La economía argentina se derrumbó en julio: el dato que enciende todas las alarmas

¿Qué pasó en julio para que la economía argentina quedara al borde de una recesión técnica? El dato que encendió todas las alarmas y que el Gobierno mira con atención.

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La economía argentina se derrumbó en julio: el dato que enciende todas las alarmas
La economía argentina se derrumbó en julio: el dato que enciende todas las alarmas

La economía argentina arrancó el tercer trimestre con un golpe que no se veía desde los peores días de la pandemia. En julio, la actividad se contrajo un 2,9% respecto de junio en la medición desestacionalizada, la caída mensual más profunda desde abril de 2020, cuando el inicio de la cuarentena había provocado un desplome del 15,7% en un solo mes.

El dato interanual tampoco trae buenas noticias: la variación volvió a terreno negativo por primera vez desde febrero, con un retroceso del 1,4%.

El derrumbe borró de un plumazo casi todo el avance acumulado durante los últimos 16 meses y devolvió al indicador al nivel que tenía en marzo de 2025. La segunda mitad del año, así, arranca desde un piso bastante más bajo que el que se esperaba.

Un trimestre que preocupa

El crecimiento acumulado entre enero y julio se redujo al 1,7% interanual, cuando hasta junio se ubicaba en el 2,2%. Hubo factores puntuales que agravaron la caída, como las lluvias intensas y el impacto del mundial de fútbol sobre ciertos consumos y actividades. Pero incluso si el retroceso fuera transitorio, el arranque del trimestre deja a la economía al borde de una recesión técnica, que se configura cuando se encadenan dos trimestres consecutivos de contracción.

El producto ya se había contraído un 0,6% en el segundo trimestre en la medición desestacionalizada. Un nuevo retroceso en el tercero completaría el cuadro recesivo. Y el punto de partida es exigente: para que el promedio de la actividad del tercer trimestre iguale al del segundo haría falta crecer cerca de un 3% mensual tanto en agosto como en septiembre.

Un rebote en agosto es plausible después de una caída de semejante magnitud y con la reversión de los factores transitorios, pero sostener dos meses seguidos de aumentos del 3% luce muy difícil, sobre todo frente a una actividad que entre enero y julio cayó, en promedio, alrededor de un 0,6% mensual.

Los sectores que venían sosteniendo el crecimiento perdieron fuerza

El análisis sectorial muestra que en julio varios de los motores que venían empujando el crecimiento agregado se debilitaron. La intermediación financiera dio un giro brusco: pasó de crecer un 6,1% interanual en junio a caer un 3% en julio. El agro desaceleró de manera marcada, del 5,3% al 0,7%, aunque todavía acumula una expansión del 9,8% en el año. Y la explotación de minas y canteras moderó su avance, del 15,8% al 8,4%, si bien conserva un alza acumulada del 13,5%.

El impulso de estos dos últimos sectores no alcanzó para compensar la debilidad del resto, y el retroceso de la actividad financiera privó a la economía de uno de los pilares que la habían venido empujando.

El impacto en las proyecciones del año

El tropiezo también estrechó el margen para el resultado del año completo. Las proyecciones de crecimiento para 2026, que se ubicaban en torno al 2,2%, ya se habían vuelto exigentes tras el freno del segundo trimestre. Con la caída de julio, la estimación se recortó al 1,8%, y con posibilidades de una nueva revisión a la baja.

Alcanzar siquiera ese número más modesto requeriría recuperar en agosto la caída de julio y luego sostener avances cercanos al 1% mensual entre septiembre y diciembre, un ritmo elevado y persistente que por ahora los indicadores disponibles no anticipan.

¿Puede la demanda interna revertir la tendencia?

La pregunta que se abre hacia adelante es si una mejora del crédito y de los ingresos reales logrará recomponer la demanda interna, que es la clave para revertir la tendencia. En ese plano aparecen algunas señales incipientes de recuperación.

En junio y julio, el salario real del sector privado frenó su caída y mostró leves avances del 0,1% en ambos meses, mientras que en el sector público la mejora fue más nítida, con subas del 1,5% y del 0,8% respectivamente. Aunque los ingresos reales todavía se mantienen por debajo de los niveles de un año atrás, esa dinámica reciente, de sostenerse, podría contribuir a apuntalar el consumo y a moderar la caída de la actividad.

El frente financiero, la otra cara de la moneda

En contraste con el cuadro de la economía real, el frente financiero ofreció una novedad auspiciosa. En septiembre, y pese a que el riesgo país continuó en ascenso, las emisiones internacionales de deuda acumularon U$3174 millones, un monto que superó el promedio de los meses previos y que se ubicó como el segundo mayor registro de la actual gestión.

El dato es especialmente relevante porque constituye un flujo adicional de divisas en un momento en que el Banco Central redujo con fuerza su ritmo de compras en el mercado cambiario, en línea con la estacionalidad del trimestre: pasó de un promedio diario de 103 millones en julio a 39 millones en agosto y apenas 13 millones en septiembre.

Ese repunte de las colocaciones se explicó, en gran medida, por dos operaciones de peso. La principal correspondió a la mayor petrolera del país, que colocó US$1200 millones con vencimiento en 2035, un cupón del 7,55% y un rendimiento del 7,85%, en su mayor emisión desde 2015. La segunda fue protagonizada por la provincia de San Juan, que regresó al mercado internacional tras 27 años de ausencia y colocó 600 millones a un rendimiento del 9,875%.

La diferencia de unos 200 puntos básicos entre ambas tasas refleja tanto el deterioro del contexto entre una y otra emisión como la distinta prima de riesgo de cada emisor, ya que la petrolera cuenta con un historial reciente de acceso al crédito y con ingresos en dólares, mientras que la provincia carecía de antecedentes de colocaciones recientes. Aun así, ambas operaciones se concretaron por debajo del costo de financiamiento que enfrentaría hoy el soberano, que rondaba el 10,8%.

Riesgo país: una sensibilidad que llama la atención

El comportamiento del riesgo país durante la semana dejó una enseñanza que conviene subrayar. El indicador argentino mostró una sensibilidad mucho mayor que el del resto de la región frente a la suba de las tasas globales, con un deterioro que respondió también a factores propios, entre ellos la debilidad de la actividad y una mayor incertidumbre política de cara a 2027.

Mientras el riesgo argentino trepó 105 puntos básicos en lo que va del mes, el promedio latinoamericano apenas se movió tres puntos. A ese cuadro se suma un contexto internacional exigente, con la tasa del bono del Tesoro estadounidense a diez años en el 5,16%, su mayor nivel desde 2007, y la posibilidad de una nueva suba por parte de la Reserva Federal antes de fin de año.

El balance general deja una economía tensionada entre dos dinámicas opuestas. Por un lado, una actividad que sufrió un fuerte revés y que coquetea con la recesión técnica, con la demanda interna como principal incógnita. Por el otro, un sector privado que demuestra que las puertas del financiamiento internacional siguen abiertas para determinados emisores dispuestos a convalidar las tasas vigentes.

La continuidad de esos flujos de divisas será determinante para fortalecer las reservas de cara al año electoral, pero la asignatura central sigue siendo lograr que la economía real recupere el pulso antes de que el tropiezo de julio se transforme en una tendencia.

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