La familia que dejó de hacer vino en los '70 y volvió a la chacra para recuperar su historia
Carlos Mabellini creció viendo a su tío hacer vino en una chacra del Alto Valle. Esa tradición se cortó en los '70 y parecía perdida para siempre. Pero cuando decidió recuperarla junto a su mujer, encontró algo que no esperaba: unas viñas de más de 80 años que guardaban un secreto de la vitivinicultura regional.
En una chacra del Alto Valle, la imagen de una jarra de vino circulando alrededor de la mesa familiar quedó grabada en la memoria de Carlos Mabellini. Esa escena, que combinaba el trabajo de la tierra con el encuentro de los afectos, marcó el inicio de una historia que parecía haber quedado en el pasado, pero que décadas después renació con fuerza.
La tradición vitivinícola de los Mabellini comenzó a fines de los años '20, cuando Pedro Mabellini llegó desde Brescia, Italia, buscando un futuro en la Patagonia. Como tantos inmigrantes, encontró en el Alto Valle un lugar para producir y construir comunidad. Con el tiempo, su tío Giovanni continuó ese legado en "Puente La S", donde entre frutales y una pequeña viña elaboraba vino de forma artesanal, sin pretensiones comerciales, pero con un valor que trascendía lo material.
En un pequeño galpón, Giovanni llegó a producir unos 5.000 litros por temporada, con una pileta de fermentación de mampostería, una moledora y un mostímetro. Sin embargo, lo que más recuerda Carlos no es el sabor del vino, sino lo que generaba alrededor de la mesa: "el encuentro, la familia, los amigos".
El silencio de los años '70
Entre los años '70 y '80, esa elaboración se detuvo. Las vides fueron reemplazadas por manzanas y peras, y durante décadas los Mabellini dejaron de hacer vino, aunque nunca abandonaron la chacra. El vino tampoco desapareció del todo: quedó guardado en la memoria y en el deseo de volver a producirlo.
Carlos siguió su propio camino: estudió, viajó y se convirtió en un coleccionista apasionado. Junto a su mujer, Lorena Nicolás Creide, recorrió viñedos de Borgoña, Burdeos, Toscana, Piemonte, Napa Valley y varias regiones argentinas. Pero esa búsqueda, paradójicamente, lo llevó de regreso al punto de partida.
"Llegó un momento en que dejó de alcanzarme con disfrutar el vino solamente como consumidor. Apareció el deseo de producirlo, de entenderlo desde adentro y de hacer algo propio en la Patagonia", cuenta Carlos. En 2017, junto a Lorena, decidieron que la familia volvería a hacer vino. Y también recuperaría su apellido como marca: Mabellini Wines.
Encontrar el futuro en viñas viejas
Hoy, Mabellini Wines trabaja unas 25 hectáreas propias: 20 en Mainqué, Río Negro, y cinco en Neuquén. Produce unos 70.000 litros anuales y ya dio sus primeros pasos en el mercado internacional, con presencia en Francia y avances en Italia y Brasil.
Pero fue en Mainqué donde el proyecto tomó un giro inesperado. En uno de sus viñedos sobrevivían plantas de más de 80 años. Al estudiarlas, descubrieron que esas hileras escondían una diversidad mucho mayor de la que imaginaban: variedades mezcladas y algunas casi desaparecidas de la viticultura actual. Así nació "112 filas", un proyecto para identificar, estudiar y preservar ese patrimonio. Entre esas plantas apareció también la Balsamina Patagónica, una variedad antigua ligada a la historia regional.
Para Carlos, esas viñas viejas son más que un tesoro: pueden ser la clave del futuro. "No se trata de intentar parecernos a otras regiones vitivinícolas, sino de mirar hacia adentro, recuperar lo que tenemos y diferenciarnos a partir de aquello que forma parte de nuestra propia historia y de nuestro territorio", reflexiona.
Cuando piensa en el futuro, Carlos no menciona primero cantidad de botellas ni hectáreas. "Me gustaría que la próxima generación reciba algo más que una bodega. Que reciba viñedos preservados, una tierra cuidada y una manera de entender la producción profundamente vinculada con la naturaleza", dice.
Casi cien años después de la llegada del primer Mabellini a la Patagonia, la historia volvió al mismo lugar: la tierra. Y desde allí, otra vez, se hace vino.