La escalofriante verdad detrás de la muerte del odontólogo jujeño en Bolivia: videos destruyeron la coartada del acusado
¿Qué pasó realmente la noche del crimen en Tarija? Los videos que desmienten al acusado y los detalles que la familia nunca quiso escuchar.
El abogado de la familia de Miguel Coria reveló detalles que estremecen a Jujuy: las cámaras de seguridad mostraron cómo el único detenido lo persiguió, lo arrinconó y lo golpeó hasta desfigurarle el rostro, mientras la víctima solo atinaba a suplicar.
A casi dos meses del brutal asesinato de Miguel Coria, el querido odontólogo jujeño de 37 años asesinado a golpes en Tarija, Bolivia, la investigación dio un vuelco. El abogado de la familia, Ruddy Casas, expuso los hallazgos que echan por tierra la versión del imputado Moisés Márquez Calani, de 42 años, quien intentó justificar su violencia con una supuesta provocación.
Según el letrado, el acusado alegó que Coria intentó besarlo. Sin embargo, las imágenes de las cámaras de seguridad contradicen esa coartada de manera contundente. “El agresor dice: ‘Me intenta besar Miguel’ y a partir de ahí lo intenta agarrar a puñetazos“, relató Casas, contrastando esa versión con la crudeza de los videos.
¿Qué muestran las cámaras de seguridad?
Los registros fílmicos, obtenidos en la avenida Domingo Paz, revelan que Coria corrió hacia la vereda de enfrente intentando escapar desesperadamente. Márquez Calani lo persiguió con una saña inexplicable. Al alcanzarlo, la víctima cayó al suelo arrinconada contra una pared de piedra. Lejos de poder defenderse, Miguel solo levantó las manos en un claro gesto de súplica para que frenara los golpes.
Con una frialdad macabra y un conocimiento específico de anatomía para infligir el máximo daño, el asesino comenzó a masacrarlo a puñetazos en la cabeza, fracturándole por completo el cráneo y desfigurándole el rostro. La saña no se detuvo ahí: el informe forense confirmó que, para prolongar el sufrimiento, el atacante le bajó los pantalones, continuó golpeándolo y finalmente lo remató a patadas en el piso.
La huida y la detención
Tras el crimen, ocurrido la madrugada del 25 de abril, el imputado se alejó caminando con total normalidad, tomó un taxi y huyó hacia el distante barrio de San Bernardo. Gracias al rápido aviso de dos testigos que presenciaron la fuga, la Policía Boliviana logró detenerlo a pocas cuadras.
Actualmente, Márquez Calani cumple prisión preventiva en la cárcel de Morros Blancos bajo el cargo de “asesinato agravado por motivos fútiles y bajos y por alevosía y ensañamiento”, delito que prevé la pena máxima en el Código Penal boliviano.
Mientras tanto, en la localidad jujeña de Reyes y en Tucumán, sus hermanos Gabriela y Eduardo sostienen como pueden a una madre completamente rota por el dolor. Recuerdan a Miguel no solo como un pilar familiar, sino como ese odontólogo e instructor de zumba lleno de luz y energía que hacía casi diez años había ido al vecino país a cumplir sus sueños.