La Fiscalía reconstruyó cada paso de los tres acusados: el jurado definirá qué pasó en el kilómetro 34

Tres acusados, dos cuerpos en el pastizal y una causa que ya tiene fecha de juicio por jurados. Lo que la Fiscalía dice haber probado sobre la noche del crimen cambia todo lo que se creía saber.

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La Fiscalía reconstruyó cada paso de los tres acusados: el jurado definirá qué pasó en el kilómetro 34
La Fiscalía reconstruyó cada paso de los tres acusados: el jurado definirá qué pasó en el kilómetro 34

Los cuerpos de Wilson Abdón Zutara y Ariel Fernando Ledesma Salinas quedaron entre los pastizales, a metros de la ruta nacional 34, cerca del acceso a Colonia Santa Rosa. Fue la tarde del 10 de mayo de 2024. Los dos eran ciudadanos bolivianos y presentaban varios impactos de bala; Zutara, además, tenía las manos atadas con precintos.

Más de dos años después, la causa se encamina a un juicio por jurados. La Fiscalía acusa a Roberto Enrique Larrán, Elvio Augusto Díaz y Carlos Fernando Rodríguez de haber actuado en conjunto para matar a ambos hombres. Antes del debate deben cerrarse las audiencias preliminares, donde se resolverá, entre otras cosas, qué pruebas llegarán al jurado.

La investigación está a cargo de los fiscales María Soledad Filtrín Cuezzo, Pablo Cabot y Daniel Espilocín, de la Unidad Fiscal de Litigio Estratégico contra el Crimen Organizado del Norte. El expediente reconstruye los movimientos de los imputados en las horas previas y posteriores al crimen, y explica por qué los pesquisas siguieron una pista ligada al narcotráfico.

El viaje, los hoteles y los tres vehículos

Según la Fiscalía, la secuencia arranca en Orán el 9 de mayo. Díaz y Rodríguez llegaron desde Tucumán en un Toyota Corolla negro y se alojaron en un hotel céntrico. Las víctimas habían entrado desde Bolivia por la zona de Aguas Blancas y se movían en un Alfa Romeo blanco. Larrán, en tanto, circulaba en una camioneta Toyota SW4 gris.

Para ubicarlos se cruzaron declaraciones de empleados del hotel con grabaciones de cámaras públicas y privadas. Los registros muestran contactos entre Díaz y Larrán durante la tarde y la madrugada, y permiten seguir la salida de los rodados desde Orán hacia el sur.

La acusación sostiene que Díaz subió al auto de Zutara y Ledesma Salinas y viajó con ellos, que Larrán salió en la camioneta y que Rodríguez lo hizo en el Corolla. Esa secuencia se leería como parte de un acuerdo previo en el que cada uno cumplía un rol.

La madrugada en la rotonda

Una cámara próxima a la rotonda de Colonia Santa Rosa captó movimientos de la camioneta de Larrán antes de que llegara el Alfa Romeo. De acuerdo con la investigación fiscal, la SW4 se detuvo en una banquina con las luces apagadas. Cerca de las 3.11, el auto blanco pasó por la rotonda, se detuvo unos instantes y siguió viaje. Después se registraron nuevos movimientos de la camioneta y el paso del Corolla.

A esa reconstrucción se suman los registros de antenas telefónicas. La Fiscalía afirma que las líneas usadas por las víctimas, por Díaz y por Larrán tuvieron actividad en la zona y en horarios compatibles con el recorrido filmado. En el caso de Rodríguez, el foco está en las imágenes del vehículo en el que viajaba: los datos de telefonía ubican aparatos en áreas de cobertura, aunque por sí solos no muestran qué ocurrió entre las personas al costado de la ruta.

Dos hombres que cazaban en las inmediaciones declararon que, durante la madrugada, vieron luces de vehículos cerca de la ruta y escucharon una serie de detonaciones. No dijeron haber visto a los autores de los disparos. Horas más tarde volvieron por curiosidad al sector y encontraron dos cuerpos entre los pastizales. Su aviso activó la intervención policial.

Qué deberá resolver el jurado

El expediente ofrece una secuencia detallada de viajes, reuniones y vehículos, pero el punto decisivo sigue siendo lo que pasó en los minutos del ataque: quién redujo a Zutara y Ledesma Salinas, quién disparó y qué hizo cada acusado. Los cazadores oyeron las detonaciones, aunque no presenciaron el crimen. Las cámaras y los registros telefónicos reconstruyen movimientos; la Fiscalía los une con la evidencia de la escena y con lo que vino después.

Las autopsias atribuyen las muertes a heridas de arma de fuego. Ledesma Salinas recibió cuatro disparos y Zutara, seis. En el lugar se levantaron vainas servidas y aparecieron los precintos que sujetaban las manos de una de las víctimas. Los investigadores también observaron marcas en la vegetación compatibles con el arrastre de los cuerpos desde la ruta hacia el pastizal.

Para la Fiscalía, los dos hombres fueron sorprendidos y reducidos en una acción coordinada. Por eso imputó a Larrán, Díaz y Rodríguez como coautores de homicidio calificado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas, agravado por el uso de arma de fuego.

Tras el ataque, el Alfa Romeo de las víctimas apareció abandonado en Libertador General San Martín, Jujuy. Adentro había documentación vinculada con Ledesma Salinas y un comprobante del hotel donde se habían alojado Díaz y Rodríguez. Un testigo declaró que dos personas dejaron el auto y subieron a las apuradas a otro vehículo que las esperaba. La Fiscalía sumó ese episodio a su reconstrucción de la fuga.

"Cubiertas", "panes" y la pista narco

Desde los primeros días, los investigadores siguieron una hipótesis vinculada al narcotráfico. La Fiscalía incorporó conversaciones entre Díaz y una mujer que declaró que, cuando hablaban de "cubiertas" y "panes", se referían a estupefacientes. A esos diálogos sumó actuaciones de una investigación preliminar de la Procunar por presunto transporte de estupefacientes, en la que había sido intervenida una línea usada por Larrán.

En un intercambio del 2 de mayo, la mujer le preguntó a Díaz cuántas "cubiertas" había reunido Zutara. Díaz respondió: "21". Ese mismo día, según los mensajes citados por la Fiscalía, él le reclamó que le había mandado gente para que le "robe" y lo "apriete". La mujer también declaró que el 9 de mayo Díaz le dijo que estaba en Tucumán y le ocultó que se encontraba con Zutara.

Para los fiscales, esos intercambios muestran que Díaz conocía la actividad vinculada con estupefacientes y sabía que las víctimas tenían droga o dinero de esa actividad cuando se reunió con ellas. Por eso descartan su explicación de que el encuentro era un asesoramiento jurídico.

Días después del crimen, los investigadores detuvieron a Díaz, Larrán y Rodríguez en una serie de allanamientos donde secuestraron sus teléfonos. En procedimientos vinculados con Larrán también hallaron un arma de fuego y municiones. En un lavadero al que, según la Fiscalía, llevó su camioneta antes y después del hecho, encontraron precintos como los usados para inmovilizar las manos de Zutara.

El requerimiento analiza además una conversación telefónica del 4 de abril de 2024, obtenida en la investigación preliminar sobre Larrán. En ella, el acusado habló de una pistola de nueve milímetros y de varias cajas de balas de ese calibre. Los fiscales cruzan ese diálogo con las pericias balísticas y sostienen que Larrán disponía de un arma nueve milímetros que habría descartado después del doble homicidio.

Los tres imputados declararon durante la investigación. Según la Fiscalía, reconocieron parcialmente algunos de los recorridos captados por las cámaras, aunque dieron otras explicaciones sobre sus movimientos. Díaz admitió que estuvo con las víctimas cerca del lugar donde aparecieron los cuerpos y afirmó que se retiró antes de que llegara la camioneta de Larrán.

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