La fiebre, la señal que separa la alergia del resfrío: por qué no hay que automedicarse

El 90% de las infecciones respiratorias de septiembre no necesita antibióticos, según un alergista. Lo que muchos toman para descongestionarse puede empeorar el cuadro.

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La fiebre, la señal que separa la alergia del resfrío: por qué no hay que automedicarse
La fiebre, la señal que separa la alergia del resfrío: por qué no hay que automedicarse

Con la llegada de septiembre, los estornudos y la congestión se vuelven protagonistas para muchos salteños. Polvo en suspensión, polen y cambios de temperatura se combinan para disparar las típicas crisis de esta época, y vuelve a aparecer la duda de siempre: ¿es alergia o un resfrío?

El Dr. Tomás Smith, alergista e investigador, dialogó con InformateSalta y advirtió sobre el error más común: asumir que cualquier cuadro respiratorio es alérgico. Tos, mocos y congestión pueden aparecer tanto en una alergia como en una infección, pero hay una señal simple que ayuda a diferenciarlos: la fiebre no forma parte de un cuadro alérgico.

La temperatura, la clave para distinguir

El especialista recomendó tomarse la temperatura ante los primeros síntomas. Si hay fiebre, acompañada de decaimiento o malestar general, lo más probable es que se trate de un proceso infeccioso y no de una crisis alérgica. En cambio, ciertos detalles como tener obstruida una sola fosa nasal son indicios típicos de alergia.

Los síntomas alérgicos además suelen variar durante el día: muchas personas los sienten con más fuerza a la mañana, mejoran unas horas y empeoran de nuevo al atardecer o por la noche.

El riesgo de los antibióticos

Ante mocos, tos, dolor de cabeza y decaimiento, muchos optan por ir directo a la farmacia a comprar un antibiótico. Para Smith, esa es una de las decisiones más equivocadas. “En el 90% de los casos no tengo que usar antibióticos”, sostuvo, al explicar que la mayoría de las infecciones respiratorias de esta época son virales: gripe, COVID-19 y rinovirus, entre otras. Frente a esos cuadros, los antibióticos no tienen efecto y solo suman riesgos.

“Lo único que provoca es tomar un químico que me puede traer efectos adversos y, sobre todo, generar resistencia bacteriana, pero no me va a mejorar nada el cuadro clínico”, advirtió. Los cuadros virales, recordó, “van a resolver solos con los días. Tome lo que tome”.

El efecto rebote de los descongestivos

Otro recurso frecuente son las gotas o sprays descongestivos, que prometen un alivio rápido para la nariz tapada. Pero ese alivio puede ser engañoso. Smith explicó que algunos de estos productos generan un “efecto rebote”: se respira bien por unas horas y, cuando pasa el efecto, la congestión vuelve con más fuerza. Por eso recomendó no abusar de ellos y consultar con un profesional para definir el tratamiento adecuado.

Si los síntomas responden a una alergia y no hay fiebre, existen antihistamínicos como la loratadina que ayudan a controlar la reacción del organismo frente a polen, polvo o ácaros. Pero para Smith hay una condición indispensable: “Es clave que un alérgico sepa que es alérgico”. Muchas personas pasan años convencidas de que tienen gripes o bronquitis repetidas, cuando en realidad atraviesan cuadros alérgicos recurrentes.

Alergia que aparece en cualquier momento

No hace falta haber tenido síntomas desde la infancia para volverse alérgico. “Uno nace genéticamente con la predisposición para ser alérgico. Ahora, uno se va a hacer alérgico en cualquier momento de la vida”, explicó Smith. En Salta, el polvo en suspensión, el polen, los ácaros y los cambios bruscos de temperatura actúan como disparadores. Incluso hay casos de personas que sufren síntomas intensos en la provincia y, durante un viaje en la misma época, no estornudan casi nada.

Qué hacer con los chicos

En los niños, la recomendación es observar el estado general. Un chico con alergia puede estar lleno de mocos, estornudar y toser, pero continuar jugando, comiendo y riéndose como siempre. Cuando se trata de una infección, en cambio, aparece un cambio más notorio en el comportamiento: fiebre, decaimiento, falta de apetito y pocas ganas de jugar. De todos modos, Smith remarcó que en los más chicos es fundamental una consulta médica para confirmar el diagnóstico y el tratamiento.

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