La escena que más preocupa a los padres de chicos deportistas en Jujuy
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La escena que más preocupa a los padres de chicos deportistas en Jujuy

Muchos padres llegan a la consulta porque sus hijos lloran después de competir o les temen a los torneos para los que se prepararon durante meses. Lo que propone una especialista jujeña cambia el orden de prioridades dentro de la cancha.

Llanto después de competir, miedo a participar de torneos para los que se prepararon durante meses y una presión que no siempre viene del resultado. En Jujuy, cada vez más familias consultan a especialistas en psicología del deporte para acompañar a sus hijos.

La licenciada en Psicología Leila Bouhid (MP 335), especialista en psicología aplicada al deporte, viene trabajando esa realidad y sostiene que las herramientas mentales no son patrimonio exclusivo de los atletas profesionales: pueden empezar a incorporarse desde las primeras etapas de formación.

El chico primero, el deporte después

El punto de partida de su enfoque es una idea simple pero que no siempre se respeta en la cancha ni en la tribuna.

"Yo siempre hablo de que el sujeto viene por delante del deporte o del deportista en sí mismo", plantea Bouhid, para quien el bienestar de la persona debe estar en el centro, más allá del rendimiento.

Ese acompañamiento puede arrancar a edades tempranas, en clubes o en consultorio. La meta es que los chicos construyan recursos para afrontar las competencias, ganen confianza y aprendan a manejar lo que sienten.

En la práctica, las consultas llegan de padres que notan reacciones que los desbordan: hijos que terminan en llanto después de una actividad o que sienten temor de competir en torneos para los que se entrenaron durante meses.

Frente a esos casos, el trabajo apunta a que cada deportista pueda fijarse sus propios objetivos, confiar en lo que entrenó y entender que equivocarse es parte del aprendizaje.

Cómo se aborda el miedo a perder

El proceso arranca con una entrevista para reconstruir la historia deportiva de cada chico. Según la edad, los padres también forman parte y aportan datos sobre las experiencias y las dificultades que atraviesa su hijo.

Con esa evaluación se empieza a trabajar sobre habilidades mentales concretas: concentración, motivación, confianza, manejo de la presión y gestión de los errores.

Las herramientas se adaptan a cada deportista y pueden aplicarse tanto en el consultorio como durante los entrenamientos. Bouhid aclara además que las necesidades emocionales cambian según el momento de preparación y el tipo de competencia.

"No es decir no sientas presión, no sientas nervios, no sientas ansiedad", explica. La idea es que, cuando esas emociones aparecen, los chicos tengan recursos para afrontarlas, rendir mejor y seguir disfrutando del deporte.

El triángulo deportivo: quién hace qué

Uno de los ejes centrales del trabajo es el vínculo entre los chicos, sus familias y los entrenadores. Bouhid lo describe como un "triángulo deportivo" en el que cada parte cumple un rol distinto.

"El deportista es el protagonista, no son los papás, no es el entrenador, no es la psicóloga", sostiene.

En ese esquema, los padres aportan contención, acompañamiento y apoyo emocional; los entrenadores se ocupan de transmitir las indicaciones técnicas y deportivas.

La especialista remarca la necesidad de trabajar también con los entrenadores en temas de comunicación y liderazgo: la forma en que se transmite una corrección o se aborda un error puede incidir en la confianza y la motivación del deportista.

Por eso el acompañamiento psicológico no se limita a los chicos: también puede involucrar a las familias y a quienes están a cargo de su formación.

Gimnasia, judo y deportes de equipo: desafíos distintos

No todos los deportes exigen lo mismo desde lo mental, y las herramientas se ajustan a cada disciplina.

En la gimnasia artística, por ejemplo, se ejecutan movimientos de gran precisión y en algunas competencias hay pocas oportunidades para mostrar lo aprendido. El trabajo se concentra en recuperarse rápido de un error y sostener la concentración para la siguiente presentación.

En el judo, una competencia puede resolverse en pocos segundos después de meses de preparación, una situación que puede generar una frustración importante y que también requiere abordaje.

Los deportes colectivos, en cambio, plantean otros desafíos: la comunicación, la atención a varios estímulos y la relación con los compañeros.

Bouhid subraya que la presión puede aparecer en cualquier disciplina, ya sea por las expectativas del entorno o por la autoexigencia del propio deportista.

Su conclusión es que incorporar herramientas psicológicas desde la infancia permite que los chicos desarrollen recursos para enfrentar los desafíos deportivos, aprender de los errores y sostener una relación sana con la actividad física. No se trata de eliminar las emociones de la competencia, sino de aprender a gestionarlas sin perder de vista el bienestar personal.

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