La Fiesta del Poncho: ¿por qué los turistas ven algo que los catamarqueños ya no notan?

¿Sabías que los catamarqueños ya no se asombran con su propia fiesta? Te contamos lo que los turistas ven y ellos ya no notan.

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La Fiesta del Poncho: ¿por qué los turistas ven algo que los catamarqueños ya no notan?
La Fiesta del Poncho: ¿por qué los turistas ven algo que los catamarqueños ya no notan?

La Fiesta del Poncho es un fenómeno cultural único en Argentina, pero los propios catamarqueños han dejado de asombrarse. Lo que para un visitante es extraordinario, para el local es rutina. Sin embargo, al acompañar a un turista, se descubre la magnitud real de este encuentro que cumple 55 ediciones.

Desde 1967, el Poncho se convirtió en la construcción colectiva más importante de Catamarca. Como diría Atahualpa Yupanqui, “No es de naides y es de todos”. Casi 60 años de crecimiento sostenido lo transformaron en generador de trabajo, prestigio y orgullo.

¿Qué ve el turista que el local ignora?

El catamarqueño recorre el Parque Lineal de la Costanera Sur o la plazoleta Luis Varela Lezana como si fueran paisajes comunes. El forastero, en cambio, se sorprende de cómo la gente se apropia de esos espacios. En el Predio Ferial, la sensación estalla: marejadas de gente llegan sin pausa, en un ambiente de armonía inusual para tanta multitud.

“Todos los años es así, todos los días”, explica el anfitrión, aunque empieza a sospechar que el turista nota algo que a él se le escapa por la costumbre.

Una oferta que no para de crecer

Desde la gestión de Daiana Roldán al frente del Ministerio de Cultura, Turismo y Deportes, las propuestas se multiplicaron. Artesanías, gastronomía regional, música folklórica y mucho más conviven en una heterogeneidad infinita. Todos los departamentos de la provincia están presentes, y grandes empresas comparten espacio con emprendedores y vendedores ambulantes.

Hay ofertas para todos los bolsillos: desde finísimos tejidos de vicuña hasta humildes sortijas. Lo típico y lo novedoso se dan la mano.

Escenarios que desbordan

La cartelera de espectáculos es tan ecléctica como la feria. Artistas nacionales célebres comparten jornada con los provinciales. El Patio del Poncho, el Mercado Cultural, las carpas Achalay y de Turismo, y hasta el Estadio Bicentenario —que debutó el año pasado y repitió una noche multitudinaria el Día del Amigo— ofrecen shows de primer nivel.

La organización logró conjugar este caleidoscopio sin perder identidad. Para los nostálgicos, no faltan las peñas donde la guitarra circula entre las mesas.

Un capital que debe cuidarse

El Poncho no solo genera movimiento económico: los artesanos agotan sus stocks, los comerciantes venden como en ninguna otra época y el turismo trabaja a pleno. Además, la fiesta no arroja pérdidas. Cumple con el objetivo fundacional de posicionar las artesanías catamarqueñas en el país y el mundo, con viajes de artesanos al exterior incluidos.

Expositores de otras provincias y países llegan cada vez más, atraídos por la garantía de público y calidad. Como “Marca Catamarca”, la Fiesta es insuperable, un modelo de sinergia público-privada.

Hoy concluye la 55ª edición, rumbo a los 60 años. ¡Salud, Poncho nuestro!

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