir la misma violencia”, afirmó. Aclaró que esa postura no implica dejar de sancionar las agresiones, sino trabajar desde la prevención y transmitir un mensaje coherente.

Prevenir desde la familia, la escuela y la sociedad

Consultada sobre la preparación de los docentes, Oliva consideró que los casos recientes deben servir para revisar qué está fallando y fortalecer las herramientas de prevención.

Remarcó que la respuesta no puede recaer únicamente en la escuela o en las familias. También planteó la necesidad de que la sociedad y los medios aborden estos hechos sin convertirlos en un espectáculo.

El objetivo, concluyó, debe ser prevenir nuevas situaciones de violencia, establecer límites y revisar qué mensajes se transmiten frente a las agresiones.

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