La foto de un clásico del interior que esconde el origen de un árbitro de elite

Ariel Aravena, ex intendente de Andacollo, apareció en una foto de 2002 arbitrando un clásico en Lincoln junto a Schiavi. Pero lo que nadie sabía es que ese mismo hombre le cambió la vida a un pibe del pueblo...

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La foto de un clásico del interior que esconde el origen de un árbitro de elite
La foto de un clásico del interior que esconde el origen de un árbitro de elite

Una imagen capturada entre 2000 y 2002 en la cancha de Rivadavia de Lincoln, rescatada por el sitio de Facebook Lincoln de Antaño, destapó una historia que cruza el fútbol del interior bonaerense con el norte neuquino. En el círculo central, antes de un amistoso solidario entre Rivadavia y El Linqueño, posan cinco hombres. Lo que parece una postal típica del fútbol doméstico esconde varios relatos que se entrelazan.

En el centro, con silbato en mano, aparece Raúl Ariel Aravena, nacido en Andacollo, guía de montaña, casado y padre de Sofi y Agus. Por entonces estudiaba el Profesorado de Educación Física en Lincoln y arbitraba en la Liga Amateur de Deportes, después de haber dirigido en la Liga Departamental Minas. Lo flanquean sus asistentes de esa jornada: Raúl Silva y P. Ochoa, dos referís históricos de la liga linqueña.

Schiavi y Antonelli, los protagonistas del clásico

A la izquierda de Aravena, con la camiseta a rayas rojas y blancas de Rivadavia y el brazalete de capitán, está Rolando "El Flaco" Schiavi. Para ese 2002, el defensor ya era jugador de Boca Juniors: había llegado al club en julio de 2001 desde Argentinos Juniors, a pedido de Carlos Bianchi para reemplazar a Jorge Bermúdez, y debutó el 19 de agosto de ese año ante Chacarita. Su primera etapa en el Xeneize se extendió hasta 2005 y luego volvió entre 2011 y 2012.

Pero el vínculo de Schiavi con Lincoln es de raíz. Es oriundo de esa ciudad e hizo sus formativas en el Club Rivadavia, fundado el 22 de marzo de 1915. Pasó dos años en Newell's Old Boys bajo la coordinación de Jorge Griffa, quedó libre en 1993, firmó su primer contrato profesional en Argentino de Rosario y, en 2014, volvió para retirarse oficialmente en Rivadavia, dirigido por su hermano Fabio.

Del otro lado, con camiseta celeste, está Maximiliano "Maxi" Antonelli, histórico delantero y luego DT de El Linqueño, el club fundado el 6 de junio de 1915. Ídolo del León, jugó como centrodelantero en 2004, 2005, 2006-2007 y 2016, recordado por su eficacia goleadora y su sentido de pertenencia. Ese día, el clásico enfrentaba a sus dos casas.

El gesto que cambió el destino de Darío Herrera

La foto dispara otra historia, la más significativa para Andacollo. En esos mismos años, Darío Herrera terminaba la secundaria en esa localidad neuquina. Sus padres vivían -y viven- justo enfrente de la casa de la madre de Ariel Aravena.

Lo contó el propio Aravena en testimonio directo a LM Neuquén: "Vine de vacaciones a Andacollo y se cruzó la mamá de Darío. Tita me preguntó si me lo podía llevar a Lincoln a estudiar. Quería estudiar Educación Física. Le dije que sí, se fue a vivir conmigo".

Tita es Esther Ovalle, madre de Darío, conocida así en el pueblo. Por su pedido, el joven que quería jugar de defensor central se instaló en Lincoln y se anotó en el Club Juventud Unida. Aravena le hizo el contacto con el técnico, pero pronto le propuso algo más: "Le pregunté si no quería dirigir las inferiores cuando yo salía a dirigir Primera, así se ganaba unos pesitos. A la familia le costaba, familia trabajadora de Andacollo".

Ahí empezó todo. Aravena viajaba lunes y miércoles de Lincoln a la calle Viamonte, en Capital Federal, para hacer el Curso Nacional de Árbitros en la AFA. La comisión de la Liga Amateur de Lincoln lo ayudaba con pasajes y cuota y, como contrapartida, él dictaba un curso de iniciación al arbitraje. En ese curso tuvo dos alumnos: Darío Herrera y Leticia Olivera, hoy su esposa.

"Yo soy el padrino del hijo más grande de Darío. Tiene dos, un varón y una nena", contó Aravena. La amistad quedó sellada.

Después, por cuestiones de la vida, Aravena dejó Lincoln en cuarto año. Lo habían propuesto como director de Deportes en la gestión del entonces intendente Víctor Sandoval en Andacollo y estuvo cuatro años en ese cargo. Darío se quedó en Lincoln, hizo el Curso Nacional y emprendió una carrera meteórica: Torneo Argentino A, Nacional B y rápidamente Primera División, hasta convertirse en árbitro internacional de AFA.

De Lincoln a la intendencia

Ese regreso marcó otro camino para Aravena. Tras ser director de Deportes, fue concejal y luego intendente de Andacollo en dos períodos consecutivos por el Movimiento Popular Neuquino (MPN): 2011-2015 y 2015-2019.

La foto que Aravena compartió en sus redes, rescatada de Lincoln de Antaño, une todos esos hilos: un ex intendente de Andacollo arbitrando en Buenos Aires, un ídolo de Boca formado en Rivadavia, un goleador del León, dos jueces de línea de la liga y, en el fuera de cuadro, un adolescente de Andacollo al que un gesto de vecino le abrió la puerta a una carrera que hoy lo lleva a dirigir en el plano nacional e internacional. Una historia de pueblo que, desde el norte neuquino, marcó un precedente en el arbitraje argentino.

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